Prevalencia y aspectos epidemiológicos de la enteroparasittosis y su relación con el estado nutricional en niños que viven en el barrio de Beira Río de Imperatriz, MA en 2011

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ARTÍCULO ORIGINAL

PIRES, Renata de Cássia Coêlho [1], LUCENA, Adriana Dias [2], MANTESSO, Jhennyfer Barbosa de Oliveira [3], CORVELO, Tereza Cristina de Oliveira [4]

PIRES, Renata de Cássia Coêlho. Et al. Prevalencia y aspectos epidemiológicos de la enteroparasittosis y su relación con el estado nutricional en niños que viven en el barrio de Beira Río de Imperatriz, MA en 2011. Revista Científica Multidisciplinar Núcleo do Conhecimento. Año 05, Ed. 07, Vol. 04, págs. 51-70. Julio de 2020. ISSN: 2448-0959, Enlace de acceso: https://www.nucleodoconhecimento.com.br/salud/prevalencia-y-aspectos

RESUMEN

El parasitus intestinal se considera un problema de salud pública, especialmente en las regiones en desarrollo, en los niños, pueden desencadenar diversas consecuencias como el retraso físico, mental y social. Así, este estudio investigó la prevalencia y los aspectos epidemiológicos de la enteroparasitaria y su relación con la anemia y el estado nutricional entre los niños de 1 a 10 años en un barrio pobre de Imperatriz/MA/Brasil en 2011. Se analizaron los resultados del examen parasitológico de heces, hemoglobina y dosis de hierro súbrico, además de mediciones antropométricas. Se encontró una prevalencia del 60% para enteroparasittosis, representada por Ascaris lumbricoides (20%); Giardia lamblia (14%) y Endolimax nana (14%). En cuanto al género y el grupo de edad, no se identificaron diferencias significativas en la prevalencia de los parasitos intestinales. Se observó una asociación entre enteroparasitaria y anemia, ya sea debido a la deficiencia de sumoiron, hemoglobina o ambos estimadores, y el 80% (16/20) de los niños con anemia tenían parasitosis intestinal con predominio de A. lumbricoides. La evaluación nutricional mostró que el 50,98% de los niños tenían un estado nutricional adecuado (eutrófico) y el 34,31% presentaban alteraciones con bajo peso y riesgo nutricional y el 57,14% de ellos estaban parasitados. En los aspectos socioambientales, se registró la ausencia de políticas públicas que corroboran la alta prevalencia de parasitasis. Así, se puede comprobar que las medidas preventivas son esenciales para el control de la parasitasis, ya que además del daño a la salud, reflejan las condiciones de vida a las que está expuesta la comunidad, como el saneamiento básico deficiente y la mala calidad de vida, especialmente para los niños.

Palabras clave: Niños, parásito intestinal, estado nutricional.

INTRODUCCIÓN

La enteroparasitaria es una causa relevante de problemas de salud en los países en desarrollo, junto con las desviaciones nutricionales. En Brasil, existe una tendencia a aumentar el número de niños con baja estatura y sobrepeso, que pueden estar asociados con la desnutrición1. La parasitosis intestinal se considera un problema de salud pública, que a pesar de todos los avances tecnológicos y médicos, todavía son fuertemente incidentes hoy en día, siendo capaz de desencadenar diferentes consecuencias para sus pacientes en niños sanos, a menudo no conducen a consecuencias graves, mientras que en las mujeres desnutridas pueden dañar no sólo el aumento de peso, sino también la altura2.

En Brasil, la prevalencia de parásitos intestinales es alta, variando entre los estados y municipios, como São Paulo, donde la prevalencia de enteroparásitos oscila entre el 11,5 y el 21,3% entre los niños de 0 a 12 años3. Por otro lado, la asociación entre la anemia y la enteroparastasis es un tema de creciente interés en el campo de la salud pública, especialmente en los niños en edad escolar. La anemia generalmente es el resultado de una deficiencia simple o combinada de nutrientes como hierro, ácido fólico y vitamina B12. Otros tipos más raros pueden ser causados por piridoxina, riboflavina y deficiencia de proteínas4.

En la infancia, la anemia junto con la parasitsis interfiere con los procesos de crecimiento y desarrollo, los cambios conductuales y psicológicos, y la disminución de la actividad física. También se pueden observar alteraciones de la piel y la mucosa y deterioro de los sistemas digestivo e inmune5.

Entre los niños en edad escolar, la presencia de algunos parasitos generalmente determina la aparición de anemia, especialmente deficiencia de hierro. Los anquilostomas (A. duodenale y N. americanus) son los helmintos más asociados con esta patología, pero otras especies como A. lumbricoides, T. trichiura y S. mansoni también están relacionadas con la anemia. La intensidad de la manifestación depende de la edad, estado nutricional, carga parasitaria y asociación con otras especies de parásitos6.

Así, con el fin de verificar y monitorear las condiciones de salud actuales de los niños que utilizan los servicios de atención primaria de la Unidad de Salud del barrio de Beira Rio en Imperatriz-Maranhão, se llevó a cabo una investigación sobre la presencia de enteroparastasis y su posible asociación con la anemia y el estado nutricional en esta muestra infantil.

MATERIALES Y MÉTODOS

Serie

El estudio consiste en el análisis de 102 registros médicos de niños de 1 a 10 años a los que asistieron en la Unidad básica de Salud del barrio de Beira Rio en Imperatriz, MA en 2011. La ciudad de Imperatriz, MA se encuentra en el oeste del estado de Maranhão, en la microrregión no 38. Tiene límites con los municipios de Cidelândia, São Francisco do Brejão, João Lisboa, Davinópolis, Governador Edison Lobo y el Estado de Tocantins. El municipio está a 629,5 kilómetros de la capital del estado. Sus coordenadas geográficas son 5o 31′ 32′ latitud sur; 47o 26′ 35′ de longitud a W Gr., con una altitud media de 92 metros sobre el nivel del mar. Actualmente la ciudad tiene 247.553 habitantes7.

Se utilizó una forma estándar para recopilar información sobre la antropometría (peso y estatura), el sexo, la edad, la asistencia a la escuela, el área de residencia, la presencia de saneamiento básico, la recolección de basura, la aparición de diarrea y complicaciones debidas a la enteroparasitaria y los resultados de las pruebas de recuento sanguíneo; hierro sérico y parásito encontrado en las heces, además de registrar casos negativos para verificar la prevalencia de los parásitos descritos.

EXAMEN PARASITOLOGICAL DE LAS FECES (EPF)

El diagnóstico parasitológico de las heces se realizó por método directo con observación morfológica por microscopía ligera.

CRITERIOS DE DIAGNÓSTICO

A través de los registros de la Unidad Básica de Salud, los criterios de diagnóstico se realizaron de la siguiente manera:

a) Hemoglobina: determinada por la evaluación cuantitativa de la hemoglobina corpuscular media (HCM) por absorción por el método de hemoglobina de cianuro. Por lo tanto, de acuerdo con los criterios de la OMS (Organización Mundial de la Salud) para la determinación de la anemia, se consideran concentraciones de hemoglobina por debajo de 11g/dL.

b) Hierro transparente: analizado utilizando el método enzimático colorimétrico de merck (en el aparato Mega). La anemia se consideró deficiencia de hierro cuando la concentración de hierro sérico fue inferior a 45 mg/dL, además del análisis de estiramiento sanguíneo en relación con el patrón de glóbulos rojos microcíticos e hipocrómicos.

c) Para la clasificación del estado nutricional, se adoptó el método antropométrico, utilizando la tarjeta del niño donde la relación entre peso y edad, peso y altura se evalúa a través del gráfico de la curva de crecimiento y luego se registra correctamente en los registros familiares del niño atendido y sigue la siguiente estandarización:

  • Variables: peso y edad
  • Indice: Peso y edad (P E)
  • Referencia: NCHS (Centro Nacional de Estadística de la Salud – 1977)
  • Puntos de corte: (p0, p1; p3; p10; p97).

Estos puntos de corte (percentiles 0,1, 3, 10 y 97) para el indicador Peso por edad permiten la siguiente clasificación del estado nutricional infantil de acuerdo con los criterios del Ministerio de Salud:

  • P/E por debajo del percentil 0.1: niño con peso muy bajo para la edad.
  • P/E mayor o igual que el percentil 0.1 e inferior al percentil 3: niño con bajo peso para la edad.
  • P/E mayor o igual que percentil 3 e inferior al percentil 10: niño en riesgo nutricional.
  • P/E mayor o igual que el percentil 10 y menor que el percentil 97: niño con peso apropiado para la edad (eutrófico).
  • P/E mayor o igual que el percentil 97: niño en riesgo de sobrepeso.

Se adoptó la clasificación de las manifestaciones orgánicas del Sistema de Vigilancia Alimentaria y Nutricional (SISVAN), que incluye tres grupos:

  • Adecuación nutricional (Eutrofia): Manifestación producida por el equilibrio entre el consumo en relación con las necesidades nutricionales.
  • Deficiencia Nutricional: Manifestaciones producidas por insuficiencia cuantitativa y/o cualitativa de ingesta de nutrientes en relación con las necesidades nutricionales.
  • Trastorno nutricional: Manifestaciones producidas por exceso y/o desequilibrio de la ingesta de nutrientes en relación con las necesidades nutricionales.

ASPECTOS ÉTICOS

El estudio fue sometido a análisis por el Comité de Etica de Investigación del Centro de Medicina Tropical de la Universidad Federal de Pará – UFPA y de acuerdo con los criterios establecidos en la resolución 196/96 que se ocupa de la investigación con los seres humanos.

ANÁLISIS DE DATOS

Todas las variables descritas anteriormente fueron notificadas y compiladas a partir de los formularios respondidos a través de registros médicos, donde se analizaron en bases de datos del programa BioEstat 5.0, y se utilizaron estadísticas descriptivas y analíticas. Para el análisis estadístico de los resultados, se utilizaron las pruebas exactas de chi-cuadrado y pescador. El nivel de significancia aceptado fue p < 0.05.

Resultados

Analizamos 102 registros médicos de niños, de 01 a 10 años de edad, según los datos de los registros médicos analizados el 56,8% (58/102) representaron el sexo masculino y el 43,2% (44/102) mujeres. La Tabla 01 muestra la distribución de los resultados según el género y el grupo de edad de los niños encuestados.

Entre las parasitosis más comunes encontradas en el sitio encuestado, hubo un predominio de protozoos (56%), representados por Entamoeba coli, Endolimax nana (no patógeno) y Giardia lamblia (patógeno), que también se presentaron en asociación, que generó 06 casos (06%) biparasitismo en los niños evaluados, sin embargo, hubo un índice aislado más alto de helminidades causadas por Ascaris lumbricoides (20%). La distribución específica de estos parasitus intestinales en la muestra estudiada reveló 14% giardia lamblia y 4% de multiparasitaria con 2% asociado con Ascaris lumbricoides y Endolimax nana y 2% con Giardia lambria y Endolimax nana (Figura 1). Además de estas especies parasitarias, se identificaron los siguientes comensales: Entamoeba coli (6%), Endolimax nana (14%) y 02 casos tenían ambas especies. El 40% restante no presentó ninguna alteración de la microscopía parasitológica de las heces.

En la distribución del parasitus intestinal en relación con el género, se identificaron tasas de prevalencia del 60,34% (35/58) en los hombres y del 59,09% (26/44) en las mujeres (Figura 01).

Figura 01 – Prevalencia del parasito intestinal según clasificación de género.

Fuente: Investigación de campo, 2012.

Esta diferencia de prevalencia entre hombres y mujeres no fue estadísticamente significativa. (c2Yates a 0,006; p- 0,9395). En cuanto al grupo de edad, se verificaron las siguientes tasas de infección: en el grupo <4 años, se detectaron el 60,7% (17/28), entre los niños de 4 años y 7 la tasa fue de 59,45 (22/37) y entre el grupo de edad de 7 a 10 años de edad el porcentaje de parásitos fue el mismo valor que el grupo anterior (Figura 02). No hubo variación en la tasa de prevalencia de enteroparastasis entre diferentes grupos de edad (c2 a 0,013; GL 2; p- 0,9934).

Figura 02 – Prevalencia del parásito intestinal según grupo de edad.

Fuente: Investigación de campo, 2012.

En cuanto a la relación entre la dosis de hierro sórico y la enteroparasitosis, los resultados muestran que 12 (11,76%) de los niños presentaron alteraciones en los niveles séricos de hierro, con valores por debajo de lo esperado, y de estos 11 (91,66%) parasitaron, con 05 (45,45%) por Ascaris lumbricoides y 06 (54,56%) protozoos, incluyendo 27,27% con giardiasis. En los parámetros de normalidad, 78 (76,48%) niños con niveles normales de hierro sérico y de estos 40 (51,28%) fueron positivos para la parasitsis intestinal. En el análisis estadístico de estos datos, se verifica que existe una asociación entre la presencia de parasitus intestinal y la deficiencia de hierro súter como se muestra en la tabla 02.

En la distribución de la población estudiada según los niveles de hemoglobina y su relación con la parasitosis intestinal, 11 (10,78%) niños con bajo nivel de hemoglobina (<11 g/dL), que inserta este porcentaje como pacientes con anemia, de estos 07 (63,63%) estaban con algún parásito intestinal. La asociación entre los resultados del examen parasitológico de las heces y los niveles de hemoglobina no fue significativa (Tabla 01).

Tabla 01 – Niveles de dosificación de hemoglobina relacionados con la prevalencia de enteroparasitaria en la población estudiada.

Hemoglobina Parásitos intestinales Total (%)
Presencia (%) Ausencia (%)
Deshabilitado (<11 g/dl) 07 (63,63) 04 (36,37) 11 (10,78)
Normal (11-12 g/dl) 17 (60,71) 11 (39,29) 28 (27,45)
Alto (> 12 g/dl) 37 (58,73) 26 (41,27) 63 (61,77)
Total 61 (59,80) 41 (40,20) 102 (100)

(Prueba de GWilliams a 0.1040; GL 2; p. 0,9493)

Fuente: Investigación de campo, 2012.

La Tabla 02 se refiere a la distribución de la población estudiada según la presencia de anemia en relación con los resultados positivos y negativos de SLP, donde valores inferiores a la hemoglobina recomendada y/o hierro serílico se caracterizaron como anemia. Estos casos representaron el 19,62% (20/102) de los niños estudiados, y el 15% (3/20) tenían deficiencia de hemoglobina y hierro, el 40% (8/20) eran deficientes sólo en hemoglobina y el 45% (9/20) sólo eran deficientes en summumoiron. Entre los niños con anemia, ya sea debido a la deficiencia de hierro suml, hemoglobina o ambos de estos estimadores, 80% (16/20) presentaron parasitosis intestinal con predominio de A. lumbricoides.

El análisis comparativo de estos datos, considerando la presencia x ausencia debido a anemia y parasittosis demostró que la presencia de anemia depende del parasitus intestinal (Prueba de Fisher bilateral exacta 0.0452). La evaluación del estado nutricional de la población estudiada encontró que 18 niños tenían bajo peso para la edad, y 17 niños estaban en riesgo nutricional. De estos niños, el 57,14% (20/35) fueron parasitados, particularmente con el predominio de G. lamblia y A. lumbricoides. En cuanto a la eutrofia, 52 niños tenían sobrepeso y todavía 15 niños estaban en riesgo de tener sobrepeso. En estas categorías de eutróficos y con sobrepeso, la mayoría (61,19%) también presentó parasitosis (Tabla 5), y la ascaridiasis fue predominante en la giardiasis. Por lo tanto, una relación de dependencia entre el estado nutricional y la parasittosis intestinal no se evidió en la muestra estudiada.

Tabla 02 – Distribución de datos según la presencia de anemia en relación con los niveles de hemoglobina y hierro sérico.

Anemia Parásitos intestinales Total
Presencia (%) Ausencia (%)
Hb (<11)/Fe (<45) 02 (66,67) 01 (33,33) 03
Hb (<11)/Fe (>45) 05 (62,50) 03 (37,50) 08
Hb (>11)/Fe (<45) 09 (1,00) 09
Hb (>11)/Fe (>45) 45 (54,88) 37 (45,12) 82
Total 61 (59,81) 41 (40,19) 102

Fuente: Investigación de campo, 2012.

El barrio de Beira Rio en Imperatriz (MA) fue evaluado por las características de saneamiento básico que implicaban la identificación de la principal fuente de suministro y tratamiento de agua, presencia de red de alcantarillado, recolección de basura y dispensación (Tabla 03). Los datos muestran que hay recolección de basura en la comunidad estudiada, así como agua entubada, sin embargo, no hay red de alcantarillado y los desechos se vierte en residuos asépticos. En cuanto al tratamiento del agua, el 35,2% realiza el tratamiento del agua a través de la filtración y el 64,8% no realiza ningún tipo de tratamiento, siendo el mismo consumido directamente desde los grifos. El lugar, a pesar de haber sido considerado con recolección regular de basura, tiene la presencia de focos de basura en tierras baldías y calles sin pavimento adecuado, con la presencia de animales sueltos y saneamiento deficiente, sin deserción y arroyos con agua contaminada.

Cuadro 03 – Distribución de datos según el saneamiento básico en el sitio encuestado

Variable Sí (%) No (%) Total
Tratamiento del agua (35,2%) (64,8%) (100%)
Red de alcantarillado (0%) (100%) (100%)
Recolección (100%) (0%) (100%)
Agua entubada (100%) (0%) (100%)

Fuente: Investigación de campo, 2012.

Discusión

El parasitus intestinal es un problema de distribución mundial, pero es especialmente relevante en regiones con bajo nivel socioeconómico, ya que su transmisión está relacionada con las condiciones ambientales y la calidad del saneamiento básico, condiciones que siguen siendo muy precarias en los países en desarrollo.

La investigación realizada en el barrio de Beira Rio en Imperatriz (MA) mostró una prevalencia del 60% del parasito intestinal, revelando las condiciones de vida de esta comunidad. Otros estudios8, 9 entre escolares de diferentes regiones brasileñas reportaron prevalencias similares, una imagen de que esta enfermedad sigue estando fuertemente presente en la población brasileña.

En este estudio se encontró que más de la mitad del género de cada niño presentaba algún tipo de parásito, por lo que esta diferencia no es estadísticamente significativa. Asimismo, la alta frecuencia de enteroparasitosis observada entre niños de diferentes grupos de edad (<04; ≥04 y <07; ≥07 años) puede deberse a un déficit en el autocuidado y descuido de los hábitos de higiene e incluso a que la mayoría de ellos (64,8%) utilizan agua no tratada y consumida directamente del grifo, lo que no evita la eliminación de probables contaminaciones por la red de abastecimiento, como protozoos que pueden resistir la acción del cloro, cuando rara vez se utiliza en tratamiento de agua 10.

En algunos tipos de parásitos intestinales, como Giardia lamblia, a medida que avanza la edad disminuye la aparición de este parásito, ya que los factores inmunológicos están involucrados en este proceso, sin embargo, esta característica puede ser utilizada por otra enteroparasitaria, ya que a medida que crece el ser humano, su resiliencia, protección, así como los niveles de higiene y educación también tienden a mejorar11. Los parásitos pueden causar enfermedades en su huésped ya sea por la competencia por los nutrientes o por la respuesta inmune a los invasores12.

En este estudio, la alta prevalencia de Ascaris lumbricoides (20%) puede compararse con otros hallazgos13 que también detectaron altas tasas (51%) de esta alminosis en niños. Este parásito está presente en individuos que viven en condiciones de grandes grupos, y su prevalencia es mayor en los niños. El hábito de tomar la mano en la boca en varias situaciones asociadas con otros factores epidemiológicos de la enfermedad hace que este índice sea cada vez más alto en esta fase14.

Otra justificación para esta prevalencia de Ascaris lumbricoides se puede atribuir al modo de transmisión de este helminto, que infecta a las personas por vía fecal-oral, común entre los niños15. Así, esta evidencia refuerza la realidad de la enfermedad en Brasil, donde la frecuencia de estos organismos puede variar de una región a otra, porque además de depender del medio ambiente húmedo y de los vectores propicios para su ciclo, revela la consternación con la comunidad16. En general, la especie A. lumbricoides afecta de 20 a 30% de la población de las Américas17.

En cuanto a los protozoos, la giardiasis también era frecuente (14%), aunque los resultados podrían haber sido más expresivos, ya que el registro del examen parasitológico de las heces adoptado en el sitio estudiado provino de una sola muestra de heces, y este tipo de análisis cuando se utiliza para la detección de quistes, que se eliminan intermitentemente, puede reducir entre un 30% y un 50% la sensibilidad del resultado18 , que puede haber subestimado la frecuencia encontrada para Giardia lamblia.

En este estudio, cabe destacar que entre los niños identificados con anemia, la mayoría de ellos tenían algún tipo de parásito19. Dado que esta asociación significativa entre la parasitusis y la anemia se explica por el resultado de que el hierro se absorbe a través de la pared intestinal en el duodeno y el yeyuno y se cree que esta absorción puede verse afectada por la presencia de Ascaris lumbricoides en esta parte del intestino20. Por otro lado, en ascaridíase, la anemia suele ser de orden secundario, causada por hemorragias, que pueden ser producidas por las larvas de este parásito en tránsito desde capilares hasta alveolos21.

La presencia de anemia debida a enteroparasitis es una resultante de varias formas de pérdida de sangre, tales como: desnutrición (Ascaris lumbricoides), acción hematófaga (Ancylostoma sp.) y ulceración de las membranas mucosas intestinales (Entamoeba histolytica), y puede evolucionar con el empeoramiento del cuadro clínico, que depende de la carga parasitaria, edad, estado nutricional y fisiológico del organismo, así como la asociación con otras especies parasitarias patógenas. Aunque en este estudio ancylostoma sp. y Entamoeba histolytica no se han encontrado en los niños investigados22.

Las manifestaciones anémicas también pueden resultar de deficiencias nutricionales, ya que entre las causas inmediatas de la anemia destacan factores etiológicos como la baja ingesta de alimentos con fuentes de hierro, la baja absorción de hierro ingerido y las pérdidas de este micronutriente, como se mencionó anteriormente, debido a infecciones parasitarias23.

La anemia por deficiencia de hierro es un problema nutricional de gran magnitud en el mundo. Por lo tanto, relacionándolas con estas declaraciones y teniendo en cuenta las precarias condiciones socioeconómicas en las que vive la comunidad investigada, la anemia puede ser causada por factores nutricionales, como la baja ingesta de alimentos ricos en hierro. Entre los grupos de edad, la prevalencia de la deficiencia de hierro fue mayor entre los niños (7/12; 58,33%) (1-4 años) en comparación con los niños en el grupo de edad escolar (> 6 años). Este hallazgo podría atribuirse al beneficio de los niños que tienen acceso a la suplementación de hierro en las comidas escolares. En la infancia, particularmente durante los años escolares, hay un aumento en las necesidades nutricionales y la anemia puede tener un efecto negativo en el crecimiento y la altura del peso, además de interferir en el aprendizaje23,24.

El análisis entre enteroparastasis y déficit nutricional no mostró una correlación positiva, debido a la alta frecuencia de eutrófico también parasitizado (34%). Los déficits nutricionales pueden agravarse por la presencia de algunas especies parasitarias, como Ascaris lumbricoides y Giardia lamblia.

En Brasil, los niños pobres que viven en regiones desfavorecidas tienden a experimentar círculos viciosos de desnutrición e infecciones parasitarias repetidas, lo que a menudo conduce a morbilidades. Miles de niños mueren cada año en el mundo debido a la obstrucción intestinal y otras complicaciones abdominales causadas por parásitos intestinales. En este estudio, los niños informaron la aparición de diarrea, así como la eliminación de verits. La diarrea crónica puede conducir a la desnutrición por cambios en la mucosa intestinal y la infección del tracto gastrointestinal, no permitiendo una absorción perfecta y afectando así el desarrollo infantil. Por lo tanto, las parasitosas intestinales pueden causar pérdidas de proteínas, desnutrición, anemia por deficiencia de hierro y otras alteraciones que conducen fácilmente a la deficiencia en el desarrollo físico e intelectual24.

En general, parasitasis tiene una alta prevalencia en regiones que no cuentan con una infraestructura social, económica y sanitaria adecuada25. Estas fueron las condiciones encontradas en la comunidad evaluada, cuyo saneamiento es deficiente, con proximidad entre casas con fuentes de agua contaminadas, animales sueltos (perros, gatos, cerdos y pollos), arroyos abiertos y calles sin pavimento, revelando que este entorno precario y mal conservado aumenta el riesgo de parásitos intestinales, que cumplen las condiciones ideales para mantener sus ciclos de vida.

El presente estudio observó que el índice de parásitos de la clase protozoario era mayor en relación con los helmintos, incluyendo dos especies no representagénicas (Entamoeba coli y endolimax nana), que sirven como buenos indicadores de estas condiciones sanitarias, a las que están expuestas los individuos. Estas especies no patogénicas presentan las mismas vías de transmisión de especies patógenas como Entamoeba histolytica, E. dispar y Giardia duodenalis, lo que refleja las precarias condiciones ambientales a las que esta población infantil está expuesta26.

Además, el hecho de que estas parasitosas intestinales presentara una distribución homogénea en la población infantil, por sexo y grupo de edad, demuestra una igualdad integral de las condiciones socioambientales existentes en esta comunidad27. Y esto refuerza que la promoción de la infraestructura básica y la educación es una herramienta eficaz para reducir la prevalencia de estas enfermedades.

Por último, teniendo en cuenta los resultados de esta investigación, se recomienda que los programas de atención primaria de salud familiar se revisen sistemáticamente y periódicamente in situ, con estrategias de control eficientes, a través del tratamiento con antiparasitarios, la suplementación nutricional y la mejora de las condiciones de saneamiento e higiene personal, con el objetivo de una oportunidad futura, en términos de salud y educación para los niños de esta comunidad.

Conclusiones

La prevalencia de parasitos intestinales alcanzó el 60% de los niños en el barrio de Beira Rio, emperatriz/MA, con predominio de protozoos frente a helmintos, y una mayor frecuencia para los a. lumbricoideos (20%) y entre los protozoos, Giardia lamblia (14%) fue el más frecuente. La anemia estuvo presente en el 19,6% de los niños estudiados ya sea debido a la deficiencia de hierro súbrico y/o hemoglobina. Se observó una relación significativa de dependencia entre anemia y parasittosis, con el 80% de los pacientes anémicos que presentaron parasitasis intestinal. La mayor proporción de los niños estudiados presentaba un estado nutricional eutrófico, mientras que aproximadamente el 34% de ellos tenían bajo peso y riesgo nutricional. La asociación entre el estado de desnutrición y la presencia de parasitasis intestinal en los niños estudiados no alcanzó significación estadística. La detección de altas tasas de alteraciones de las condiciones de salud debidas a la anemia y la desnutrición entre los niños estudiados son indicadores de los riesgos relacionados con el deterioro del desarrollo infantil. La mayoría de los niños presentaron registros de eliminación de gusanos por vía oral o ano y pocos fueron registros de diarrea, por otro lado no se identificaron registros de otras complicaciones clínicas como volvolencia intestinal, problemas hepáticos o sangrado rectal.

La baja educación materna está significativamente relacionada con la parasittosis intestinal infantil, lo que permite reflexionar sobre la importancia de las acciones educativas para la prevención de morbilidades estudiadas como los parasitos intestinales, la anemia y el estado nutricional. En cuanto a los aspectos epidemiológicos, el sitio investigado presentaba condiciones precarias de desarrollo socioambiental, económico y cultural, constituyendo determinantes de los riesgos para la salud humana. Un cambio en las altas tasas de prevalencia relacionadas con los parasitos intestinales, la anemia y el estado nutricional en las poblaciones infantiles depende de una mejora en los niveles educativos de las poblaciones y las condiciones básicas de infraestructura, como la vivienda, el saneamiento, el agua de buena calidad y los niveles socioeconómicos, particularmente en la generación de empleo e ingresos y principalmente ampliar el acceso a los servicios de salud para esta comunidad.

En la comunidad estudiada, es necesario acciones más intensas en la prevención de parásitos intestinales, que pueden estar representadas por la mejora de la red de alcantarillado, con un suministro de agua más seguro, el uso de filtros o ebullición de agua, la recolección regular de basura, mejoras de infraestructura y acciones educativas dirigidas a la higiene de adultos y niños, además de fortalecer el cuidado de los alimentos.

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[1] Enfermera. Máster en Patología de Enfermedades Tropicales. Profesor del curso de Enfermería en la Universidad Federal de Maranháo UFMA.

[2] Enfermera. Máster en Patología de Enfermedades Tropicales. Profesor del curso de Enfermería en la Universidad Federal de Maranháo UFMA.

[3] Enfermera. Especialista en Salud de la Mujer. Profesor del curso de Enfermería en la Universidad Federal de Maranháo UFMA.

[4] Consejero. Profesor titular del Instituto de Ciencias Biológicas de la Universidad Federal de Pará – UFPA (2016). Es licenciado en Biomedicina (UFPA/1976), Máster en Ciencias Biológicas – Genética (UFRJ/1983) y Doctorado en Humanidades – Ruprecht-Karls-Universitét Heidelberg (1990).

Enviado: Marzo de 2020.

Aprobado: Julio, 2020.

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