Evaluación antropométrica y registro de alimentos de un grupo de ancianos integrantes de un programa de salud en Mineiros-GO

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ARTÍCULO ORIGINAL

CARRIJO, Lucilene Santos Pereira [1], FRANÇA, Ana Paula Souza [2], TAVARES, Dielly Custódio [3], OLIVEIRA, Kelly Kristina Nogueira de [4], SILVA, Istefane Borges da [5], COSTA, Sílvia Souza Lima [6], FREITAS, Lunara da Silva [7]

CARRIJO, Lucilene Santos Pereira. Et al. Evaluación antropométrica y registro de alimentos de un grupo de ancianos integrantes de un programa de salud en Mineiros-GO. Revista Científica Multidisciplinar Núcleo do Conhecimento. Año 06, Ed. 06, Vol. 04, págs. 162 y 179. Junio de 2021. ISSN: 2448-0959, Enlace de acceso: https://www.nucleodoconhecimento.com.br/salud/programa-de-salud

RESUMEN

Actualmente, el número de ancianos ha estado creciendo significativamente en Brasil y en todo el mundo. Se cree que este incremento está relacionado con las políticas públicas de salud, la asistencia social, la seguridad social y la preocupación por un envejecimiento saludable y activo. Evaluar el perfil antropométrico y alimentario de los ancianos miembros de un programa de salud en Mineiros-GO. Estudio observacional descriptivo, desarrollado con ancianos (edad ≥ 60 años), de ambos sexos. Los individuos fueron sometidos a antropometría, y se evaluó la altura, el peso, la circunferencia de la cintura, la circunferencia de la pantorrilla, la evaluación braquial y de grasa corporal por pliegues cutáneos. La evaluación de los hábitos alimenticios se realizó mediante el análisis de 3 registros dietéticos en días laborables no consecutivos, incluyendo uno en el fin de semana. Los participantes eran 54 ancianos, en su mayoría del sexo femenino (85%), con una edad media de 72,4 + 6,6 años. Bmi indicó que el 50% de los ancianos tenían sobrepeso. La circunferencia de la cintura indicó riesgo de enfermedades cardiovasculares entre las mujeres, pero no entre los hombres. El porcentaje de grasa fue adecuado para las mujeres, sin embargo, aumentó para los hombres (M: media = 33,3%, DE = + 5,6%; H: media = 31,2%, DE = + 6,9%). La evaluación de los hábitos dietéticos mostró una ingesta adecuada de macronutrientes y micronutrientes por debajo del nivel recomendado. El presente estudio mostró que, a pesar de la ingesta adecuada de macronutrientes, el grupo presentó sobrepeso y alto riesgo de enfermedades crónicas. Por lo tanto, se sugiere realizar más investigaciones con los ancianos, con el fin de contribuir a un envejecimiento natural y saludable.

Palabras clave: Envejecimiento, Antropometría, Consumo de Alimentos.

1. INTRODUCCIÓN

Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), los individuos de 60 años o más son considerados ancianos. Actualmente, el número de ancianos ha estado creciendo significativamente en Brasil y en todo el mundo, y en Brasil la estimación para 2050 alcanzará los 66,5 millones de personas (29,3%) en este grupo de edad. Se cree que este aumento está relacionado con las políticas de salud pública, asistencia social, seguridad social y la importancia de un envejecimiento saludable y activo, en el que la demanda se vuelve creciente para este grupo (BRASIL, 2016).

El aumento de la esperanza de vida de la población puede estar relacionado con los descubrimientos de la cura y el tratamiento de diversas patologías en los últimos años. Se puede observar que la calidad de vida y la economía también están directamente relacionadas con este aumento. El envejecimiento provoca la aparición de varias Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ENT), como la diabetes mellitus, la hipertensión, las dislipidemias y el cáncer. Por lo tanto, existe la necesidad de una mayor atención a los ancianos, además de las inversiones en áreas de salud, con el fin de promover el envejecimiento saludable de toda la población (MIRANDA; MENDES; SILVA, 2016).

El origen de las ENT está relacionado, entre otros factores, con el estilo de vida y los hábitos alimenticios, ya que una alimentación inadecuada puede conducir al desarrollo de trastornos, que interfieren a lo largo de la vida. Una dieta equilibrada es extremadamente importante y ayuda en el envejecimiento saludable, que puede estar influenciado tanto por el estilo de vida como por factores genéticos. La alimentación saludable junto con las prácticas regulares de actividad física son medidas para lograr un envejecimiento saludable (MARCHIONI; FISBERG, 2009). Además, toda persona tiene derecho a acceder a alimentos de calidad, en cantidades suficientemente adecuadas, en condiciones microbiológicamente accesibles, que satisfagan las necesidades especiales de cada individuo y garanticen un envejecimiento saludable (GEUS et al., 2011).

La evaluación antropométrica es de suma importancia en el proceso de envejecimiento, una fase en la que el individuo presenta cambios fisiológicos característicos de la edad. Entre ellas, se pueden mencionar alteraciones en la cavidad oral, que dificultan la masticación, la deglución y la percepción de las características sensoriales de los alimentos. Además, también se presentan alteraciones gastrointestinales, metabólicas y pérdida de masa muscular, lo que lleva a la sarcopenia, reducción de la fuerza física y gasto energético total con la consiguiente pérdida de autonomía. La alimentación de los ancianos es un factor que requiere mucha atención, ya que es un periodo en el que se producen cambios, ya sea en las condiciones internas de su cuerpo o las relacionadas con los contextos externos del entorno, que modifican sus hábitos alimenticios. Es importante recordar que la vejez es un proceso relacionado con los cambios en el comportamiento, dadas las transformaciones que ocurren con el tiempo (MIRANDA; MENDES; SILVA, 2016; GEUS et al., 2011).

La sarcopenia se define como la pérdida de masa magra, fuerza y ​​función muscular, que puede afectar tanto a hombres como a mujeres, estando asociada a un mayor riesgo de caídas y disminución de la capacidad funcional. Con el envejecimiento, la sarcopenia tiende a empeorar y se relaciona con un índice de masa corporal (IMC) bajo y un estilo de vida sedentario (NETO et al., 2012). Se cree que la evaluación antropométrica es importante para la población anciana, ya que proporciona información que puede reflejar su estado de salud y calidad de vida. Es un método rápido, fácil de realizar, no invasivo y de bajo costo, que se realiza mediante instrumentos simples como balanzas, cintas métricas y adipómetros. Consiste en medidas como peso, talla, circunferencias y pliegues cutáneos (PFRIMER; FERRIOLLI, 2008). La evaluación nutricional tiene como objetivo verificar la presencia de enfermedades o trastornos nutricionales, utilizando las medidas adecuadas para colaborar en la recuperación y mantenimiento del estado de salud del individuo (MELLO, 2017).

Así, el objetivo de este estudio fue evaluar el perfil antropométrico y alimentario de ancianos miembros de un programa de salud en Mineiros-GO.

2. MATERIALES Y MÉTODOS

2.1 TEMAS DE DISEÑO Y ESTUDIO

Se trata de una investigación de diseño observacional descriptivo, que fue desarrollada con un grupo de ancianos participantes en un programa de salud de una Institución de Educación Superior (IES) de Mineiros – Goiás, de agosto a noviembre de 2019. El grupo de salud comenzó en febrero de 2018, y actualmente cuenta con la participación de 82 personas mayores, 10 hombres y 72 mujeres. El objetivo principal del programa fue proporcionar a los ancianos los conocimientos necesarios para lograr una vejez digna, con salud y autonomía. Un equipo multidisciplinario, compuesto por estudiantes y profesores de una Institución de Educación Superior, de diversas áreas, realiza las actividades con los participantes en un espacio adecuado. Entre las actividades desarrolladas se encuentran la realización de charlas educativas, dinámicas, ruedas de conversación y actividades físicas. El ciclo de actividades se lleva a cabo cada semestre, dos veces por semana.

Los sujetos de investigación fueron definidos utilizando criterios de inclusión: estar actualmente registrados en el grupo de salud, tener ≥ 60 años, ambos sexos.Los criterios de exclusión fueron: individuos que presentaron condición física o mental que podría haber impedido su participación o aquellos que optaron por no participar.

La investigación fue aprobada por el Comité de Ética en Investigación (CEP) con el número CAAE 14279919.0.0000.5428, porque está de acuerdo con la Resolución No. 466/12 del Consejo Nacional de Salud, que involucra aspectos éticos de la investigación con seres humanos.

2.2 PROCEDIMIENTOS

La investigación se realizó en los horarios y días establecidos, con recolección de datos de agosto a octubre de 2019, con firma del Término de Consentimiento Libre y Esclarecido (TCLE). Se desarrolló un cuestionario específico para esta investigación, que contiene información sociodemográfica como fecha de nacimiento, sexo, raza/etnia, estado civil, ocupación, ingresos familiares, actividad física regular, tabaquismo, consumo de alcohol y diagnóstico de diabetes e hipertensión.

Después de completar este cuestionario, los individuos fueron sometidos a antropometría, cuando se registraron las medidas de altura, peso (para calcular el IMC), circunferencia de la cintura, pantorrilla, brazo, músculo del brazo y pliegues cutáneos: triquistesis, subescapular, pantorrilla y suprailíaco.

La altura fue medida por un estadiometer, con una exactitud de 1 milímetro. La medición se realizó con individuos descalzos, en posición vertical, pies unidos, glúteos, hombros y talones contra la pared, con los brazos sueltos a lo largo del cuerpo. La altura se determinó según el género, con base en las fórmulas propuestas por Chumlea (1985) (CHUMLEA; ROCHE; STEINBAUGH, 1985).

El peso se verificó mediante una báscula digital de la marca Omron® con capacidad de 150 kg, con el individuo de pie erguido, descalzo, utilizando ropa ligera, pies unidos y peso distribuido en ambos pies. El IMC se calculó considerando la relación entre la masa corporal (en kg) y la altura (en metros) al cuadrado (kg/m²) y se clasificó según los puntos de corte propuestos por Lipschitz (1994).  (Tabla 1).

Tabla 1- Clasificación del estado nutricional según el IMC de los ancianos.

Clasificación del IMC (Kg/m²)
< 22 Bajo peso
22-27 Eutrofia
> 27 sobrepeso

Fuente: Lipschitz (1994). IMC – índice de masa corporal.

La relación cintura-altura (RCE) fue evaluada dividiendo la cintura por la altura, partiendo de la premisa de que la circunferencia de la cintura de un individuo no debe ser mayor que la mitad de su estatura. Los valores de referencia, según Pitanga (2011) son: 0,52 para los hombres y 0,53 para las mujeres. Cuando son más altos que la referencia, indican riesgo cardiovascular (PITANGA, 2011).

La circunferencia de la cintura se midió con una cinta métrica inelástica y flexible del Prime Med® con una capacidad de 150 cm, en el punto medio entre la última costilla y la cresta ilíaca por triplicado, con el individuo en posición vertical, abdomen relajado, brazos extendidos lateralmente a lo largo del cuerpo con las palmas de las manos hacia él, los pies un poco separados y el peso distribuido equitativamente entre las dos extremidades inferiores. Para la clasificación de la circunferencia de la cintura se utilizaron como referencias a la Sociedade Brasileira De Diabetes (2017). (Tabla 2).

Tabla 2 – Puntos de corte de la circunferencia de la cintura para definir el riesgo de complicaciones metabólicas.

sexo Riesgo de complicaciones metabólicas
Alto (cm) Muy alto (cm)
hombres 94 > 102
mujeres 80 > 88

Fuente: Sociedad Brasileña de Diabetes, 2017

Se midió la circunferencia de la pantorrilla (CL) para evaluar la pérdida de masa magra, con el individuo sentado, la pierna flexionada en un ángulo de 90º con la rodilla, colocando la cinta en la circunferencia de mayor diámetro de la pantorrilla y medida lateralmente. Los valores de referencia adoptados, que indicaron una reducción de la masa muscular, fueron: <33 cm para mujeres y <34 cm para hombres (PAGOTTO, 2018).

La circunferencia del brazo se midió con el individuo en una posición anatómica. Con el brazo flexionado en un ángulo de 90º con el codo, se localizó el punto medio entre el acromion y el extremo del olécranon. Después de marcar el punto medio, el individuo extendió los brazos a lo largo del cuerpo con la palma hacia el muslo y la medición de la circunferencia se realizó en milímetros. Esta medida se utilizó para estimar el tejido muscular, obtenido a través de los resultados de la circunferencia del brazo y DTC, utilizando las fórmulas adecuadas (FRISANCHO, 1990).

La clasificación del porcentaje de adecuación del CMB se realizó de la siguiente manera: desnutrición severa ˂ 70%, moderada> 70-80%, leve> 80-90% y eutrófica> 90-100%. Los porcentajes para calcular el% de adecuación se obtuvieron de tablas de referencia, según Frisancho (1990).

Para la determinación de las grasas corporales, los cuatro pliegues cutáneos se midieron utilizando un CESCORF®. El pliegue cutáneo del tríceps (DTC) se hizo con el individuo de espaldas al medidor, donde se marcó el punto medio entre el acromático y el olecrácico, formando el pliegue del tejido adiposo (SAMPAIO, 2012).

El pliegue cutáneo subescapular se realizó con el individuo en posición ortostática de espaldas al metro, solicitándose que doblara el brazo hacia atrás, sobre los arcos costares, formando un ángulo de 90º con el codo. Con la ayuda de los dedos, se localizó y marcó el punto por debajo del ángulo inferior del escapulario, donde se realizó la medición de flexión (SAMPAIO, 2012).

El pliegue cutáneo suprailiaco fue medido en una posición ortostática, visualizada por el observador lateralmente. Tomando un pliegue cutáneo oblicuo, inmediatamente por encima de la cresta ilíaca, coincidente con una línea imaginaria que desciende de la línea axilar anterior. El aparato se fijó 1 cm por debajo de la inserción de la uña (SAMPAIO, 2012).

El pliegue cutáneo de la pantorrilla se midió en el punto de mayor perímetro de la pierna, con el individuo sentado y la articulación de la rodilla en flexión formando un ángulo de 90º con el muslo. El porcentaje de grasa se estimó para los valores específicos del IMC para los ancianos y se clasificó según un estudio realizado por Gallagher et al. (2000) con 1626 individuos de ambos sexos y 3 etnias diferentes (GALLAGHER, 2000). (cuadro 3).

Tabla 3 – Puntos de corte estimados para el porcentaje de grasa corporal de ancianos de 60 a 79 años, según raza e IMC.

IMC

(Kg/m²)

Mujeres (%) Hombres (%)
Afrodescendiente amarillo Blanco Afrodescendiente amarillo Blanco
22

27

27,4

37,8

30,9

38,9

29,7

41,0

13,1

24,8

16,6

25,9

15,5

27,0

Fuente: adaptado de Gallagher et al., 2000. IMC – Indice de Masa Corporal.

Para los cálculos, se aplicó la ecuación de predicción de densidad corporal (DC) propuesta por Petroski (1995) y la fórmula de Siri, que utiliza DC para calcular el porcentaje de grasa (PETROSKI, 1995).

2.3 CONSUMO DE ALIMENTOS

La evaluación del consumo de alimentos se realizó mediante el análisis de 3 registros de alimentos. El voluntario eligió 3 días a la semana no consecutivos, incluido un día de fin de semana, siendo lunes, miércoles y sábado y registró todos los alimentos consumidos con sus respectivas cantidades, medidas del hogar, marcas, formas de preparación, horario y lugar de las comidas. Posteriormente, estos registros se analizaron individualmente para evaluar el consumo de alimentos de forma cuantitativa. Para analizar la adecuación de carbohidratos, proteínas, lípidos y micronutrientes (calcio, vitamina D, hierro y sodio), se utilizaron valores de referencia para la edad promedio de la muestra, considerando el sexo, según los DRIs (Dietary Reference Intake), (1997) (INSTITUTO DE MEDICINA, 1997; PADOVANI, 2006).

2.4 TRATAMIENTO DE DATOS

Los datos fueron representados descriptivamente. Para las variables continuas se utilizó la media aritmética, con su respectiva desviación estándar (DE), y para las variables categóricas, frecuencia absoluta (N) y porcentaje (%). La tabulación y el cálculo de los datos descriptivos fueron elaborados mediante el programa Microsoft Office Excel, versión 2013.

3. RESULTADOS

El programa de salud inicialmente tenía 82 participantes registrados y de estos, 60 eran asiduos y aceptaron participar del estudio. De los 60 entrevistados, 6 eran menores de 60 años y, por lo tanto, fueron excluidos. Los participantes eran 54 ancianos, la mayoría del sexo femenino (85%), con una edad media de 72,4 + 6,6 años, mínima de 60 y máxima de 85 años. Los ancianos eran en su mayoría caucásicos, casados o en unión estable y jubilados (tabla 4).

Analizando el estado nutricional, el IMC indicó eutrofia para hombres (IMC = 26,0 kg / m²) y sobrepeso para mujeres (IMC = 27,7 kg / m²). Además, el 50% de todas las personas mayores tenían sobrepeso. La circunferencia de la cintura indicó un riesgo de enfermedad cardiovascular entre las mujeres, pero no entre los hombres. El CMB resultó adecuado para el 100% de las ancianas evaluadas y para la mayoría de los hombres (87,5%). Sin embargo, la circunferencia de la pantorrilla indicó una masa magra adecuada solo para el 56,5% de las mujeres y el 37,5% de los hombres. El porcentaje de grasa fue adecuado para las mujeres, pero aumentó para los hombres (M: media = 33,3%, DE = + 5,6%; H: media = 31,2%, DE = + 6,9%). La tabla 4 muestra las características de la muestra.

Tabla 4 – Datos sociodemográficos y antropométricos de la muestra, según sexo.

Variables N=8 masculino N=46 femenino
Edad (Años) 76 + 8 71 + 6
caucásico 6 (75,0) 33 (71,7)
Unión casada o estable 8 (100) 25 (54,3)
Hasta la escuela primaria completa 3 (37,5) 32 (69,6)
jubilado 8 (100) 37 (80,4)
Etilistas 2 (25,0) 5 (10,9)
Fumadores 1 (2,2)
Diabéticos 2 (25,0) 10 (21,7)
hipertensivo 2 (25,0) 30 (65,0)
Índice de masa corporal (kg/m²) 26,0 + 5,6 27,7 + 4,3
Relación de altura de la cintura 0,55 + 0,07 0,50 + 0,1
Circunferencia de la cintura (cm) 90,4 + 11,0 86,2 + 12,8
Por encima del 90% de adecuación de CMB 7 (87,5) 46 (100)
CP adecuado 3 (37,5) 26 (56,5)
Grasa (%) corporal 31,2 + 7 33,3 + 5,6

Valores representados en promedio + desviación estándar o n (%). CMB – Circunferencia muscular del brazo. CP – Circunferencia de la pantorrilla. Fuente: autor.

Los registros dietéticos fueron evaluados en 34 (63%) de las personas que devolvieron registros completos de alimentos y con información válida. La ingesta calórica media de la muestra evaluada fue inferior a la recomendada por los DRIs, tanto para hombres (2.497 kcal para un hombre de 76 años) como para mujeres (2.039 kcal para una mujer de 71 años).

La toma del carbohidrato era adecuada para ambos sexos, según la recomendación (45-65%). Semejantemente, la toma de la proteína y del lípido era también adecuada para los hombres y las mujeres (recomendación: 10-35% y 20-35%, respectivamente).

En cuanto a los micronutrientes, la ingesta media de calcio encontrada (recomendación: 1200mg, 70 años) y la vitamina D (recomendación: 15μg, 70 años) fueron inadecuadas para ambos sexos. Por otro lado, la ingesta media de hierro fue adecuada para hombres y mujeres (recomendación: 8 mg, 70 años). La ingesta media de sodio fue adecuada en ambos sexos, considerando que se recomienda una ingesta inferior a 2400 mg por día a cualquier edad (Tabla 5).

Tabla 5: Medias y desviaciones estándar de la ingesta macro y de micronutrientes evaluadas por el registro de alimentos de 3 días, según el género.

Variables masculino hembra masculino hembra
Promedio + DE Promedio + DE recomendación
Calorías totales (Kcal) 1340+429,7 1194+333,4 2497 2039
Carbohidratos (%) 47,4+11,5 51,9+7,5 45-65
Proteínas (%) 21,5+7,5 22,3+5,9 10-35
Lípidos (%) 29+6,7 26,9+5 20-35
Calcio (mg) 460,3+216,4 326+193 1200
Hierro (mg) 12,4+3,3 9+3,4 8
Vitamina D (μg) 11,8+23 1+0,9 15
Sodio (mg) 2372,7+1864,4 1216,2+753,7 ˂ 2400

Valores representados en promedio + desviación estándar o n (%). Fuente: autor.

4. DISCUSIÓN

Este estudio describió la evaluación antropométrica y alimentaria de los ancianos participantes en un programa de salud. El grupo estuvo compuesto en su mayoría por mujeres ancianas (85%), así como en la población brasileña, en general, en la que las mujeres muestran mayor interés en la búsqueda de la salud. Esto puede estar relacionado con el mayor alcance de los programas de salud, que generalmente se centran más en la salud de las mujeres, los niños y los ancianos, la mayoría de las veces acompañados por mujeres (SOUZA, 2013).

La edad media fue de 72,4 años, equivalente a otro estudio, que encontró una edad media de 70,4 años (BORBA; MUÑIZ, 2011).

En cuanto a la educación, se observó que la mayoría de los entrevistados tenían poco acceso a la educación, no superando la escuela primaria (68,5%) y esto puede tener un impacto negativo en el cuidado y la calidad de vida de los ancianos. Además, puede implicar dificultad en la comprensión y el aprendizaje relacionados con los hábitos alimenticios saludables (BORBA; MUNIZ, 2011; SILVA; SIMÕES; LEITE, 2007).

El estudio en cuestión mostró un bajo número de fumadores y fumadores, un resultado relevante para la salud de esta población. Por otro lado, un estudio observó una mayor prevalencia de ancianos que consumieron alcohol y cigarrillos, 20,8% de los hombres y 11,7% de las mujeres. El alcoholismo y el tabaquismo son hábitos que pueden tener consecuencias perjudiciales para la salud de las personas mayores, ya que el tabaco es considerado uno de los carcinógenos más influyentes para los humanos. El alto consumo de alcohol se asocia con hipertensión, cirrosis, accidente cerebrovascular hemorrágico y cánceres de orofaringe, laringe, esófago e hígado (SENGER, 2011).

El IMC medio encontrado mostró exceso de peso para la mayoría de las mujeres (27,7 kg / m²), valor similar al estudio de Closs (2015), donde las mujeres mostraron niveles elevados de IMC (29,58 ± 5,96 kg / m2). El aumento del IMC puede estar asociado con un mayor riesgo de muerte, además de una asociación con el desarrollo de factores de riesgo cardiovascular en los ancianos (CLOSS, 2015).

Sin embargo, comparando esta investigación con otros estudios que también evaluaron el IMC para este grupo de edad, indicando sobrepeso para ambos sexos, relatan la relación con el estilo de vida. Así, el aumento del IMC se asocia a causas de mortalidad entre hombres y mujeres mayores de 60 años. Además, tanto el aumento de la masa grasa como la pérdida de masa magra se asocian con el riesgo y el desarrollo de enfermedades. Cabe destacar que el IMC es una variable que no debe ser evaluada individualmente porque es un método que no considera las descomposición corporal por separado. Por lo tanto, es recomendable asociarlos con otros indicadores como pliegues y circunferencias (SANADA, 2018).

La Relación Cintura-Talla (RCE) encontrada en la investigación indicó un riesgo de enfermedad cardiovascular entre los hombres, corroborando el estudio de Closs (2015), con ancianos, que encontró una RCE> 0.5. Utilizando RCE para evaluar el riesgo cardiovascular, se considera que la circunferencia de la cintura no debe ser mayor a la mitad de la altura, lo que indica obesidad central (CLOSS, 2015). Este método ha sido ampliamente citado en la literatura como indicador de riesgo en ancianos, además de la circunferencia de la cintura (CC) sola, ya que se utiliza para evaluar el riesgo coronario alto y se relaciona con la mortalidad (PITANGA, 2011). RCE representa uno de los mejores indicadores de riesgo en relación a otros métodos de identificación de enfermedades cardiovasculares, como CC y Relación cintura y cadera (RCQ) (BENEDETTI; MEURER; MORINI, 2012).

En este estudio, la CC mostró adecuación para los hombres e insuficiencia para las mujeres, así como en el estudio de Machado; Coelho y Coelho (2010) en el que la CC fue de 87,23±14,2 cm para las hembras. Según la Sociedade Brasileira de Diabetes (2017) se sabe que la acumulación de grasa en la región abdominal ha sido utilizada para identificar la adiposidad visceral asociada con el riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. (SOCIEDADE BRASILEIRA DE DIABETES, 2017).

Algunos estudios muestran que los hombres tienden a tener depósitos de masa magra más altos en comparación con las mujeres. Sin embargo, en esta investigación, el 100% de las mujeres mostraron una adecuación superior al 90% al CMB. A diferencia de los resultados presentados en el estudio de Silva et al., (2015), el CMB fue similar para ambos sexos (H: 23,8±4,1 y M: 23,5±4,2; p=0,16).

El CP, por otra parte, probó inadecuado para una porción considerable de los ancianos evaluados en este estudio, indicando la debilitación posible de la masa magra. Por el contrario, el estudio de Closs (2015) encontró un resultado satisfactorio, mostrando la preservación de la masa muscular. La CP adecuada se ha asociado con una mayor fuerza muscular, un mejor rendimiento físico y funcional, además de estar indicado como el más sensible para evaluar la masa muscular en los ancianos (CLOSS, 2015).

Los resultados del porcentaje de grasa de este estudio indicaron exceso de grasa subcutánea en hombres, corroborando el porcentaje de grasa encontrado en el estudio que evaluó a 395 ancianos residentes en hogares de ancianos en Rio de Janeiro. Las mediciones de pliegues cutáneos han sido ampliamente utilizadas en la estimación de la grasa corporal, ya que se consideran fáciles de realizar, de bajo costo y aplicables en estudios epidemiológicos y de campo (MACHADO; COELHO; COELHO, 2010).

A pesar de ser eutróficos, los hombres del grupo de ancianos presentaron un alto porcentaje de grasas, lo que puede indicar un mayor riesgo de ENT. La acumulación de grasa corporal puede afectar a diferentes sistemas, y está relacionada con problemas metabólicos y sanguíneos, además de hacer que los ancianos sean más vulnerables a las limitaciones y la reducción de la actividad de la vida diaria (MIRANDA, 2017). Además, la mayoría de los hombres evaluados tenían alteraciones de la masa magra, a pesar de que eran miembros de un programa que ofrece actividad física dos veces por semana. En un estudio que analizó la composición corporal de 37 ancianos en Rio de Janeiro y utilizó varios métodos para calcular el porcentaje de grasa, se observó que uno de los métodos que mostró resultados significativos fue por medida de 4 pliegues, el mismo que en este estudio, utilizando Petroski, (1995).

La evaluación de la ingesta de macronutrientes y micronutrientes se estimó según el sexo y el grupo de edad (51-70 años;> 70 años), utilizando DRI (Dietary Referece Intakes) (PADOVANI, 2006). Si bien el 50% de los afiliados tiene sobrepeso, se puede observar un aporte calórico inadecuado de acuerdo con la recomendación, siendo el requerimiento energético diario promedio de estos individuos de aproximadamente 2497 y 2039 Kcal (INSTITUTE OF MEDICINE, 1997). Esto significa que las personas mayores consumen menos calorías de las que necesitan diariamente. Valores similares se observaron en el estudio de Venturini et al., (2015), que encontró valores entre 1320 y 1564 Kcal. A pesar de ello, en esta investigación la proporción de macronutrientes ingeridos (carbohidratos, proteínas y lípidos) resultó adecuada. Especialmente para los ancianos, es importante que la dieta sea equilibrada en relación a los macronutrientes, como se observa (VENTURINI, 2015).

Sin embargo, se observaron insuficiencias en la ingesta de micronutrientes como calcio y vitamina D, similar a la Encuesta de Presupuesto Familiar (POF) 2008-2009 en ancianos en Brasil, que encontró prevalencias de insuficiencia cercanas al 80%. Según Leite; Baratto e Silva (2014), el calcio es extremadamente importante en el proceso de envejecimiento, ya que ayuda en la prevención de la osteoporosis y es un ingrediente dietético importante para el tejido óseo (FISBERG et al., 2014). Su papel en el organismo depende de la acción de la vitamina D, junto con la exposición al sol y la actividad física, por lo que es importantes protectores contra la pérdida de masa ósea y el desarrollo de osteoporosis. Su recomendación diaria es de 1200 mg por día a partir de los 51 años para hombres y mujeres precisamente porque este grupo es más vulnerable a la osteoporosis (INSTITUTE OF MEDICINE, 1997). También según el POF, la vitamina D presentó una ingesta cercana al 100% de adecuación en todas las regiones, diferente de esta investigación que encontró insuficiencia para ambos sexos (VENTURINI, 2015).

El hierro fue el único micronutriente que tuvo una ingesta adecuada, con un promedio de 12,4 mg para los hombres y 9 mg para las mujeres. Por el contrario, del estudio de Venturini et al., (2015) que mostró que las mujeres tienden a consumir menos hierro que los hombres. Según Gualandro; Hojaij y Filho (2010) se considera que la deficiencia de hierro es común entre los ancianos. Su causa puede ser la ingestión de medicamentos que dificultan su absorción o la ingesta inadecuada de fuentes alimenticias como carnes, frijoles, frutas y verduras. Aproximadamente 150g de carne alcanzan prácticamente la mitad de la recomendación diaria, por lo que se considera un micronutriente de fácil adquisición (PFRIMER; FERRIOLLI, 2008). Los estudios demuestran que la anemia es un trastorno frecuente en la población anciana y que su prevalencia aumenta con la edad. Se considera un factor de riesgo de morbilidad y mortalidad, además de interferir con el rendimiento físico y mental y la capacidad para mantener las actividades diarias, afectando la calidad de vida de esta población, por lo que el consumo de fuentes alimentarias es fundamental. Según los DRI, los valores de referencia para la ingesta de hierro son 8,0 mg / día para mujeres y hombres (NATIONAL ACADEMY OF SCIENCES, 2001).

Con el proceso de envejecimiento, los ancianos tienden a ser mucho más vulnerables a las deficiencias nutricionales, especialmente vitaminas y minerales, especialmente con el tejido óseo, predisponiendo a la osteoporosis o fracturas óseas. Por lo tanto, los ancianos necesitan un plan alimentario específico y adecuado para sus particularidades nutricionales (VENTURINI, 2015; COUSSIRAT, 2012).

Esta investigación representó una investigación de gran relevancia para la población en cuestión. Sin embargo, deben tenerse en cuenta algunas limitaciones. El primero, relacionado con el tamaño de la muestra, que puede considerarse pequeño. Aun así, se evaluó al 66% de los ancianos inscritos en el grupo. Otro punto limitante fue el método utilizado para evaluar la ingesta de alimentos (registro de alimentos de 3 días). No se puede garantizar que la ingesta de alimentos de solo 3 días refleje con precisión los hábitos alimenticios del individuo, además del hecho de que puede haber cambios deliberados en los hábitos alimenticios durante el período de evaluación. La valoración del consumo de alimentos puede verse influida por varios factores, como la interferencia en la calidad de la información, el nivel educativo, la preocupación por la aprobación social y el estándar de belleza y la propia percepción individual de una alimentación saludable (MENEZES, 2013).

5. CONCLUSIÓN

El presente estudio encontró un alto porcentaje de grasa para los hombres, IMC y circunferencia de cintura alta para las mujeres, lo que puede implicar la aparición de ENT. Este hecho llamó la atención sobre la necesidad de orientación nutricional para despertar la adopción de hábitos alimenticios más saludables, ya que es un hecho inevitable vincular estos hábitos de vida con datos antropométricos de la población, especialmente de los ancianos, que ya están afectados con numerosas influencias fisiológicas de la edad avanzada.

También se observaron importantes deficiencias nutricionales en la población anciana estudiada, principalmente en micronutrientes. Se cree que esta puede ser la realidad de otras poblaciones con características similares, lo que demuestra la importancia de estudios posteriores con este grupo de edad.

Por lo tanto, es de suma importancia detectar a los individuos en riesgo nutricional de forma temprana, ya que se hace posible realizar una intervención nutricional primaria y más específica, como el desarrollo de acciones preventivas, la orientación nutricional en la atención primaria de salud, con el objetivo de promover una alimentación saludable y estimular la actividad física, con el fin de promover mejoras en la calidad de vida de los ancianos.

Por ello, la ampliación de los estudios de composición corporal y perfil antropométrico en los ancianos, utilizando pliegues cutáneos y perímetros musculares de forma más integral favorecen un mejor diagnóstico del estado nutricional de esta población, lo que facilita la planificación y elaboración de una conducta a aplicar. Por lo tanto, es cada vez más importante conocer las características antropométricas y dietéticas específicas de cada grupo de edad, lo que permite la construcción de estándares de referencia locales. Por lo tanto, se sugiere realizar más investigaciones con este grupo con el fin de contribuir a un envejecimiento natural y saludable.

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[1] Nutricionista, posgrado en nutrición clínica en la Universidad Metropolitana de Ribeirão Preto São Paulo (SP).

[2] Nutricionista, graduada del Universidad Morgana Potrich (FAMP), Mineiros – GO Brasil.

[3] Nutricionista, graduada del Universidad Morgana Potrich (FAMP), Mineiros – GO Brasil.

[4] Nutricionista, post graduado en nutrición clínica por el Universidad Metropolitano de Ribeirão Preto São Paulo (SP).

[5] Nutricionista, graduada del Universidad Morgana Potrich (FAMP), Mineiros – GO Brasil.

[6] Enfermera, graduada del Universidad Morgana Potrich (FAMP), Mineiros – GO Brasil

[7] Consejero de orientación. Nutricionista, Doctor en Ciencias, Facultad de Medicina, Universidad de São Paulo (USP), São Paulo – SP. Profesor en FAMP – Universidad Morgana Potrich, Mineiros – GO, Brasil.

Enviado: Marzo de 2021.

Aprobado: Junio de 2021.

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