El contexto histórico de la violencia contra la mujer y el papel de la psicóloga

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CONTEÚDO

ARTÍCULO DE REVISIÓN

COSTA, Alex Junio Duarte [1]

COSTA, Alex Junio Duarte. El contexto histórico de la violencia contra la mujer y el papel de la psicóloga. Revista Científica Multidisciplinar Núcleo do Conhecimento. Año 06, Ed. 07, Vol. 04, pp. 21-37. Julio de 2021. ISSN: 2448-0959, Enlace de acceso: https://www.nucleodoconhecimento.com.br/psicologia-es/historico-de-la-violencia

RESUMEN

Haciendo un recorte de los tiempos pasados hasta nuestros días, el objetivo era verificar cómo comenzó la lucha por la igualdad de género y cómo los movimientos sociales transgeneracionales influyeron en la adquisición de derechos para las mujeres de manera internacional y avanzaron llegando a la legislación brasileña donde, con base en políticas afirmativas y garantías específicas para las mujeres, el país creó un marco legal que busca asegurar el respeto y la dignidad de las mujeres. , resignando lo que es “ser mujer” en el país. Así, para avanzar en la comprensión de la búsqueda de la igualdad social de género, fue necesario hacer un breve recorrido por el pasado, trayendo la discusión de cómo la violencia simbólica, todavía presente hoy en día, juega un papel importante de inferiorización de las mujeres. Para ello, la investigación -de carácter cualitativo- también cuenta con los siguientes tipos: teórico, documental y bibliográfico. Así, el trabajo tuvo como objetivos específicos: (1) Comprender la perspectiva histórica de la relación de dominación de género basada en la violencia simbólica; 2) Verificar el progreso de la legislación brasileña; 3) Determinar cómo se organiza la asistencia psicológica y cuál es su función en las instituciones encargadas de acoger a las mujeres víctimas de la violencia de género o en el hogar. En el presente trabajo, se pudo observar que, en Brasil, las políticas afirmativas tienen grandes instrumentos jurídicos, pero sin la debida eficiencia. Por lo tanto, a pesar del apoyo legal, el Estado brasileño es uno de los más negligentes y violentos del mundo cuando se trata de violencia contra las mujeres, y la razón principal es el chillido de las instituciones responsables de la atención de tales hechos.

Palabras clave: violencia de género, feminismo, multiprofesional, políticas públicas, violencia simbólica.

1. INTRODUCCUÓN

“El trabajo de los dominadores es dividir a los dominados” (BOURDIEU, 2020).

La violencia contra la mujer es un tema que ha adquirido gran relevancia desde la década de 1970 en Brasil y en el resto del mundo, con mayor protagonismo desde principios del siglo XXI hasta la actualidad. Se puede definir, según la Convenção Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (1994), como “toda acción o conducta basada en el género, que cause la muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado ”(BLAY, 2003; BOURDIEU, 2020; BRASIL, 1994, 2006, 2011; SILVA, 2018).

Este tipo de despotismo social basado en el género se revela que tiene un fuerte contenido represivo y tiene en cuenta las construcciones socio-históricas y las diferencias en los atributos físicos para establecer los parámetros de comportamiento de cada sexo en la sociedad y las relaciones (BLAY, 2003; POLI, 2007; SILVA, 2018). Así, la violencia de género se establece a partir de un diseño de lo que es apto para cada sexo dentro de las relaciones afectivas y sociales, dejando para la figura masculina la soberanía y para la subordinación femenina donde, debido a que están impregnadas de símbolos subjetivos, agresividad y opresión, se desvela la construcción de una jerarquía social y relaciones afectivas abusivas que se apoya en el sello de costumbres sociales (BLAY, 2003; FONSECA; RIBEIRO; LEAL, 2012; MONTEIRO; SOUZA, 2007; SILVA, 2018).

En vista de ello, la mujer es verdaderamente la ocupante de la posición de la víctima en las relaciones de género. Se puede considerar que algunas conjeturas matrimoniales y formas culturales preconcebidas de la relación entre hombre y mujer pueden agravar y predisponer aún más el dominio casi absoluto del primero en relación con el compañero, estableciendo una especie de autonomía para determinar las formas en que gestionará la relación, trayendo castigos físicos y psicológicos como formas de demarcar su papel y reafirmar su autoridad (BLAY, 2003; BOURDIEU, 2020; FONSECA; RIBEIRO; LEAL, 2012).

Las consecuencias de este tipo de relaciones desiguales en las mujeres pueden percibirse socialmente en aspectos como la baja autoestima y la dificultad de socialización, y el pacto nupcial creado en estas circunstancias arbitrarias puede crear una mujer emocionalmente frágil con dificultades para establecer otros lazos sociales que no sean con su marido, teniendo problemas también para posicionarse y desalentar los abusos. , debido a sentimientos de culpa e impotencia (BLAY, 2003; BOURDIEU, 2020; FONSECA; RIBEIRO; LEAL, 2012; MELO; SOUTO, 2018; SILVA, 2018).

Así, en cuanto a la relevancia de la investigación, se percibe que abarca la posibilidad de contribución social dada la amplitud y perpetuación histórica de la relación de dominación y violencia de género en Brasil, observando cómo el contexto social y las débiles adaptaciones a la legislación hacen del país una peligrosa plataforma de agresiones contra las mujeres que tienen como público la sociedad brasileña y el resto del mundo.

Por ello, en la búsqueda de la comprensión de las luchas actuales y de las políticas públicas existentes tomadas por el empoderamiento femenino, se realizó un breve recorrido histórico de la relación hostil entre géneros, haciendo un repaso hasta nuestros días, con el objetivo de comprender cómo la adquisición de derechos como ser dama de cuerpo propio, la lucha por privilegios antes exclusivos de los hombres y la consecuente aparición del movimiento social feminista se convirtieron en importantes instrumentos de requisición de derecho. s políticos, civiles y garantías contra posibles abusos derivados de la relación de género en el escenario internacional y, posteriormente, en Brasil.

Así, con respecto a los datos más recientes sobre violencia de género en Brasil, incluso con los avances en la legislación y la creación de servicios especializados, el país es ineficiente en la contención de este tipo de abusos al demostrar una primacía en los informes nacionales e internacionales y las estimaciones que verifican el tema, amargando datos y posiciones aterradoras. Como ejemplo podemos mencionar que una mujer es asesinada cada siete horas por el simple hecho de ser mujer, provocando que el país ocupe el 5º lugar del mundo en el ranking de feminicidios; casi la mitad de las mujeres brasileñas han sufrido acoso sexual en el trabajo; en Minas Gerais, se estima que la violencia doméstica alcanzó a más de 82.000 mujeres en 2020 (BRASIL DE FATO, 2020; UNIVERSA, 2020).

Una de las posibles razones, que pueden estar fuertemente vinculadas, al tamaño del despotismo del hombre, quedó expuesta en el informe publicado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 2020[2]. Brasil está amargado en el antepenúltimo ranking de paridad política de género en América Latina, un estudio que evalúa la proporción de ocupación de cargos electivos por mujeres y hombres, y una de las principales causas señaladas de la baja elegibilidad femenina es la violencia política de género que son ataques dirigidos a candidatas o mujeres electas que se enfocan directamente en el género (UNIVERSA , 2020). Así, la poca representatividad política agravada por la precariedad de las políticas públicas existentes puede contribuir a los datos brasileños ya expuestos sobre la violencia contra las mujeres.

Dados los impactos personales y sociales que se causan a las mujeres, como víctimas de abuso, sumado al notorio avance de las normas brasileñas sobre el tema, el presente trabajo verificado, basado en las contribuciones de los teóricos sociales y la legislación brasileña, el contexto socio-histórico de la violencia y la constitución y la necesidad de articular la red de atención a las mujeres víctimas de abuso. Así, el desarrollo del trabajo tuvo como metodología de investigación teórica, documental y bibliográfica.

En el diseño de la investigación cualitativa, la preparación de los trabajos no se basará en la recolección de datos. Sin embargo, el trabajo tuvo en cuenta un marco teórico-conceptual a lo largo del proceso de investigación y documentos científicos que retratan la realidad nacional y mundial (GONZÁLEZ REY, 2005).

En cuanto a la investigación teórica, el presente trabajo es relevante cuando se buscan representaciones teóricas generalistas consideradas desde el marco teórico establecido, agregándolas a las ideas de los investigadores, para arrojar luz sobre un momento específico de contemporaneidad, creando una articulación entre la teoría presentada y el momento actual de su investigación (GIL, 2002; GONRALEZ REY, 2010; LAVILLE; DIONNE, 1999; SAMPIERI; COLLADO; LUCIO, 2010). Con respecto a la investigación documental, se buscaron materiales científicos para tener un acceso peculiar a la realidad investigada, indirectamente, a través del estudio de datos estadísticos y otros documentos producidos por humanos (SILVA et. al, 2009).

En cuanto a la investigación bibliográfica, se reunió material para ofrecernos una reflexión crítica del objeto estudiado, buscando trabajos científicos y normas jurídicas que pudieran contarnos sobre la realidad estudiada en la antigüedad y en la actualidad, con el fin de hacer una interlocución entre el pasado y el presente para comparar y reflexionar sobre los avances y retrocesos de la sociedad contemporánea y las normas actuales (MARCONI; LAKATOS, 2017).

Desde esta perspectiva, la investigación tuvo como objetivo general: Verificar los factores socio-históricos de la violencia de género y, a partir de ahí, cómo ocurrió la evolución de las políticas públicas para hacer frente en Brasil. Y como objetivos específicos este trabajo está disponible para: 1) Comprender la perspectiva histórica de la relación de dominación de género; 2) Verificar el progreso de la legislación brasileña; y 3) Investigar cómo se organiza la asistencia psicológica observando su papel en las instituciones encargadas de acoger a las mujeres víctimas de violencia de género/doméstica.

2. LOS SEÑORES Y LAS BRUJAS: BREVE CAMINO POR LOS FACTORES SOCIOHISTÓRICOS QUE CONTRIBUYERON A LA CONSTITUCIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

Llaman a las brujas mujeres que son libres de amar y odiar; / Las brujas se llaman mujeres que conocen su derecho a ir y venir; / Las brujas se llaman mujeres que dan voz a sus ideas sin miedo a la reprimenda; / Las brujas se llaman mujeres que siguen sus deseos; / Las brujas se llaman mujeres libres y propietarias de sí mismas. / Placer soy una bruja! (OSÓRIO, 2018).

La relación hostil y la dominación de género nos llevan a las teorías aristotélicas (ROUDINESCO, 2003 apud SOUZA, 2013). En ellos, los humanos se dividirían en tres categorías, con el hombre como señor y padre; la mujer era la esposa y la madre y; el esclavo que era “cosa del amo”, siendo despiadado y cercano al animal. La mujer en este momento se colocaría por debajo del hombre y por encima del esclavo, es decir, entre la intelectualidad / cultura y la animalidad, siendo un hombre invertido que se somete a las órdenes del amo y que no debe participar en cuestiones sociales porque hay una cierta irracionalidad. entre sus características (SOUZA, 2013).

También según Roudinesco (2003) y Souza (2013), la relación de dominación y distinción entre los sexos y, más tarde, sobre los géneros pasó por varias teorías y enfoques que, legitimados por grandes científicos y la religión a lo largo de los siglos, lucharon en la búsqueda de diferencias biológicas y cognitivas con respecto al sexo. Además, también se abordaron las diferencias culturales o identitarias para hablar de género, demostrando claramente, debido a la duplicidad de explicaciones sobre el tema, la dificultad histórica de justificar tal distinción.

La mayoría de las afirmaciones encontradas en el siglo 19 para justificar la supremacía de un género sobre el otro se basaban en cuestiones físicas y sociológicas y tomaban como ejemplos técnicos la analogía entre elementos u objetos de la naturaleza para circunscribir claramente sus posiciones (BIROLI; MIGUEL, 2015; BEAUVOIR, 1949 apud TESCHE; WEINMANN, 2018; BOURDIEU, 2020; GARCIA, 2018; OSÓRIO, 2018; ROUDINESCO; 2003; ROUDINESCO, 2003 apud SOUZA, 2013; SOUZA; 2013; TESCHE; WEINMANN, 2018). Por lo tanto, para fines de comparación y, aunque son demasiado fuertes, la correspondencia se encontró comúnmente entre macho – animal; hembra – vegetal; hombre – cultura; mujer – naturaleza.

Fue sólo con la maternilización de la familia en el siglo 19, vinculando directamente la feminidad de la mujer a la maternidad que ella puede realmente ocupar un lugar activo en la sociedad y, dada la importancia de su corporeidad y atributos ,”generó miedo por la pérdida de control de su cuerpo” (SOUZA, 2013, p. 4). Este momento histórico hizo que las mujeres tomaran la decisión de rebelarse restringiendo el acceso del hombre a sus cuerpos, porque era un activo invaluable para ellas, era un significante que las demarcaba como sujeto en la familia y en la sociedad convirtiéndose en un agente activo con un papel importante en el proceso de construcción social (BIROLI; MIGUEL, 2015; GARCIA, 2018; ROUDINESCO, 2003; ROUDINESCO, 2003 apud SOUZA, 2013).

Esta manifestación de rebeldía fue bien recibida por la iglesia y dio un avance social significativo en el reconocimiento de lo que es ser mujer, atribuyéndole su primer espacio activo en la sociedad y contribuyendo a que fueran reconocidas como damas de su propio cuerpo y ya no propiedad del marido, ganando más privacidad y autonomía en el ámbito familiar (BIROLI; MIGUEL, 2015; GARCIA, 2018; ROUDINESCO, 2003).

Pero a pesar de este primer paso, fue sólo a partir del avance de los estudios de la filosofía de las Luces que los teóricos de la época comenzaron a relativizar y desafiar aún más vigorosamente las justificaciones de la distinción entre hombres y mujeres en la sociedad. Desde entonces se ha percibido que fue la autoridad matrimonial la que los subyugó y los excluyó de las acciones civiles que se intensificó el proceso de reivindicación de la igualdad de derechos civiles y políticos para ambos sexos (BIROLI; MIGUEL, 2015; BOURDIEU, 2020; GARCIA, 2018; OSÓRIO, 2018; ROUDINESCO; 2003; ROUDINESCO, 2003 apud SOUZA, 2013; SOUZA; 2013; TESCHE; WEINMANN, 2018).

Por lo tanto, dice Souza (2013, p. 4):

Pero es con el feminismo a finales del siglo 18 que la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres se relaciona con un proyecto de revolución de la sociedad que iniciará un largo movimiento de emancipación de las mujeres. A finales del siglo 20 llegaron a dominar todos los procesos de procreación, lo que provocó, según Roudinesco, un nuevo trastorno familiar. Se temía la abolición de las diferencias y las generaciones.

Luego, a partir del siglo 20, la lucha feminista cobró fuerza en la búsqueda de la emancipación. Las mujeres obtuvieron el control de los procesos de procreación, causando un nuevo trastorno familiar, causando miedo a la pérdida de control por parte de los hombres y la abolición de las diferencias (ROUDINESCO, 2003 apud SOUZA, 2013).

3. EL RESTANTE DEL SECRETARIO: LA VIOLENCIA SIMBÓLICA COMO CONDICIÓN DE LA VIOLENCIA FÍSICA Y PSICOLÓGICA

“Nadie nace mujer, se convierte en mujer” (BEAUVOIR, 1949 apud TESCHE; WEINMANN, 2018).

Con base en sus hallazgos, la escritora y activista feminista Simone de Beauvoir (1949, apud TESCHE; WEINMANN, 2018) trae este aforismo antes mencionado y pertinente que resalta el status político de lo que es “ser mujer” cuando, en busca de diferenciar el sexo desde el género, ella reporta un factor social importante.

Así, el autor afirma que el sexo sería una condición biológica y el género se construyó socialmente, refiriéndose única y exclusivamente a los roles y posiciones político-sociales, que se elaboran a través de la cultura, a través de la cual se crearon patrones de comportamiento para cada uno de ellos, dejando para la mujer, obligatoriamente con, entre otros deberes, la pasividad y la sumisión al hombre (BUTLER, 2003; ROCHA, 2002 apud TESCHE; WEINMANN, 2018).

Así, a pesar de los avances del feminismo y la adquisición de derechos por parte de las mujeres, un discurso segregado sigue presente en la sociedad. Este discurso busca legitimar la inferioridad del género femenino y otorgar a los hombres prerrogativas exclusivas. Esta forma de violencia aparece velada en la sociedad, siendo reproducida por ambos géneros como algo natural y con la existencia a veces desapercibida (BOURDIEU, 2020; BUTLER, 2003).

En el libro “A Dominação Masculina”, el sociólogo Pierre Bourdieu (2020) sostiene que la dominación masculina tiene lugar a través de hábitos y patrones sociales que son aprendidos y reproducidos en la vida cotidiana inconscientemente por ambos géneros. Y eso, a pesar de parecer inofensivo, refuerza la creación de estigmas y lleva consigo la diferenciación de las personas por sexo y otras características biológicas, haciendo que una especie de jerarquía social se solane de un género a otro.

Tal ocurrencia reportada por Bourdieu (2020) se denominó violencia simbólica, este nombre fue dado por las características del fenómeno social que, debido a que es una serie de creencias derivadas del proceso de socialización, establece un “orden natural de las cosas” donde debido a las características físicas y psíquicas de la mujer (femenino) es apto para la subalternidad en relación con el hombre (masculino) , creando patrones de comportamiento para ambos géneros, y el escape de estos modelos se ve con repulsa y represión colectiva. Por lo tanto, a pesar de ser más velada, la violencia simbólica produce efectos similares a los contenidos en siglos pasados al reprimir activamente a las mujeres.

Así, hoy, el hombre es conferido a través de la violencia simbólica, el privilegio de ser el señor y mantenedor de la sociedad, que puede hacerlo todo, y sólo depende de los que son sus iguales: los otros hombres. En el hogar, es soberano, el verdadero dueño de la familia, pudiendo hacer todo lo que se le viene a la cabeza y coaccionar para que su autoridad no sea cuestionada a través de una represión activa y un discurso socialmente construido, viéndose en el derecho y con prerrogativas irrevocables de hacer lo que quiera en este contexto, pudiendo agredir física y psicológicamente a los miembros que desafían su autoridad (BOURDIEU, 2020; BEUAVOIR, 1949 apud TESCHE; WEINMANN, 2018; BUTLER, 2003). La mujer, se coloca en la sociedad contemporánea como un segundo en la jerarquía familiar y, siendo la única adulta además del hombre, debe ser plenamente utilizada, siendo responsable de mantener el hogar organizado para su llegada.

Debido a un deseo activo de dominación, que se ejerce en los vínculos construidos por él, el hombre busca reprimir y controlar las voluntades y el conocimiento de los miembros de su familia, y su autoridad, que lo detiene es insofable, debe ser respetada (ROUDINESCO, 2003). Cuando sientes que tu autoridad está en riesgo, por un supuesto deseo, o intento de superposición y la consiguiente toma de posesión por parte de la mujer, el polo masculino de la relación tiende a dirigir cierta hostilidad y agresividad hacia tu rival, lo que, de hecho, puede representar el miedo dódico de convertirse en el pasivo en la relación y haber dirigido a ella todo el discurso que hoy se coloca sobre la mujer (BOURDIEU , 2020).

Esto se dice, siempre que la mujer se posicione como un sujeto activamente presente en la relación conyugal y en la sociedad el miedo al hombre saldrá a la mente y la agresividad puede ser su defensa. Una mujer que tiene, por ejemplo, un trabajo superior, puede ser vista como una amenaza para la posición del hombre de mantenimiento de la casa y la sociedad, y puede haber una hostilidad activa de él hacia ella: una consternación con la mujer más privilegiada socialmente, evitándola solo por condiciones sociales o un ataque discursivo violento para afectarla psicológicamente , buscando una continua desmoralización y desautorización, pueden ser formas encontradas por el hombre para afirmar su autoridad al que está presente (BOURDIEU, 2020; BUTLER, 2003; SOUZA, 2013).

4. EL APARAGO: TIPOS DE VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES Y POLÍTICAS PÚBLICAS DE ENFRENTAMIENTO

“Es a través del trabajo que las mujeres han ido disminuyendo la distancia que la ha mantenido alejada del hombre, sólo el trabajo puede garantizar su independencia concreta” (BEAUVOIR, 1987, p. 14).

En Brasil, jurídicamente hablando, incluso con las luchas de clases que se intensificaron en la escena nacional e internacional en 1970, fue sólo a partir de 1988, con la promulgación de la Constitución Federal, que las mujeres comenzaron a haber reconocido su igualdad, asintiendo con la cabeza en relación con el hombre, los derechos y obligaciones en la sociedad y las relaciones conyugales (BRASIL , 1988; ROUDINESCO, 2003; SILVA, 2015; SOUZA, 2013).

Esta omisión legal encontrada hasta 1988 sólo refleja la indiferencia y la indiferencia del Estado, que todavía está presente hoy en día, ya que las leyes se editan de acuerdo con la necesidad y la demanda social. Y como vivimos en una sociedad marcada por la dominación masculina, suele ser sexista y autoritaria. Además, la poca representación que las mujeres siempre han tenido en la política brasileña y este escenario está justificada: un dominador no creará leyes para defender a los dominados de su autoridad y abusos (BRASIL DE FATO, 2020; UNIVERSA, 2020).

Sin embargo, hoy sigue existiendo una falta de azar e indiferencia, presente con las débiles adaptaciones a la legislación por parte de las entidades federativas, la precariedad de la atención y al colocar a las víctimas de abuso en situaciones vejatorias y humillantes, interrogándolas con cierta sospecha de lo denunciado. Otra forma de vergüenza es la confrontación de la víctima con el abusador, haciendo de la mujer una víctima una vez más, esta vez del sistema legal brasileño (PEIXOTO, 2012; UNIVERSA, 2020; VASCONCELOS, 2016).

Con las dificultades de la administración pública en la articulación y las demandas sociales e internacionales en la búsqueda de garantizar el respeto y la integridad física, moral y psicológica a las mujeres, se creó la Ley 11.340, conocida popularmente como la “Ley Maria da Penha” y una serie de otras legislaciones sobre el tema, y tienen como objetivo dar un mayor apoyo jurídico y la realización de trabajos articulados entre diversos sectores públicos que proporcionan una serie de servicios especializados en el tema, proporcionando acogida y optimizando la atención a las mujeres en situación de violencia en Brasil (BRASIL, 2006; FARINHA; SOUZA, 2016).

Ante esto, Costa; Njaine y Schenker (2017) hacen una consideración importante cuando dicen que las consecuencias traumáticas para las víctimas van más allá del orden físico, alcanzando lo psicológico y/o social y pueden permanecer de por vida. Pueden aparecer problemas psicológicos como ansiedad y depresión, así como enfermedades psicosomáticas, pánico y trastorno de estrés postraumático, que también pueden afectar a los familiares del ofendido y al agresor, ya que la dinámica de las relaciones familiares puede verse comprometida, causando daños a la salud mental de las extremidades (COSTA; NJAINE; SCHENKER, 2017).

Así, la confrontación con la violencia de género ha ganado una serie de regulaciones para la ampliación y mejora de la calidad de la atención, entre ellas se destaca la Política Nacional de Enfrentamento à Violência contra as Mulheres. Su objetivo es establecer conceptos, principios, directrices y acciones para prevenir y combatir la violencia contra las mujeres, garantizando los derechos de quienes se encuentran en condiciones de violencia, utilizando como parámetro las leyes nacionales e internacionales de derechos humanos (BRASIL, 2011).

Con la implementación de esta política, la recepción de mujeres en situaciones de violencia en Brasil se eleva a otro nivel, mejorando significativamente los servicios prestados. También hubo una expansión de los conceptos de violencia de género donde, según la Política Nacional de Enfrentamento à Violência contra as Mulheres (2011, p.8):

[…] la violencia contra la mujer no puede entenderse sin tener en cuenta la dimensión de género, es decir, la construcción social, política y cultural de la masculinidad o masculinidad y la feminidad, así como las relaciones entre hombres y mujeres. La violencia contra la mujer se produce a nivel relacional y social, lo que requiere cambios culturales, educativos y sociales para hacerles frente y un reconocimiento de las dimensiones de raza/etnia, generación y clase en la exacerbación del fenómeno. […]

Este nuevo concepto jurídico también abarcó la violencia simbólica definida por el ya mencionado sociólogo Pierre Bourdieu (2020) que, aunque no se expresa directamente por la orden, fue considerada al reconocer la influencia y relevancia del campo social con sus costumbres, creencias y conocimientos que pueden ayudar en la propagación de la violencia de género, y los cambios importantes en estos escenarios son necesarios para la reducción e incluso la extinción de este tipo de opresión (BRASIL 2006; BOURDIEU, 2020).

Desde entonces, considerando que la elaboración de la mujer después de varias agresiones psicológicas y físicas, se sumó con una dubiedade de sentimientos en relación con agresor y agravado, especialmente cuando se trata de situaciones matrimoniales, debido a la dependencia financiera y emocional del cónyuge, se creó la Red de Atención a Mujeres en Situación de Violencia, que es un conjunto de acciones y servicios de diversos sectores públicos (como el sistema judicial). , seguridad pública, servicios de salud y asistencia social) que cuentan con equipos especializados que buscan la recepción completa, la derivación adecuada y la humanización de la atención (BRASIL, 2011).

5. LOS ALQUIMISTAS: LA FORMACIÓN DE EQUIPOS MULTIDISCIPLINARES Y EL PAPEL DEL PSICÓLOGO

“Siempre he sido feminista. Esto significa que me opongo a la discriminación contra las mujeres, a todas las formas de desigualdad basada en el género, pero también significa que exijo una política que tenga en cuenta las restricciones impuestas por el género al desarrollo humano” (BUTLER, 2020).

Con el avance de la legislación brasileña para proporcionar una acogida integral a las mujeres víctimas de abuso, se crearon los Centros Especializados para el Cuidado de la Mujer, que forman parte de una red articulada de servicios con un equipo altamente especializado y se convirtieron en un instrumento importante para hacer frente a la violencia doméstica y de género en Brasil. Estos centros cuentan con un personal técnico operativo compuesto por psicólogos y trabajadores sociales altamente especializados en la acogida de la víctima y las derivaciones apropiadas (BRASIL, 2010, 2011).

De esta manera, el psicólogo profesional entrará en la red articulada con el fin de promover la acogida y la escucha cualificada, una herramienta que pretende demostrar la importancia de la acogida y su experiencia que tiene como objetivo aportar tranquilidad y seguridad durante el proceso para que pueda ayudar a los agredidos y entender el momento que está pasando. , convirtiéndolo así en un instrumento de suma importancia para reducir los sentimientos negativos que lo rodean como la fragilidad, la desesperación, la soledad, el odio, la culpa, la tristeza, la ansiedad y la angustia (BRASIL, 2010, 2011; COSTA; NJAINE; SCHENKER, 2017).

Luego, los profesionales de la psicología serán, junto con los trabajadores sociales, los encargados de acoger y ejercer sus deberes para minimizar el daño. Así, Lisboa (2014, p. 18) citando a Velázquez (2006) hace una observación importante sobre la práctica del psicólogo:

[…] la experiencia clínica permite identificar tres tipos de sentimientos en las mujeres que sufren violencia: sensación de indefensos; sensación de estar en peligro permanente; siéntete diferente de las otras personas que te rodean. Para el autor, estos sentimientos suelen surgir del dolor y la impotencia de no poder transformar lo que ha pasado, dejando huellas en el cuerpo, afecta y la vida cotidiana.

Lisboa (2014) concluye que el profesional de la psicología es apto para fortalecer la autoestima de la mujer, para que pueda tomar decisiones más correctas y avanzar hacia su empoderamiento y emancipación. Deconstruyendo estigmas estereotipados y roles sociales, la profesional debe trabajar buscando que conciba una nueva mirada, alejándose de ese lugar donde vivió en sumisión, humillación y agresión, haciendo posible volver a aprender a vivir sin tantos lazos sociales y poder posicionarse como sujeto activo y con decisiones específicas a lo que quiere o no para su vida (CFP, 2005; LISBOA, 2014).

Además, el psicólogo actuará como un verdadero confidente del paciente dentro del equipo multidisciplinario, evocando siempre que sea necesario, el secretismo que le sea pertinente y buscando evitar pensamientos preconcebidos y derivados del generalismo que pueden presentar los equipos multidisciplinares (CFP, 2005). ). Se requiere que tenga un feeling para saber qué es de interés en ser transmitido al equipo multidisciplinario y qué permanecerá confidencial, manteniéndose solo en el ambiente de oficina (CFP, 2005).

Finalmente, el psicólogo puede actuar como mediador de conflictos internos y, al eximirse del lujo de querer ser el dueño del conocimiento, trabajar para que estas divergencias comunes dentro de los equipos multidisciplinares no perjudiquen la evolución de los casos atendidos (COSTA, 2021).

6. CONSIDERACIONES FINALES

El marco jurídico brasileño para combatir la violencia de género es amplio y actual, sin embargo, ineficaz. Podemos atribuir esta ineficiencia a diversas razones, tales como: las dimensiones continentales del país que están en un punto muerto para el alcance de las políticas públicas y para la supervisión gubernamental; el chirrido de las redes de bienestar que hacen los gobiernos locales mediante la reubicación de recursos y la reducción del interés del Estado en promover esas políticas; y, la poca representación femenina en el poder legislativo municipal, estatal y federal (BRASIL DE FATO, 2020; UNIVERSA, 2020).

Así, a pesar de los evidentes avances nacionales en cuanto a la política de combate a la violencia de género y la representación de las mujeres, la lucha contra la dictadura masculina está lejos de terminar, el hecho de que una mujer sufra violencia intrafamiliar cada dos minutos en Brasil en el año 2018, totalizando 263.067 Las lesiones corporales amparadas por la Ley Maria da Penha y el expediente de violación en el mismo año, alcanzando la marca de 66.041 expedientes, demuestran el sentido masculino de impunidad y superioridad sobre las mujeres, ya que las imaginan como propiedad y objeto de placer con el que todo puede hacer (UNIVERSA, 2020).

Por lo tanto, esto demuestra y es oportuno subrayar que, sólo un avance en la legislación por sí solo, sin el enriquecimiento de los servicios para combatir la violencia con equipos, una mayor cobertura de los servicios y la formación real de los profesionales que forman parte de la primera línea, no es suficiente.

Se puede decir que Brasil ya tiene un enorme dispositivo legal y lo suficientemente bueno como para mejorar sus datos, pero lo que le falta es precisamente lo esencial, el núcleo: humanos entrenados, valorados y equipados; conciencia de clase y educación para respetar las diferencias y divergencias.

Todo comienza en la base, es decir, en la educación, donde quienes viven en la nación aprenderán qué es y cómo evitar la violencia simbólica. Además, debe estar impregnada por la creación de legislación, la mejora del apoyo psicológico y las restricciones eficientes de la libertad contra aquellos que escapan a sus marcos. Pero los gobernantes brasileños quieren revertir el proceso e ignorar el paso a paso, comenzando por lugares inimaginables solo para hacer marketing político, dejando de lado los pilares de ejecución que son necesarios para componer un edificio y, de esta manera, no hay grandes avances prácticos en el enfrentamiento a este tipo de violencia.

REFERENCIAS

AMORIM, L. T. de. Gênero: uma construção do movimento feminista? Anais II Simpósio Gênero e Políticas Públicas ISSN2177-8248, 2011. Disponível em: <http://www.uel.br/eventos/gpp/pages/arquivos/Linamar.pdf> acesso em 31 jul. 2020.

BEAUVOIR, Simone. O Segundo Sexo. São Paulo, 1987.

BLAY, E. A. Violência contra a mulher e políticas públicas. Estudos Avançados. São Paulo, v. 17, n. 49, p. 87-98, 2003. Disponível em <http://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0103-40142003000300006&lng=en&nrm=iso> acesso em 14 fev. 2020.

BIROLI, F; MIGUEL, L. F. Feminismo e Política: uma introdução. Boitempo Editorial, São Paulo, 1º Ed., 2015.

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APÉNDICE – REFERENCIA DE NOTA AL PIE

2. Disponible en: https://www.onumulheres.org.br/wpcontent/uploads/2020/09/ATENEA_Brasil_FINAL.pdf. Acceso: 26 de enero. 2021.

[1] Especialista en Salud Mental y Atención Psicosocial, Especialista en Política y Sociedad y licenciado en Psicología.

Enviado: Abril de 2021.

Aprobado: Julio de 2021.

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