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Estudio sobre la convivencia intrafamiliar de los usuarios de alcohol y otras drogas en las relaciones contemporáneas

RC: 74624
201
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CONTEÚDO

ARTÍCULO ORIGINAL

VICENTE, Reginandréa Gomes [1], MASONI, Gustavo de Lima [2]

VICENTE, Reginandréa Gomes. MASONI, Gustavo de Lima. Estudio sobre la convivencia intrafamiliar de los usuarios de alcohol y otras drogas en las relaciones contemporáneas. Revista Científica Multidisciplinar Núcleo do Conhecimento. Año 05, Ed. 11, Vol. 18, págs. 115-148. Noviembre de 2020. ISSN: 2448-0959, Enlace de acceso: https://www.nucleodoconhecimento.com.br/psicologia-es/usuarios-de-alcohol

RESUMEN

El consumo de alcohol y otras drogas es una realidad en Brasil y en el mundo, asociada con factores de riesgo que pueden implicar más allá del usuario, las personas que los rodean. Esta investigación investiga la convivencia intrafamiliar de los usuarios de alcohol y otras drogas en las relaciones contemporáneas desde el punto de vista de cada uno de los involucrados. La base de la investigación y el análisis fue la teoría sistémica que considera la totalidad del fenómeno contextualizado. Se llevó a cabo una investigación de campo con la aplicación de un cuestionario de características cualitativas y exploratorias. Veinte miembros de la familia y 16 usuarios respondieron a la encuesta. Los resultados encontraron que los miembros de la familia y los usuarios creen que el uso de sustancias está asociado con situaciones de tristeza y falta de otros repertorios para hacer frente a los problemas. Usuarios añadidos: (I) uso recreativo; (II) uso para mejorar el estado de ánimo. Miembros de la familia (45%) describió la convivencia intrafamiliar con una buena comunicación funcional y el 55% describió la resolución de conflictos hablando; se describieron las relaciones familiares (40%) tan insatisfactorio; la palabra “Amor”, la más asociada (15%) al concepto familiar. El contacto intrafamiliar fue descrito por los usuarios (88%), con conflictos debido al uso de sustancias. La relación familiar descrita (88%) como satisfactorio, (44%) con comunicación funcional y 88% con un apoyo familiar satisfactorio; las palabras “Mess” (13%) y “Unión” (13%) eran los más asociados con el concepto familiar. Este estudio tenía como objetivo aclarar la complejidad de separar lo que es un “problema” derivado del uso de drogas de la propia relación intrafamiliar. Si, por un lado, las penas y los sufrimientos desencadenan el deseo de utilizar sustancias, por otro lado, se busca una vida satisfactoria en la familia. Está indicado para un próximo estudio las relaciones intrafamiliares más allá de la culpa del fenómeno de las drogas.

Palabras clave: Alcohol-drogas, adicción, codependencia.

1. INTRODUCCIÓN

El consumo de alcohol y otras drogas es una realidad en Brasil y en todo el mundo, se asocia con factores de riesgo que involucra más allá del usuario, todas las personas a su alrededor de varias maneras. Según el informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, 2016) realizaron un cálculo en el que más de 200 (doscientos) millones de personas entre adolescentes y ancianos ya utilizaron algún tipo de droga en 2014 en todo el mundo, en este informe sugiere que hubo un aumento en el número de personas con algún tipo de trastorno relacionado con las drogas , a pesar de que no hubo un gran aumento de usuarios entre 2010 y 2014. Los trastornos por consumo de drogas incluyen principalmente la propagación de ITS (Infecciones de Transmisión Sexual) mediante la inyección de drogas, señalando también las muertes resultantes de abusos que conducen a sobredosis.

Por lo tanto, se evidencia el carácter democrático (se encuentra en cada tejido social), universal (no hay fronteras), y endémico (siempre se encuentra en cualquier lugar). Por lo tanto, es posible reconocer la atemporalidad del uso de drogas ya que los seres humanos de la antiguedad utilizan sustancias que modifican los sistemas normales del cuerpo, estas sustancias llamadas drogas alteran las sensaciones, estado de ánimo, conciencia u otras funciones psicológicas y conductuales.

Según Dias y Pinto (2004), las drogas pueden clasificarse como naturales – aquellas que no tienen ningún tipo de remodelación por el hombre – las seemissyntheticones – aquellas que han sufrido algún tipo de alteración por el hombre – y las sintéticas – que fueron hechas por el hombre. Los seres humanos utilizan estas sustancias psicoactivas por diferentes razones. La acción de la droga en el cuerpo varía de persona a persona. También se pueden subdividir en diferentes clases tales como; Depresores que promueven una reducción de las actividades cerebrales y funciones orgánicas en general como el alcohol y los opioides, estimulantes que aumentan la actividad en el sistema nervioso central y el sistema nervioso autónomo como la cocaína, la nicotina y la cafeína; Perturbador (alucinógeno) que alteran la percepción y el sentido del tiempo y el espacio como la marihuana, el LSD y la mescalina; Medicamentos psiquiátricos que incluyen medicamentos utilizados en el tratamiento de trastornos mentales crónicos o no como antipsicóticos, antidepresivos y estabilizadores del estado de ánimo.

Sin embargo, es importante destacar que la visión sobre las drogas ha cambiado a lo largo de la historia, modificando así la comprensión del uso y los posibles tratamientos. Según El Brasil (2004), la drogadicción (manía para consumir sustancias químicas) ya ha sido tratada como un problema espiritual, con la familia como colaborador en el proceso para la eliminación de la “entidad espiritual” que hizo que el individuo utilizara una determinada sustancia, por lo que la dependencia se debía a la responsabilidad espiritual y no al individuo. Más tarde este concepto cambió y el usuario de alcohol y otras drogas llegó a ser visto como alguien amoral. El tratamiento de una persona drogadicta debe hacerse a partir de factores biopsicosociales. La visión sistémica ve la “dependencia” química como un síntoma de la “enfermedad” familiar.

Desde el paradigma sistémico, para entender el consumo de alcohol y otras drogas se hace necesario estudiar la familia estableciendo relaciones cuando uno o más miembros del sistema son usuarios y la repetición de patrones intergeneracionales. Esta investigación, basada en el marco sistémico, investigó las relaciones familiares de los consumidores de alcohol y otras drogas en tiempos contemporáneos.

Los estudios indican (BRASIL, 2004) que el impacto de las drogas en la familia varía de características extrínsecos e intrínsecas de cada sistema, como el instante del ciclo de vida en el que se introduce el fenómeno, la historia intergeneracional, el contexto sociocultural en el que se introducen, etc.

Según Steinglass, Bennett, Wolin y Reiss (1997 apud BRASIL, 2004), el tema de la dependencia del sistema familiar puede ser un factor de unión o ruptura, los miembros no usuarios desarrollan a lo largo del proceso una alta tolerancia a situaciones estresantes y una adaptación intensa. Por ejemplo, el consumo de alcohol puede llevar a la familia al aislamiento, temiendo que las bebidas alcohólicas en situaciones sociales y/o festivas. Un impacto importante a destacar es el cambio en la rutina de vida de la familia después de adoptar el alcoholismo como parte de la identidad, haciendo que esta idea parezca “normal”, atribuyendo cambios fijos a los miembros de la familia, a menudo haciendo que su autoestima se vuelva baja, contribuyendo al aislamiento. Además, cuando el usuario de alcohol es el padre o la madre, puede afectar el desarrollo de los niños, pero todo depende de las características personales de cada niño, la edad, el equilibrio emocional del padre no tóxico.

En cuanto a las relaciones familiares, Silva (1997) retoma el concepto de codependencia. Afirma que se implementó por primera vez en los Estados Unidos en la década de 1930 cuando las instituciones de salud mental se dieron cuenta de que las esposas de los adictos al alcohol eran de gran preocupación para sus parejas y con altas tasas de depresión. El término codependencia se utilizó más particularmente para las esposas de adictos al alcohol. A lo largo de los años en la década de 1950, hubo grupos de apoyo que establecieron estrategias para vivir con la presencia de alcohol. Después de nuevos estudios y el desarrollo de enfoques sistémicos en la década de 1970, las definiciones de codependencia se implementan de tal manera que todos los que sufren de la convivencia con las drogas y el término codependencia no se aplica sólo a las drogas, ya que puede estar relacionada con la dinámica de las relaciones interpersonales disfuncionales que comprometen los procesos de autonomía y diferenciación familiar y que no necesariamente implican drogas.

Es importante observar las relaciones de codependencia en el sistema familiar en el que hay algún miembro que consume alcohol y otras drogas, ya que los miembros de la familia pueden establecer una relación similar a la que el usuario tiene con la droga, el codependiente comienza a organizar su vida alrededor del usuario experimentando graves problemas resultantes de dicho funcionamiento. El codependiente puede presentar baja autoestima; cree que su felicidad depende del otro; se siente responsable de los demás; vive una oscilación constante entre dependiente e independencia, teniendo dificultades para establecer relaciones de interdependencia; niega constantemente su realidad; se preocupa por controlar y cambiar cosas que no dependen de él; se siente constantemente insatisfecho y su vida es guiada por los extremos (BRASIL, 2004).

Sobre la base de estos datos, se hace hincapié, por lo tanto, en cuánto el consumo de alcohol y otras drogas es un fenómeno complejo y como tal también requiere estudios complejos que van más allá del paradigma causa-efecto, pero presentan la recursividad del fenómeno engendrada en el sistema familiar y social. Estas características se destacan además por el momento socio-histórico actual, la contemporaneidad, que igualmente predice la complejidad al vivir con diversidad e incertidumbres. Petuco (2011) presenta una reflexión sobre los problemas relacionados con el consumo de drogas en tiempos contemporáneos, aboga por la posibilidad de una escucha radical del otro, esta posibilidad de escuchar va más allá de la normatividad, porque realmente quiere dialogar con la diversidad. Las personas que consumen alcohol u otras drogas tienden a sufrir un prejuicio porque la gente piensa que son manipuladoras. Cualquier profesional que venga a trabajar en el área de la dependencia debe estar siempre atento al uso correcto de las palabras utilizadas para no incurrir en esta falacia y reproducir ideologías sociales.

Lo mismo debe pensarse al realizar estudios científicos que también pueden prestarse a reproducir ciertas ideologías sin la validez necesaria de la construcción de la ciencia.

Como señala Goffman (1981), la sociedad siempre ha tenido los medios para clasificar a las personas y el total de sus características consideradas como frecuentes o naturales para sus miembros. Sobre la base de estos preconcepciones la gente “demanda” algo de los demás, es decir, las declaraciones se colocan sobre lo que el otro debe ser. Por lo tanto, cuando surge evidencia de alguna condición extraña, se considera diferente de otras personas, y puede ser incluido incluso como menos importante, por lo que la persona es juzgada como degenerada y pequeña. Tal atributo es un estigma, particularmente cuando su efecto infamia es muy grande y constituye una discrepancia específica entre la identidad social real – es la categoría y los atributos que el individuo demuestra poseer – y la identidad social virtual – carácter impuesto al individuo debido a su posible retrospectiva retrospectiva.

Los usuarios de alcohol y otras sustancias, así como sus familias, pueden ser estigmatizados por la sociedad en general, incluyendo expresiones discriminatorias por profesionales en el campo, políticas públicas, entre otros.

Este estudio presenta la comprensión del tema de una investigación que adoptó la “escucha radical” de los usuarios de alcohol y otras drogas y sus familias favoreciendo la descripción del fenómeno por parte de quienes lo viven con sus especificidades, diversidades y posibilidades.

2. METODOLOGÍA

Esta investigación se basó en investigaciones de campo exploratorias con la aplicación de un cuestionario cualitativo, incluida información general y preguntas relacionadas con la relación familiar de los usuarios de alcohol y otras drogas. Usar personas que consumen alcohol y otras drogas y/o usuarios familiares, mayores de 18 años. No se hicieron restricciones con respecto al estado civil, el nivel socioeconómico o educativo.

Una muestra no fue probabilística por la típica de la población representativa (MARCONI; LAKATOS, 1999).

El muestreo fue por conveniencia, llamado por Internet, por la difusión del enlace de investigación entre los amigos de los investigadores, a través de las redes de relaciones y a través del correo electrónico. Se adoptó el procedimiento llamado “bola de nieve” en el que se pedirá a amigos, colegas o participantes que designen a otros.

Con el fin de evitar que las personas sin acceso a medios electrónicos que no tengan acceso a medios electrónicos que se excluyen de la muestra, se adoptó la versión impresa del cuestionario que se distribuyó en persona.

Como se construyó el formulario en línea para los procedimientos, se utilizó la funcionalidad Formulario de la herramienta Google Drive (servicio de almacenamiento de archivos en Google, nube).

En cuanto al enlace remitido, al principio de la página se realizó un texto en el que se explicaba el carácter académico de los criterios de investigación, inclusión y exclusión de la población a investigar, además de mencionar los nombres y contactos de los investigadores para cualquier aclaración necesaria. Al principio, se mencionó el tiempo estimado de la investigación que no era más de 25 minutos. A continuación, se aclaró el propósito y la necesidad del formulario de consentimiento libre e informado y la garantía de confidencialidad de los participantes. Visualizaron el término, que podía ser aceptado o no, de acuerdo con el deseo de participar.

En la versión impresa, se distribuyó un sobre que contenía el cuestionario idéntico al cuestionario electrónico, una carta de presentación en la que se explicaban los objetivos de la obra, instrucciones para rellenar, el formulario de consentimiento libre e informado, el número de teléfono de uno de los investigadores para el contacto, si fuera necesario.

3. RESULTADOS

Se aplicaron cuarenta y un (41) cuestionarios, dieciséis (16) respondieron en persona y veinticinco (25) en línea. De ellos, cinco (5) tuvieron que ser descartados porque los colaboradores diferían del perfil de la muestra, a saber, dos (2) eran menores de 18 años y tres (3) informaron que no eran usuarios y que no tenían familiares que consumieran alcohol u otras drogas. Así, respondieron veinte (20) miembros de la familia y dieciséis (16) usuarios, cabe destacar que las personas que indicaron que son usuarios y que sus familiares también son usuarios fueron considerados en esta distribución, usuarios. La muestra consistió en personas mayores de 18 años, sin restricciones en estado civil, nivel socioeconómico o educativo, viviendo en diferentes lugares, tales como: regiones del Gran Sao Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro.

3.1 EL USO DE SUSTANCIAS

Debido a que esta investigación tiene un carácter exploratorio, se estableció que el propio colaborador se definiría a sí mismo o no como usuario y, al mismo tiempo, aclararía cuáles eran los criterios adoptados para la clasificación.

Se constató que el consumo o no de sustancias no era el único factor discriminatorio para que las personas se definieran a sí mismas como usuarios, sino la frecuencia con la que lo hacen. Así, se identificaron criterios de diversas evaluaciones, es decir, personas que se definieron a sí mismas como usuarios de uso frecuente de sustancias (ofertas o ilícitas) o con lo que llamaron “modo recreativo”. Y también, las personas que se definieron a sí mismas como no usuarios, pero los miembros de la familia de los usuarios, aunque indican que usan sustancias de vez en cuando. Es decir, a excepción de las polaridades utilizan x no – uso, hay poca claridad en los criterios de clasificación, por ejemplo, la idea de uso social, parece tanto para justificar no ser un usuario, así como para serlo.

La muestra total (16 usuarios y 20 miembros de la familia) indicaba su patrón de consumo de sustancias, como ocasional, es decir, uso que no tiene efectos en la vida personal. Ningún empleado indicó abuso (uso grande que comienza a dañar la salud y la vida personal) o dependencia (dificultad para detener o disminuir el uso de la sustancia por su cuenta y tener problemas relacionados con el uso).

Los veinte (20) miembros de la familia que utilizan alguna sustancia, pero no se consideran usuarios, especificaron la frecuencia de uso como, 55% u once (11) de los cuales nunca utilizan sustancias, 30% o seis (6) informaron que la utilizan una o dos veces al mes, 10% o dos (2) informaron que la utilizan semanalmente y 5% o 1 familia informó que hacen uso mensual de cualquier sustancia.

Los dieciséis (16) usuarios entrevistados especificaron la frecuencia de su uso como, 44% o siete (7) para su uso una o dos veces al mes, 31% o cinco (5) para uso semanal, 19% o tres (3) para uso mensual y 6% o uno (1) reportado utilizando alguna sustancia diariamente o casi todos los días.

Por lo tanto, los resultados indican que el hecho de que el individuo se describa a sí mismo como un usuario o no y pretende utilizar la sustancia ocasional puede tener diferentes significados con respecto al patrón de uso.

Entre las sustancias utilizadas por los dieciséis (16) usuarios entrevistados, las bebidas alcohólicas son las más utilizadas con 59% o dieciséis (16), seguidas de derivados del tabaco y la marihuana con un 15% cada uno o cuatro (4), finalmente las drogas alucinógenas, la cocaína y los estimulantes vienen con un 4% o un (1) usuario cada uno. Vale la pena mencionar que algunos usuarios han seleccionado más de un medicamento.

3.2 EL USO DE SUSTANCIAS, SEGÚN LOS MIEMBROS DE LA FAMILIA

Se indicó que en el 26% de los casos o seis (6 participantes) el pariente del usuario es el padre y el mismo número se indicó cuando el pariente es el tío.  Luego, apareció el índice de 17% o cuatro (4participantes) indicando la otra categoría, en la que especificaban a los parientes como: abuelos paternos, abuela, hermano y hermana. Se ha informado en el 13% de los casos o tres (3 participantes) que el niño (a) es la persona que utiliza sustancias, seguido de las categorías prima (a) y madre con el mismo porcentaje 9% o dos (2) para cada uno. Cabe destacar que algunos parientes informaron tener más de un pariente que consumió alcohol u otras drogas.

Según los veinte (20) parientes que respondieron a esta investigación, el modo de consumo de sustancias hecho por los familiares del usuario es ocasional, es decir, uso que no tiene efectos en la vida personal. Aunque el abuso o la dependencia no se mencionó en el 70% de los casos, los miembros de la familia indicaron el uso diario

De los veinte (20) miembros de la familia entrevistados, el 70% o catorce (14) informaron que el pariente del usuario utiliza alguna sustancia diariamente o casi todos los días, el 20% o cuatro (4) usan alguna sustancia semanalmente y que el 5% o uno (1) la utilizan 1 o 2 veces al mes o mensualmente.

Por lo tanto, aunque la mayoría de los miembros de la familia reconocen que los parientes que usan sustancias diariamente no entienden que compromete su vida personal. O bien, se puede se puede pretender que los términos: abuso y dependencia no se consideraron apropiados para describir el patrón de comportamiento de los parientes del usuario.

3.3 REPETICIÓN TRANSGENERACIONAL DEL USO DE SUSTANCIAS

Es interesante notar que de los dieciséis (16) usuarios entrevistados, quince (15) informaron tener algún pariente como usuario de alcohol u otras drogas. Estos datos sugieren una repetición transgeneracional del consumo de sustancias.

En cuanto al parentesco, indicaron que los usuarios especificaban la mayoría de sus padres como sus padres, el 39% o en nueve (9) casos. El (A) tío (a) aparece entonces con la frecuencia del 30% o siete (7), con 17% o cuatro (4) aparece a la madre, seguido por la categoría “otro” con 9% o dos (2), en la que fue indicado como usuario en un caso el hermano, en el otro el cuñado. Con el 4% o uno (1) caso, aparece el primo. Cabe destacar que los entrevistados seleccionaron a más de un pariente que consume alcohol u otras drogas.

Se evidó la siguiente distribución para el tipo de sustancia utilizada:

La sustancia más utilizada por los familiares de los usuarios eran las bebidas alcohólicas con 46% o trece (13) de los casos que hacen el uso, luego vienen los derivados del tabaco con 34% o diez (10) casos, la marihuana viene después con 14% o cuatro (4) casos, finalmente cocaína con 3% o un (1) caso y un (1) caso que el usuario no tiene que el que hace el consumo de sustancias. Vale la pena mencionar que algunos usuarios informaron tener más de un pariente que usa alcohol u otras drogas y más de una sustancia.

Tenga en cuenta aquí, la misma prevalencia de sustancias enumeradas que las utilizadas por los usuarios. Es decir, el alcohol, el tabaco y los derivados de la marihuana fueron indicados por la muestra como las principales sustancias utilizadas.

Según los usuarios, la frecuencia con la que los miembros de la familia utilizan sustancias también se distribuyó:

Los usuarios especificaron que sus parientes hacen uso principalmente a diario o casi todos los días, con 63% o diez (10) parientes, seguido de 31% o cinco (5) parientes que hacen uso semanal y con 6% o un (uno) pariente que no consume alcohol u otras drogas.

Los usuarios calificaron la frecuencia de uso de la familia de la siguiente manera:

Los usuarios caracterizaron el uso de 50% u ocho (8) parientes como dependencia, 25% o cuatro (4) como uso ocasional y 25% o (4) como abuso.

Se puede notar que dentro de la vida familiar los miembros de la familia caracterizan el uso de sus usuarios familiares como ocasionales, y algunos usan diariamente y otros mensualmente, mientras que los usuarios han clasificado a algunos parientes como dependientes, incluso si consumen alcohol u otras drogas mensual o semanalmente, mostrando que no hay una manera única de ver cómo la persona está consumiendo alcohol u otras drogas. Cabe señalar que tanto los usuarios como los miembros de la familia al describir su propio comportamiento no se consideran dependientes de ninguna sustancia. Aquí es posible abrir una pregunta sobre lo que llevaría a la adopción de diferentes criterios para la evaluación de su propio comportamiento u otro.

3.4 ACERCA DE LA CONVIVENCIA FAMILIAR

Los miembros de la familia, cuando se les preguntó acerca de la relación familiar, respondieron:

Los veinte (20) miembros de la familia entrevistados dividieron sus respuestas en relación con la relación familiar en 40% u ocho (8) para una relación insatisfactoria, 35% o siete (7) para una relación satisfactoria y 25% o cinco (5) para una relación neutral.

Entre los dieciséis (16) usuarios entrevistados, el 50% u ocho (8) informaron de que su relación familiar era satisfactoria, el 44% o siete (7) reportaron su relación familiar como neutral y el 6% o uno (1) reportaron su relación familiar como insatisfactoria.

Entre las justificaciones para una relación satisfactoria, se obtuvieron respuestas, tales como:

“Es una familia con mucho cuidado, escucha, cercanía y siempre con diálogos” (U.F24)

“Lo considero satisfactorio, porque siempre tratamos de hablar de nuestros problemas y resolverlos juntos” (F.F31)

Las respuestas que se refieren a una buena relación familiar presentan la comunicación funcional como un instrumento que permite a la familia acoger y brindar apoyo emocional a sus miembros, de la misma manera, reitera la expectativa social de que las familias son este lugar de afecto.

Los colaboradores justificaron las relaciones familiares como neutrales con argumentos como:

“Cuando bebe en una fiesta familiar se vuelve aburrido.” (F.F.9)

“Vivir con mi madre está bien, pero mi padre siempre ha sido alguien muy ignorante y ausente” (F.F.11)

“No dificulta la convivencia, sino que genera incomodidad” (U.F 14).

Las respuestas neutrales proporcionan ambiguedad, aportan aspectos positivos de la vida familiar para el malestar.

Por otro lado, los colaboradores que evaluaron las relaciones familiares como insatisfactorias utilizaron justificaciones tales como:

“Justificar mi relación familiar, el alcohol no es la razón de la insatisfacción”. (U.F16)

“Debido a que tengo un padre alcohólico, tengo una relación problemática, marcada por peleas.” (F.F15)

Las justificaciones sobre la evaluación insatisfactoria de la vida familiar trajeron polarización: Por un lado, un miembro de la familia señaló el consumo de alcohol como protagonista de discusiones familiares y generadora del peor estrés familiar: “La dificultad económica que surge después de la aparición del alcohol en el entorno familiar”. Y por otro lado, un usuario de alcohol hizo un punto de señalización de que la relación es insatisfactoria, pero no está relacionada con el uso de sustancias. ¿Fue el uso, entonces, el resultado de la relación insatisfactorio? Este mismo colaborador aclara que no, por mucho que este razonamiento sea prácticamente automático, dice que el peor estresante de su familia es “Opiniones sobre la forma en que funciona la vida dentro de la casa y sobre las cuestiones de respeto a la “jerarquía” de parentesco. “respetar a los ancianos” y así sucesivamente.” Señalar, por lo tanto, la dificultad del funcionamiento familiar en lo que respecta al establecimiento de funciones y jerarquía.

La pregunta sigue siendo: ¿Podrían estas respuestas diametralmente opuestas ser la expresión del papel que está ocupado en esta relación, es decir, los miembros de la familia o los usuarios?

Los veinte (20) miembros de la familia entrevistados describieron principalmente con 45% o nueve (9) miembros de la familia, la comunicación como “Algunos se oyen y se entienden, otros no”; con 25% o cinco (5) se describió una comunicación funcional (es decir, hay escucha recíproca y buena comprensión de los mensajes transmitidos); con 20% o cuatro (4) miembros de la familia se describió que la comunicación sería funcional si no fuera por el consumo de alcohol u otras drogas y con 10% o dos (2) miembros de la familia se informó que la comunicación es disfuncional (es decir, nadie es escuchado, nadie entiende).

Es posible observar a partir de estos resultados que en el 75% de los casos los miembros de la familia identifican problemas de comunicación en la familia, sin embargo, sólo el 20% atribuye esta disfunción directamente al uso de alcohol u otras sustancias.

Los dieciséis (16) usuarios entrevistados descritos en el 44% de los casos o siete (7) usuarios, la comunicación como funcional (es decir, hay escucha recíproca y buena comprensión de los mensajes transmitidos), con el 38% o seis (6) describieron la comunicación como “algunos son escuchados y entendidos, otros no”, con 13% o dos (2) usuarios se informó que la comunicación sería funcional , si no fuera por el uso si el alcohol u otras drogas y con el 6% o un (1) usuario se informa que la comunicación se describe como “Todo el mundo es escuchado y entendido, excepto yo”.

La percepción de un patrón de comunicación funcional parecía mucho más recurrente en el grupo de usuarios, destacando que ninguno señalaba la comunicación como disfuncional, aunque en el 57% de los casos también reconocían problemas de comunicación. Y fue entre los usuarios donde apareció una respuesta que parece indicar que en términos de comunicación, el individuo se encuentra a sí mismo parte de la familia (“Todo el mundo escucha y entiende, excepto yo”).

Los miembros de la familia describen principalmente el 60% o doce (12) que el apoyo emocional de su familia es satisfactorio (tengo seguridad en el apoyo emocional de mi familia). 25% o cinco (5) miembros de la familia describen la relación como insatisfactoria (me gustaría confiar en el apoyo familiar, pero no lo tengo) y 15% o tres (3) describen el apoyo emocional como neutral (no me importa, no necesito apoyo familiar)

Los usuarios entrevistados respondieron principalmente con 88% o catorce (14) usuarios que el apoyo emocional es satisfactorio (tengo seguridad en el apoyo emocional de mi familia.), con 13% o dos (2) usuarios informaron que el apoyo emocional es neutral (no me importa, no necesito apoyo familiar).Cabe señalar que ningún usuario indicó apoyo emocional insatisfactorio.

Usando la función de asociación libre, se pidió a los colaboradores que enumeraran una palabra que asociaban con el término familia, se obtuvieron las palabras:

De los 20 familiares que contestaron el cuestionario, el 15% o tres (3) familiares respondieron que la palabra que les hace referencia a la idea de familia es “Amor”, mientras que los otros diecisiete (17) familiares, correspondientes a 5% cada uno, respondió que las palabras asociadas eran “Amistad”, “Disruptivo”, “Bueno”, “Aburrido”, “Con muchos problemas”, “Compañeros”, Coraje “, Desapoio, peleas”, “Desunión”, “Diversión ”,“ Entre bofetadas y besos ”,“ Inexistente ”,“ Nada ”,“ Positivo ”,“ Necesita más unión ”,“ Unión ”,“ Unión, refugio seguro ”les recuerdan a“ familia ”.

Entre los 16 usuarios de alcohol u otras drogas que respondieron al cuestionario, el 13% o 2 usuarios respondieron que la palabra que se refiere a ellos la idea de familia es “unión”. Otro 13% se parece a la familia con la palabra “mess”. Los otros 12 usuarios respondieron de manera diferente, trayendo los siguientes términos: “base”, “compañerismo”, “amor”, “finanzas”, “hogar”, “miedo a perder”, “opiniones innecesarias”, “problemática”, “proteger”, “respeto”, “apoyo” y todo”.

Tanto los miembros de la familia como los usuarios citaron palabras emblemáticas similares asociadas con el término familia que apunta a narrativas sociales arraigadas en la subjetividad de las personas que lo asocian con el amor, la unidad, la seguridad y otros, al mismo tiempo hay respuestas que indican la antomía de estos valores, de todos modos, teniendo el primero como referencia.

De los veinte (20) miembros de la familia, el 55% o once (11) informaron que la resolución de sus conflictos familiares tiene lugar al hablar y negociar, el 5% o cinco (5) miembros de la familia informaron que la resolución de conflictos ocurre con una confrontación agresiva y el 20% o cuatro (4) miembros de la familia informaron que la resolución de conflictos ocurre con la negación y el pospuesto al conflicto.

De los dieciséis (16) usuarios, el 56% o nueve (9) usuarios informaron que los conflictos se resuelven hablando y negociando, 25% o cuatro (4) usuarios informaron que los conflictos se resuelven negando y posponiendo el conflicto, 19% o tres (3) usuarios informaron que los conflictos se resuelven con una confrontación agresiva.

En este caso, se observa que la mayoría de los encuestados se refirió a la resolución de conflictos mediante conductas positivas de gestión de conflictos. Por lo tanto, la mayoría de los miembros de la familia indicaron que hay una presencia de conflictos en el entorno familiar debido al uso de sustancias, como se puede ver a continuación:

De los veinte (20) miembros de la familia, el 65% o trece (13) respondieron que ya ha habido algún tipo de conflicto debido al consumo de alcohol u otras drogas. Mientras que el 35% o siete (7) informaron que no hubo conflictos debido al consumo de alcohol u otras drogas.

Los usuarios confirman la presencia de conflictos como consecuencia del uso de sustancias:

De los dieciséis (16) usuarios entrevistados, el 88% o catorce (14) informaron que hubo conflicto debido al consumo de alcohol u otras drogas.  Sólo 13% o dos (2) usuarios informaron que no hubo conflicto debido al consumo de alcohol u otras drogas. Estos datos parecen indicar que el uso de sustancias puede considerarse un factor de riesgo para los conflictos familiares. Y al revés, ¿sería verdad? Quiero decir, ¿el conflicto familiar sería un factor de riesgo para el consumo? Esta pregunta se hizo a los colaboradores y se obtuvieron las siguientes respuestas:

De los veinte (20) miembros de la familia entrevistados, el 55% o once (11) miembros de la familia informaron que no creen que el consumo de alcohol u otras drogas se facilite por conflictos familiares, mientras que el 45% o nueve (9) miembros de la familia creen que el consumo de alcohol u otras drogas es facilitado por conflictos familiares.

De los dieciséis (16) usuarios entrevistados, el 63% o diez (10) usuarios informaron que no creen que el consumo de alcohol u otras drogas se facilite por conflictos familiares, mientras que el 38% o seis (6) creen que el consumo de alcohol u otras drogas se ve facilitado por conflictos familiares.

Según estos datos, en esta investigación, los conflictos familiares no aparecieron como un factor de riesgo para el consumo de acuerdo con la percepción de la mayoría de los miembros de la familia y los usuarios.

Estableciendo el cruce de resultados entre la evaluación de la vida familiar, el consumo de sustancias y la gestión de conflictos, tuvimos los siguientes datos:

Teniendo en cuenta a todos los miembros de la familia que respondieron a la encuesta, el 25% o cinco (5) miembros de la familia declararon que en la vida familiar había conflictos debido al consumo de alcohol u otras drogas que se resolvieron con una confrontación agresiva. Otro 25% o cinco (5) miembros de la familia admitieron que hubo conflictos debido al uso de alguna sustancia que se resolvió hablando y negociando con el usuario. En el 15% de los casos o tres (3) miembros de la familia afirmaron que dentro de su convivencia había conflictos generados por el consumo de alcohol u otras drogas, que se resolvieron posponiendo el problema y negociando con los usuarios. El último 35% o siete (7) familiares informaron que no hubo conflicto debido al consumo de alcohol u otras drogas y que hubo una buena comunicación entre los miembros de la familia.

Entre los dieciséis (16) usuarios de alcohol u otras drogas en este estudio, 19% o tres (3) usuarios informaron que dentro de su vida familiar había conflictos debido a que el uso se resolvió con una confrontación agresiva; El 50% de los usuarios u ocho (8) dijeron que había conflictos debido al uso de alguna sustancia, que se resolvieron hablando y negociando, el 25% de los usuarios o cuatro(4) informan que no había conflictos dentro de la vida familiar que se resolvieron posponiendo el problema y negociando Y el último 6% o sólo un (1) usuario informó que no había conflicto de ningún tipo , y que hay una buena comunicación en su vida familiar.

Los usuarios que participaron en esta investigación identificaron casi en su totalidad la presencia de conflictos debido al uso de sustancias con diferentes formas de administrarlo. Con el fin de investigar la percepción de los miembros de la familia y los usuarios sobre la influencia de los patrones transgeneracionales en el uso de sustancias.

De los veinte (20) miembros de la familia entrevistados, el 55% o once (11) creen que el consumo de alcohol u otras drogas se ve facilitado por costumbres, hábitos o tradiciones. El otro 45% o nueve (9) miembros de la familia creen que el uso no es facilitado por costumbres, hábitos o tradiciones.

Hizo la misma pregunta para los usuarios la respuesta fue:

De los dieciséis (16) usuarios entrevistados, el 69% u once (11) creen que el consumo de alcohol u otras drogas se ve facilitado por costumbres, hábitos o tradiciones. El otro 31% o cinco (5) no creen que el uso no sea facilitado por costumbres, hábitos o tradiciones.

La mayoría de los miembros de la familia y los usuarios están de acuerdo en que las costumbres, hábitos y tradiciones favorecen el uso de sustancias, es decir, se consideró otro factor de riesgo para el consumo.

3.5 IMPACTOS EN LA RUTINA FAMILIAR Y LA CODEPENDENCIA

Se proporcionaron los siguientes datos para comprender los posibles impactos del uso de sustancias en la rutina familiar, así como para identificar si en esta muestra sería posible notar la presencia de codependencia en las relaciones familiares. Para ello, se formularon las siguientes preguntas:

De los veinte (20) miembros de la familia entrevistados, el 55% u once (11) informaron que no tenían sus rutinas comprometidas debido al consumo de alcohol u otras drogas del usuario de la familia y el 45% o nueve (9) miembros de la familia informaron que la rutina ya se ha visto comprometida debido al consumo de alcohol u otras drogas del usuario de la familia.

De los dieciséis usuarios entrevistados, el 73% u once (11) informaron que su rutina no se vio comprometida debido al consumo de alcohol u otras drogas, mientras que el 27% o cuatro (4) informaron que tenían sus rutinas comprometidas debido al consumo de alcohol u otras drogas.

De esta muestra, la mayoría de los miembros de la familia y los usuarios no percibieron impactos que comprometieron su rutina debido al uso de sustancias.  Además, no informaron de interbloqueos con respecto a dar dinero o no al usuario.

De los veinte (20) miembros de la familia entrevistados, el 60% o doce (12) informaron que no había ningún impasse entre dar dinero o no al miembro de la familia que consumía otras drogas, mientras que el 40% u ocho (8) informaron que había un estancamiento entre dar dinero o no al miembro de la familia que consumía alcohol u otras drogas.

De los dieciséis (16) usuarios entrevistados, el 75% o doce (12) informaron que no había ningún estancamiento entre dar dinero o no, mientras que el 25% o cuatro (4) informaron que ya ha habido este estancamiento.

Preguntados sobre el endeudamiento debido al consumo de sustancias, los miembros de la familia respondieron:

De los veinte (20) entrevistados, el 65% o trece (13) familiares informaron que no había endeudamiento debido al consumo de alcohol u otras drogas del usuario de la familia, mientras que el 35% o siete (7) miembros de la familia informaron que ya había habido endeudamiento debido al uso del usuario de la familia.

Presentaron la misma pregunta a los usuarios, respondieron:

De los dieciséis (16) usuarios entrevistados, el 94% o quince (15) informaron que no había endeudamiento debido al consumo de alcohol u otras drogas, mientras que el 6% o uno (1) usuario informó que ya ha habido endeudamiento debido al uso.

Aunque la mayoría de los usuarios y familiares niegan el endeudamiento y los impasídos en relación con dar dinero al usuario para comprar alcohol u otras drogas, en ambos grupos (miembros de la familia y usuarios) tenemos respuestas afirmativas que evidencian que estos fenómenos tienen cierta recurrencia en las relaciones familiares.

Preguntados sobre la pérdida o el despido del trabajo (u otra actividad similar) debido a su consumo de alcohol u otras drogas o por el uso de un miembro de la familia, los miembros de la familia declararon:

De los veinte miembros de la familia entrevistados, se informó que en el 95% de los casos o en diecinueve (19) no hubo pérdida de empleo debido al consumo de alcohol u otras drogas, mientras que en sólo el 5% o en uno (1) hubo una pérdida de empleo debido al consumo de alcohol u otras drogas.

Entre los usuarios, ninguno de ellos reportó pérdidas de trabajo o despidos debido al consumo de sustancias.

En cuanto al hecho de que dejó de expresarse por miedo a la reacción de otra persona que estaba bajo la influencia del alcohol u otras drogas, se obtuvieron las respuestas a continuación:

De los veinte (20) miembros de la familia, el 55% o once (11) informaron que no había falta de expresión porque la otra persona estaba bajo la influencia del alcohol u otras drogas, mientras que el 45% o nueve (9) informaron que ya había falta de expresión porque la otra persona estaba bajo la influencia del alcohol u otras drogas.

De los dieciséis (16) usuarios entrevistados, el 56% o nueve (9) informaron que ya había una falta de expresión porque la otra persona estaba bajo la influencia del alcohol u otras drogas, mientras que el 44% o siete (7) informaron que no había falta de expresión porque la otra persona estaba bajo la influencia del alcohol u otras drogas.

Las respuestas de los miembros de la familia y los usuarios mostraron que, en muchos casos, la expresión verbal se resuena debido a que el interlocutor está bajo la influencia del alcohol u otras drogas, lo que puede ser un intento de evitar una confrontación agresiva.

Cuando se les preguntó acerca de agredir o agredir en un contexto de consumo de alcohol u otras sustancias, los miembros de la familia dieron las siguientes respuestas:

De los veinte (20) familiares entrevistados, el 80% o dieciséis (16) informaron que no había habido ningún tipo de agresión debido al consumo de alcohol u otras drogas, mientras que el 20% o cuatro (4) familiares informaron que ya había habido algún tipo de agresión debido al consumo de alcohol u otras drogas.

Los usuarios presentaron lo siguiente:

De los dieciséis (16) usuarios entrevistados, el 62% o diez (10) informaron que no hubo ningún tipo de agresión debido al consumo de alcohol u otras drogas, mientras que el 38% o seis (6) informaron que ya ha habido algún tipo de agresión debido al consumo de alcohol u otras drogas.

Aunque las respuestas negativas superan las positivas, la presencia de situaciones de agresión se evidió en el discurso de los miembros de la familia y los usuarios.

A los miembros de la familia se les preguntó acerca de su percepción de la capacidad de su familia para satisfacer sus deseos/necesidades o no, de la siguiente manera:

De los veinte (20) miembros de la familia entrevistados, el 60% o doce (12) informaron que su familia no cumplía con sus deseos/necesidades, mientras que el 40% u ocho (8) informaron que su familia satisface sus deseos/necesidades.

Los usuarios respondieron:

De los dieciséis (16) usuarios, el 81% o trece (13) informaron que sus familias satisfacen sus deseos/necesidades, mientras que el 19% o tres (3) usuarios informan que sus familias no satisfacen sus deseos/necesidades.

La gran mayoría de los usuarios se dan cuenta de que su familia satisface sus deseos y necesidades.

Algunos miembros de la familia admitieron que encubrieron las transgresiones del pariente del usuario:

De los veinte (20) miembros de la familia entrevistados, el 60% o doce (12) informaron que no había encubrimiento de transgresión del miembro de la familia usuario, mientras que el 40% u ocho (8) informaron que ya ha habido un encubrimiento de alguna transgresión del pariente usuario.

Entre los usuarios, sólo un empleado admitió tener alguna transgresión encubierta por los miembros de la familia:

De los dieciséis (16) usuarios entrevistados, el 94% o quince (15) informaron que no había encubrimiento de familiares debido a ninguna transgresión, mientras que el 6% o uno (1) ya habían informado de que había un encubrimiento de alguna transgresión cometida.

Cuando se le preguntó acerca de la responsabilidad de la familia con los usuarios, se dieron las siguientes respuestas:

De los veinte (20) miembros de la familia, el 50% o diez (10) informaron que no se sienten responsables del usuario de alcohol u otras drogas, mientras que el otro 50% se siente responsable.

De los dieciséis (16) usuarios entrevistados, el 62% o diez (10) informaron que los miembros de la familia no se sienten responsables de ellos, mientras que el 38% o seis (6) informaron que sus familias se sienten responsables de ellos. Vale la pena recordar que todos los usuarios de esta muestra son mayores de edad.

En cuanto a cuál sería el peor factor estresante de la vida familiar de los treinta y seis (36) entrevistados, se informó, en su mayoría, que están relacionados con conflictos con los miembros de la familia.

(Indique cuál es el peor factor de estrés en su vida familiar:) “La falta de responsabilidad de mi padre” (F.F12)

(Indique cuál es el peor factor de estrés en su vida familiar:) “Madre” (U.F05)

Según el análisis de los cuestionarios, era posible notar que los conflictos con los miembros de la familia descritos anteriormente como los peores factores estresantes no estaban directamente relacionados con el consumo de drogas, sino más bien con cuestiones relacionadas con el funcionamiento familiar. Aunque, en menor número, también se encontraron respuestas que indicaban que los medicamentos eran el peor estresante de la familia.

(Indique cuál es el peor factor de estrés en su vida familiar:) “Drogas” (F.F26)

En opinión de los miembros de la familia acerca de por qué alguien está usando o empezando a consumir alcohol u otras drogas, entienden que ocurre debido a problemas en sus vidas que generan tristeza o depresión. Creen que el uso tiene lugar en situaciones de aislamiento o tristeza o incluso para entrar en algún grupo social que tenga el deseo de participar.

(En su opinión, ¿qué impulsa a alguien a consumir alcohol u otras drogas?) “Cuando se sienten solos para anestesiar el dolor emocional. Cuando no son muy felices” (F.F32)

(En su opinión, ¿qué impulsa a alguien a consumir alcohol u otras drogas?) “Depresión, peleas familiares, no ser entendido.” (F.F35)

Los familiares señalaron que lo que la gente ve positivo en el consumo de alcohol u otras drogas es el alivio de los problemas, es decir, una manera de olvidar los problemas de sus vidas y lo negativos, ven la drogodependencia y por lo tanto no pueden parar y con eso, tienen la expulsión de personas cercanas a ellos.

En opinión de los usuarios sobre por qué alguien está usando o empezando a consumir alcohol u otras drogas, afirman que se produce debido a la ansiedad o el ocio, haciendo uso en situaciones en las que se sienten estresados y en situaciones de frustración, como la pérdida de algún gran logro. Pero también por placer o transgresión.

(En su opinión, ¿qué impulsa a alguien a consumir alcohol u otras drogas?) “Muchos factores: socializar, válvula de escape de la “realidad”, probar una buena dosis de whisky, aliviar el estrés, rebelde contra los responsables (efecto primavera), etc. ” (U.U14)

(En su opinión, ¿qué impulsa a alguien a consumir alcohol u otras drogas?) “Cuando quieren buscar placer, o aliviar sentimientos o escapar de la realidad, o cuando se desarrolla la dependencia” (U.U22)

Los usuarios señalaron que la gente ve la fácil socialización y aceptación social, el bienestar, la recreación y la posibilidad de olvidar los problemas, de manera negativa, reportaron excesos, discriminación social y los riesgos de volverse dependientes.

(En su opinión, ¿qué ve la gente positiva cuando consume alcohol u otras drogas?) “Recreación, aceptación social y bienestar psicoactivo” (U.U20)

(En su opinión, ¿qué ve negativas las personas cuando consumen alcohol u otras drogas?) “Dependencia, efectos nocivos, la carga social asociada con cada tipo específico de droga” (U.U20)

(En su opinión, ¿qué ve la gente positiva cuando consume alcohol u otras drogas?) “Socialización facilitada” (U.U19)

(En su opinión, ¿qué ve negativas las personas cuando consumen alcohol u otras drogas?) “Excesos” (U.U19)

Los resultados encontraron, por lo tanto, que los miembros de la familia y los usuarios creen que el uso de sustancias está asociado con situaciones de tristeza y falta de otros repertorios para hacer frente a los problemas. Usuarios añadidos: uso recreativo; para mejorar el estado de ánimo.

Los resultados de esta investigación indican que investigar las relaciones familiares y el consumo de drogas requiere entender la complejidad en singularidad.

4. DISCUSIÓN

Este estudio tiene como objetivo presentar una comprensión relacional y contextualizada de la convivencia del usuario del alcohol y otras drogas y miembros de la familia desde el punto de vista de ambos. Con el objetivo de entender la convivencia intrafamiliar del usuario de alcohol y otras drogas en los tiempos contemporáneos; comprender las relaciones entre el alcohol y otros consumidores de drogas en sus entornos familiares; analizar la relación familiar desde la perspectiva del usuario del alcohol y otras drogas; para analizar la relación familiar desde la perspectiva de la familia de los usuarios de alcohol y otras drogas.

En esta sección de discusión, se pretende responder a estos objetivos articulando la descripción de los participantes sobre la base de su propia experiencia con la literatura estudiada sin la intención de agotar el tema, sino más bien ampliar la comprensión de las relaciones familiares y la dinámica en el contexto del consumo de sustancias. Debido a que se trata de un estudio cualitativo, el número de colaboradores en la muestra se consideró adecuado, así como la diversidad de su caracterización. Aunque la muestra estaba compuesta predominantemente de jóvenes, todavía tenía algunas personas de mediana edad y vejez. El nivel de educación, los ingresos familiares y el lugar de residencia presentaban diversidad, proporcionando la posibilidad de análisis y comparación de diferentes perspectivas en diferentes contextos en el intento de evitar la vicía.

El análisis de los resultados llevó a cabo las siguientes categorías de análisis: 1- Polisemia cuando el tema es: uso de sustancias 2- Convivencia intrafamiliar 3- Cómo los miembros de la familia y los usuarios de sustancias entienden los usos y abusos:

1- Polisemia: cuando el tema es el uso de sustancias

La gran primera evidencia y tal vez la contribución más importante de este estudio fue verificar que cuando el sujeto se refiere a las drogas, no hay homogeneidad en el lenguaje, en criterios de evaluación o clasificación, empezando por la definición misma de lo que es ser un usuario. Los resultados mostraron que el consumo o no de sustancias no era el único factor discriminatorio para que las personas se definieran a sí mismas como usuarios, sino la frecuencia con la que lo hacen. Sin embargo, la frecuencia también se evaluó con múltiples criterios, incluyendo, en algunos casos, el individuo utilizó diferentes criterios de evaluación y clasificación cuando el consumo era su familia. Es interesante notar que el modo de abuso o depende sólo fue indicado por los usuarios en relación con sus familiares y en ningún caso en relación con sí mismos. Arbitrariamente, el uso de sustancias diarias, semanales o mensuales, puede entenderse como usuario o no, así como indicar un uso ocasional, abusivo o depende.

En la revisión de la literatura (BRASIL, 2004; PETUCO, 2011) se observó que el tema del consumo de sustancias es el término incormico y controvertido “dependencia química”, que en última instancia es el corolario de disputas ideológicas. El presente estudio puede aclarar que las definiciones para los usuarios, la frecuencia permitida para el uso de sustancias y el modo de uso se definen a partir de la subjetividad de los sujetos, ciertamente construidas a partir de cuestiones ideológicas, morales, de experiencia, de autoevaluación y de auto-percepción.

Por lo tanto, es importante pensar que para establecer un diálogo con los usuarios de sustancias y/o sus familias, ya sea en el campo de la investigación, la práctica profesional o las políticas públicas, es importante al principio aclarar y planificar la comunicación, es decir, es necesario deconstruir los diversos “dialectos”, incluidos los técnicos, y construir nuevas narrativas que sean significativas y con significados compartidos entre todos. Las políticas públicas deben diseñarse para todos y al mismo tiempo para cada uno.

4.1 CONVIVENCIA INTRAFAMILIAR

El análisis de los resultados de esta investigación reveló que la mayoría de los entrevistados afirmaron que tenían una buena relación familiar a pesar de la existencia de conflictos. Indicaron que la comunicación funcional es un instrumento que permite la capacidad de la familia para acoger y proporcionar apoyo emocional a sus miembros. Los participantes de la encuesta, en su mayor parte, afirmaron tener seguridad en el apoyo emocional de mi familia.

Por otro lado, algunos entrevistados evaluaron sus relaciones familiares como neutrales, causando ambiguedad, trajeron aspectos positivos de la experiencia familiar que no estaban familiarizados con el malestar. Además, otros colaboradores evaluaron las relaciones familiares como insatisfactorias, no necesariamente vinculadas a conflictos derivados del uso de sustancias, sino también relacionadas con la dificultad del funcionamiento familiar, especialmente en lo que respecta al establecimiento de funciones y jerarquía.

Por lo tanto, se puede observar que hubo respuestas diversificadas, como predijo el Brasil (2004) que se refiere al impacto en la vida de las familias de los consumidores de drogas de una manera variada. Como por ejemplo, hubo familiares que describieron su vida familiar con buena comunicación y ausencia de conflictos, mientras que otros miembros de la familia describieron una situación totalmente opuesta, siendo el mismo caso para los usuarios de alcohol u otras drogas, que describieron a la familia como una base de apoyo y otros, como un “grupo de opiniones innecesarias”.

Miembros de la familia (45%) describieron la convivencia intrafamiliar con la comunicación funcional, aunque también identificaron problemas de comunicación en la familia, sin embargo, sólo el 20% atribuye esta disfunción directamente al uso de alcohol u otras sustancias.  Todavía entre los miembros de la familia, el 55% describió la resolución de conflictos hablando; la palabra “Amor”, la más asociada (15%) al concepto familiar.

El contacto intrafamiliar fue descrito por los usuarios (88%), con conflictos debido al uso de sustancias. La relación familiar descrita (88%) como satisfactorio, (44%) con comunicación funcional. La percepción de un patrón de comunicación funcional parecía mucho más recurrente en el grupo de usuarios que en el grupo de familiares, hubo dos casos con informes de comunicación disfuncional, aunque en el 75% de los casos también reconocieron problemas de comunicación. Fue entre los usuarios donde apareció una respuesta que parece indicar, en términos de comunicación, que el individuo se ve a sí mismo parte de la familia (“Todo el mundo escucha y entiende, excepto yo”).

El uso de sustancias fue señalado como un factor de riesgo de conflictos y peleas familiares, confirmando lo que se describe en la literatura (JOHNSON 1987, apud ANTÓN 2003, p.53). Así como, en esta muestra, se mencionó el consumo prevalente de alcohol, derivados del tabaco y marihuana en el que indica. que el consumo de sustancias es elevado, como se describe en el informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, 2016) de que más de 200 (doscientos) millones de personas entre adolescentes y ancianos ya han hecho algún tipo de droga en 2014 en todo el mundo.

Cabe señalar que los conflictos familiares se señalaron como resultado del uso de sustancias, inversamente, los conflictos familiares no fueron colocados por la mayoría como un factor de riesgo para el uso de sustancias.

Se observó que la mayoría de los entrevistados se referían a la resolución de conflictos mediante la conducta positiva de la gestión de conflictos, a saber, hablar y negociar.

La mayoría de los colaboradores entienden que el consumo de sustancias puede verse influenciado por costumbres familiares, hábitos y tradiciones, así como una alta prevalencia de repetición transgeneracional en el consumo de sustancias (el 94% de los usuarios indicaron que algún pariente también es un usuario), es decir, los patrones familiares de consumo representan otro factor de riesgo de uso, así como estudios de Brasil (2004) que informan que el impacto del alcohol u otras drogas en la familia varía de extrínsecos y características intrínsecas cada sistema familiar en el que hay un miembro que consume alcohol y otras drogas, porque los miembros de la familia pueden establecer una relación similar a la que el usuario tiene con la droga, el codependiente comienza a organizar su vida alrededor del usuario experimentando graves problemas resultantes de dicho funcionamiento.

Según esta muestra, la mayoría de los miembros de la familia y los usuarios no percibieron impactos que comprometieron su rutina debido al uso de sus propios miembros o familiares. Sólo un miembro de la familia reportó pérdida o despido como resultado del consumo de sustancias de un miembro de la familia. Aunque la mayoría de los usuarios y miembros de la familia niegan el endeudamiento y los impases con respecto a dar dinero al usuario para comprar alcohol u otras drogas, en ambos grupos (miembros de la familia y usuarios) tuvieron respuestas afirmativas que evidencian que estos fenómenos tienen cierta recurrencia en las relaciones familiares. Sólo un empleado admitió tener alguna transgresión encubierta por los miembros de la familia, aunque el 50% de los parientes admitió sentirse responsable de los parientes del usuario. Por lo tanto, no teníamos suficientes datos para poder afirmar si el fenómeno de la codependencia está presente o no en las relaciones investigadas.

Comprender la vida familiar descrita por los usuarios de sustancias y por los miembros de la familia de los usuarios implicaba identificar la complejidad en la separación de lo que es un “problema” derivado del uso de drogas de la propia relación intrafamiliar y de las ideas familiares presentes en nuestra subjetividad. Si, por un lado, las penas y los sufrimientos desencadenan el deseo de utilizar sustancias, por otro lado, se busca una vida satisfactoria en la familia. Tanto los miembros de la familia como los usuarios citaron palabras prototípicas asociadas con el término familia que indica la reproducción de narrativas sociales arraigadas en la subjetividad de las personas que ven a la familia como algo más que una institución, sino más bien como un valor. Vinculándolo a la idea del amor, la unidad, la seguridad, entre otros, al mismo tiempo hubo respuestas que indicaban el anthonny minof de estos valores, de todos modos, con el primero como referencia.

4.2 CÓMO ENTIENDEN LOS MIEMBROS DE LA FAMILIA Y LOS USUARIOS DE SUSTANCIAS LOS USOS Y ABUSOS

Los resultados encontraron que los miembros de la familia y los usuarios creen que el consumo de sustancias está asociado con situaciones de tristeza y falta de otros repertorios para hacer frente a los problemas. Los usuarios añadidos: uso recreativo y uso para mejorar el estado de ánimo.

Los encuestados, tanto familiares como usuarios, informaron en la gran mayoría que alguien es llevado a consumir alcohol y otras drogas debido a cierta infelicidad, como el estrés diario derivado de las peleas, depresión y cierta tristeza instalada por algún contexto social en el que el persona vive, por lo tanto, el uso de drogas sirve para mitigar o eliminar esta tristeza y / o para intentar olvidar estos problemas, es decir, un alivio para su dolor, como lo describen Pratta y Santo (2009). Otro factor que relataron los entrevistados fue que el uso lo hacen influencias sociales además de señalización de Botvin y Botvin (1994, apud ANTÓN, 2000).

La mayoría de los miembros de la familia que consumen alcohol u otras drogas son predominantemente masculinos, con un padre o tío, que está en línea con la investigación de Bortolon et al. (2015) que informan que la socialización de los varones parece cooperar con la mayor prevalencia de uso entre ellos.

Johnson (1987, apud ANTÓN 2003) y Jessor (1982, apud ANTÓN 2000) aportan en sus obras que el estrés emocional, la baja autoestima, la autoimagen negativa o la depresión son factores que pueden llevar a un individuo a consumir alcohol y otras drogas, creando una falsa ilusión de que están en control de la situación sin riesgo de convertirse en usuarios de alcohol y otras drogas. En esta investigación, no se recopilaron datos que permitieran inferencias sobre la autoestima o la autoimagen de los empleados, sin embargo, tanto el estrés como la depresión fueron citados por los usuarios y familiares como factores de riesgo para el consumo de sustancias. Los miembros de la familia tendían a identificar el uso de sustancias predominantemente relacionadas con la función de “medicina”, como ya se ha mencionado, alivio del dolor. Por otro lado, los usuarios añaden placer y ocio de una manera preponderante. También se mencionó el uso como transgresión.

El uso de sustancias todavía parecía ligado a personas que necesitan tener placer o evitar el dolor en la cara de las adversidades de la edad adulta, como lo indican Bortolon et al. (2015), así como algunos entrevistados informan el uso de alcohol u otras drogas para este propósito.

(En su opinión, ¿qué impulsa a alguien a consumir alcohol u otras drogas?) “La infelicidad, el desempleo, la falta de dinero…” (F.F26)

(En su opinión, ¿en qué situaciones las personas consumen alcohol u otras drogas?) “Tristeza” (F.F26)

(En su opinión, ¿qué impulsa a alguien a consumir alcohol u otras drogas?) “Depresión, soledad, intento de escapar de la realidad” (U.F12)

(En su opinión, ¿en qué situaciones las personas consumen alcohol u otras drogas?) “Estrés, tristeza” (U.F12)

Se concluye que la comprensión de los usos y abusos de sustancias tiene diferentes significados, transición entre el alivio del dolor, el placer, la inserción social, la transgresión social, entre otros. Así, como advirtió Petuco (2011) cuando presentó su reflexión sobre los problemas relacionados con el consumo de drogas en los tiempos contemporáneos, aboga por la necesidad de una escucha radical del otro, yendo más allá de lo que se está colocando como normativo, indicando la necesidad de dialogar con la diversidad. Así, los profesionales que trabajan o trabajan en la zona deben partir siempre de los significados que pueden surgir del diálogo con quienes asistieron, ya sean usuarios y/o familiares, evitando así, incurrir en monólogos colectivos o estar exclusivamente al servicio de la reproducción de ideologías sociales.

5. CONCLUSIÓN

Sobre la base de lo que se presentó en el presente estudio, se puede concluir que el estudio sobre la relación intrafamiliar con los usuarios de alcohol u otras drogas cumplió con lo que se propuso, ya que era posible ampliar la comprensión de la experiencia de los miembros de la familia y los usuarios de sustancias sobre la vida familiar. La descripción de los dos grupos fue similar con respecto a la vida familiar, ambos lo consideran positivo y como una fuente de apoyo emocional. Por otro lado, cuando se les pidió que hablaran genéricamente sobre lo que genera el consumo de sustancias, surgió el discurso social que comúnmente vincula el uso a conflictos familiares y/o a un familiar que no responde, física o emocionalmente ausente.

Por lo tanto, una brecha entre la percepción de la propia relación familiar y la visión de otras familias que también tienen miembros que usan sustancias son abiertas.  Sin embargo, cabe señalar que esta muestra estaba compuesta por personas que consideraban su propio uso o el uso del miembro de la familia como ocasional (incluso si alguna frecuencia indicada de uso diario), es decir, tal vez esta muestra no contempla el uso que incluso compromete la vida familiar o personal. Por lo tanto, se recomienda que en un próximo estudio, se utilicen como criterio de selección a individuos que se consideren dependientes de sustancias como criterio de selección, de modo que la convivencia pueda entenderse en este contexto. Además, sería interesante investigar a los usuarios y sus respectivas familias en un próximo estudio con el fin de establecer una relación directa entre las narrativas de ambos.

Los miembros de la familia y los usuarios también convergieron en la percepción de la presencia de conflictos intrafamiliares debido al uso de sustancias, así como, fueron puntuales al afirmar que manejan los conflictos predominantemente positivamente sin recurrir a una confrontación agresiva. Estos datos desmitifican la percepción habitual de que la dinámica familiar de los usuarios de sustancias está impregnada por la violencia. La comunicación funcional se indicó como el instrumento que garantiza relaciones familiares satisfactorias.

En cuanto a las interpretaciones de usos, abusos, definiciones sobre evaluación de frecuencias y modos de uso, las respuestas de los usuarios y familiares convergieron en la diversidad y la arbitrariedad. Independientemente de si eran usuarios o familiares, cumplían con un patrón particular para cada individuo y a menudo diferían de las normas normativas establecidas por los organismos de salud, como la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta divergencia hace posible entender por qué tan a menudo la comunicación entre los usuarios, familiares y profesionales que trabajan en el área de la adicción a las drogas es disfuncional y frustrante para todos los interlocutores.

Un punto importante a tener en cuenta para futuras investigaciones es la visión de las personas que están fuera del contexto del consumo de alcohol u otras drogas en las personas que son usuarios, porque hay una serie de prejuicios y estigmas que se centran en este último, que termina dándoles baja autoestima y la tendencia a alejarse de las personas , por lo tanto, a menudo se les ve como personas no sociables. Así, a menudo surgen el sentimiento de exclusión social y la tendencia a buscar el grupo de iguales, formando así un ciclo en el que los usuarios de sustancias están socialmente segregados. En el grupo familiar, se observó que cada familia funciona como un sistema diferente y único.

El consumo de alcohol u otras drogas puede entenderse de diferentes maneras porque en muchas familias se ha observado la repetición transgeneracional del consumo de sustancias, dándoles una forma de lidiar con la situación sui generis, algunas como parte de una tradición familiar, otras con naturalización total sobre el fenómeno o incluso, con funciones y funciones muy bien demarcadas frente al consumo de sustancias. Por otro lado, como se muestra en los cuestionarios, algunas familias han puesto que hay una tensión en el sistema familiar debido al consumo de alcohol u otras drogas, y una cierta perplejidad en su manejo. Otro punto que merece una mayor investigación son los tratamientos dirigidos a las personas que consumen alcohol u otras drogas y sus familias. Tan controvertidas como las definiciones sobre ser usuario o no sería apropiado escuchar a los usuarios y familiares sobre cómo evalúan los diversos tratamientos: desde la hospitalización hasta la reducción de daños. En cualquier caso, para los tratamientos de estas personas que consumen alcohol u otras drogas y sus familias, es necesario que existan profesionales capacitados capaces de desarrollar estrategias de atención que privilegian las singularidades de cada individuo, y así, la identificación del mejor tratamiento indicado para cada caso.

La investigación y las intervenciones sobre el consumo de sustancias son de suma importancia teniendo en cuenta los impactos recursivos en la vida personal del individuo, en su sistema familiar y en la sociedad en su conjunto. Distanciándose de la idea de demonización de las drogas, este estudio tenía como objetivo aclarar la complejidad de separar lo que es un “problema” derivado del uso de drogas de la propia relación intrafamiliar. Como es típico en la contemporaneidad, los sentimientos y valores, a menudo antagónicos, se superponen y coexisten. Si, por un lado, las penas y los sufrimientos desencadenan el deseo de utilizar sustancias, por otro lado, se busca una vida familiar satisfactoria.

En conclusión, este estudio está destinado a fomentar una mayor investigación que amplíe el conocimiento sobre el tema y especialmente sobre las relaciones intrafamiliares más allá de la culpa del fenómeno de las drogas.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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[1] Consejero. Licenciado en psicología, mejora en psicología clínica, máster en psicología clínica.

[2] Graduación en progreso en Psicología.

Enviado: Mayo, 2020.

Aprobado: Noviembre, 2020.

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