Escuelas de Criminología y Criminología y sus influencias en la formación de un perfil criminógeno en las sociedades

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ARTÍCULO ORIGINAL

SARAIVA, Barbara Frazão [1]

SARAIVA, Barbara Frazão. Escuelas de criminología y criminología y sus influencias en la formación de un perfil criminógeno en las sociedades. Revista Científica Multidisciplinar Núcleo do Conhecimento. Año 05, Ed. 05, Vol. 07, págs. 127-136. Mayo de 2020. ISSN: 2448-0959, Enlace de acceso: https://www.nucleodoconhecimento.com.br/ley/escuelas-criminologicas

RESUMEN

El artículo en pantalla tiene como objetivo realizar un análisis histórico de la criminología destacando los cambios relacionados con las posiciones de las escuelas criminológicas, con respecto al perfil del criminal y su comportamiento desviado a lo largo del tiempo y la influencia de ello en el entorno social. Con el fin de llevar a cabo los debates pertinentes sobre el tema, el estudio tomará forma de una revisión de la literatura, que, a su vez, se propondrá aludir a aspectos importantes que destaquen en el campo de las teorías penales. Son cruciales para un panorama histórico brasileño y, a partir de él, para llevar a cabo las reflexiones necesarias sobre el perfil criminal, con énfasis en Brasil. Pensar en esas preguntas justifica la relevancia de este estudio.

Palabras clave: Criminología, Escuelas Criminológicas, cambios, entorno social.

1. INTRODUCCIÓN

Esta propuesta pretende analizar, desde el punto de vista de la ciencia criminal, sobre las transformaciones tangenciales a la construcción de la imagen del criminal. Para ello, se basará en conceptos y teorías de escuelas criminológicas para verificar su expresividad en el entorno en el que uno vive. Inicialmente, discutiremos qué es la criminología, el objeto de esta ciencia y el método que utiliza, así como la posición de varios autores sobre el tema. A continuación, se llevará a cabo un breve análisis histórico de las Escuelas de Pensamiento Criminológico, destacando las percepciones de cada una en relación con el análisis del perfil criminógeno. Este es un artículo de revisión basado en el método deductivo, y por lo tanto se basa en la investigación bibliográfica.

Debido al enfoque metodológico empleado aquí, la investigación se centrará en aspectos que impregnan el campo de la criminología. También se verificará cómo estos elementos demuestran la importancia de pensar en la ciencia criminológica desde el punto de vista social, porque a partir de esta asimetría con la sociedad es posible que haya una mejor comprensión del perfil de criminógeno. Su objetivo es identificar a los delincuentes a través de la presentación de diferentes puntos de vista sobre la justificación del delito, destacando que tales teorías son fruto del pensamiento humano y, por lo tanto, estas visiones están influenciadas por múltiples relaciones humanas condicionando tiempos.

2. CIENCIAS CRIMINALES Y ESCUELAS CRIMINOLÓGICAS: LA FORMACIÓN DEL PERFIL CRIMINÓGENO

2.1 EL OBJETO DE LA CIENCIA CRIMINAL

Inicialmente, según Silva y Miquelon (2018), cabe destacar que la ciencia criminológica no tiene uniformidad con respecto a su definición, ya que, según los autores, hay varios conceptos que se le dan que varían según el autor. Así, los adoctrinantes Antonio García-Pablos de Molina y Luiz Flávio Gomes son referencias en el tema, ya que acuñan la criminología y sus conceptos desde una perspectiva empírica e interdisciplinaria. Este es el estudio del delito, la persona del delincuente, la víctima y el control social de la conducta delitiva (MOLINA; GOMES, 2002). Según Lola Anyar, Criminología estudia la creación de normas penales – a través de normas sociales que involucran a las de carácter criminal – el proceso de su negación, el establecimiento de estas normas y la reacción social resultante de su efecto práctico (CASTRO, 1983).

Para muchos, la Criminología es una ciencia humana y social que tiene como objetivo estudiar sus objetos, a saber: el crimen, el delincuente, la víctima y el control social. Así, Schecaria (2012, p. 44) alude que: “a pesar de tener varios conceptos, la criminología puede entenderse como ciencia empírica y multidisciplinar que busca entender varios procesos, incluido el social, que involucran su objeto, a saber: el crimen, el delincuente, la víctima y el control social”. Para Schecaria (2012) existe una estrecha relación entre Criminología y Derecho Penal que hace que ambos tengan el mismo objeto, a saber: la delincuencia y sus variables, pero difieren en el enfoque dado a sus estudios. La ciencia criminal debe entenderse como una norma de carácter represivo, ya que entiende el crimen como una conducta social anormal.

Desde esta perspectiva, el derecho penal entiende que debe haber un castigo por su violación. La criminología, a su vez, entiende el crimen, el criminal y su conducta a través de una perspectiva causal-explicativa, y por lo tanto propone medios preventivos para que estos criminales dejen de serlo. En este sentido, Pimentel entiende (2007, p. 81) que es importante señalar que los asuntos antes mencionados conceptualizan el crimen de diferentes maneras, entendiendo el derecho penal como un crimen la acción u omisión típica, ilegal y culpable, lo entiende como un problema social que involucra aspectos morales, religiosos, económicos, filosóficos, políticos, históricos, biológicos, psicológicos y otros”. La importancia del estudio del criminal se hace hincapié en el paso del tiempo, ya que la caracterización del delincuente, según los parámetros de las Escuelas Criminológicas, dicta caminos sancionantes para el derecho penal, así como permite un análisis sociológico de cada momento histórico.

Con respecto al delincuente como objeto de estudio de la ciencia criminal, Paula (2013) alude que debe ser entendido como un sujeto histórico, real, complejo y por lo tanto enigmático por esencia. Es, pues, una persona normal, y por lo tanto el entorno en el que influye en ella, y en consecuencia en sus acciones. Para Schecaria (2012), otro aspecto importante es el estudio de la víctima que sufre de la práctica del acto delictivo que puede ser causado por sus propios actos, por actos de otros o incluso actos de azar. Inicialmente, el derecho penal hizo caso omiso de la figura de la víctima, centrándose sólo en el delincuente, pero desde el punto de vista de la ciencia criminal, la víctima también fue considerada en el análisis del perfil de criminógeno. Según Penteado Filho (2013), se deben considerar tres fases con respecto a la víctima desde un punto de vista criminal.

Son, respectivamente, la “edad de oro, la neutralización del poder de la víctima y la revalorización de su importancia” (PENTEADO FILHO, 2013, p. 24). La “edad de oro” es entendida por los adoctrinantes como el período que duró hasta la Alta Edad Media. La víctima fue entendida como el núcleo del proceso y hubo la ocurrencia de venganza privada. Según Francia (2018), la segunda fase comprendía el proceso de neutralización de la víctima, y así, después de designar el monopolio punitivo para el Estado, se utilizó un modelo de proceso basado en acciones públicas que prevalece hasta el día de hoy en los más diversos sistemas jurídicos. Para Viana (2016), hubo, en esta etapa, pocas acciones criminales de carácter privado, y también raras posibilidades de interferencia de la víctima en el ámbito criminal.

La tercera fase, finalmente, comprende el redescubrimiento del papel de la víctima. El estudio de la victimología permitió un estudio más profundo en el estudio relacionado con la delincuencia, debido a la valiosa información proporcionada por ellos. Esta ciencia es de suma importancia, porque, a partir de ella, comenzamos a analizar los daños sufridos por las víctimas que cambian según los tipos de delitos y la gravedad con la que se cometieron, lo que ayudó mucho en la reintegración de las víctimas en el entorno social. Con respecto al control social, cabe destacar que es de suma importancia analizar la relación causa-efecto entre el control social y el crimen para el estudio de la Criminología. Como se sabe, los conflictos son inherentes a la interacción social, y pueden resolverse entre los involucrados solamente o con la intervención estatal, dependiendo del grado de desaprobación que el crimen tiene en la sociedad.

Según Molina (2002), el control social compone un conjunto de instituciones, así como estrategias y sanciones derivadas del entorno social. A continuación, tienen como objetivo promover y garantizar la seguridad y comprender los modelos y estándares de la comunidad en este proceso. En este sentido, desde el comienzo de las civilizaciones, las sociedades han establecido normas de conducta para que exista un equilibrio social, constituyendo sanciones a través del control social cuando hay transgresiones de las mismas para mantener el orden social. Así, Conde (2005, p. 22) predice que “el control social determina así los límites de la libertad humana en la sociedad, constituyendo, al mismo tiempo, un instrumento de socialización de sus miembros”. Es importante señalar que el control social criminal surgió no sólo para castigar al criminal, sino también para delimitar ius puniendi por parte del Estado. Para Beccaria (2003, págs. 19-20):

En este pacto social no sólo sería el origen del derecho penal, sino también su límite, ya que sólo la necesidad obliga a los hombres a ceder una parte de su libertad; es que cada uno de ustedes sólo acepta poner en el depósito común la porción más pequeña posible de la misma, es decir, exactamente lo que era necesario para comprometer a otros a mantenerlo en posesión del resto. La asamblea de todas estas pequeñas porciones de libertad es la base del derecho a castigar. Todo ejercicio del poder que se aparta de este fundamento constituye abuso y no justicia; es un poder de hecho y no en la ley; usurpación y nunca un poder legítimo.

Es importante destacar, teniendo en cuenta el contexto presentado, que ciencias como Biología, Psicología, Sociología, Psiquiatría fueron fundamentales para los análisis criminológicos, sirviendo así de base para ayudar a las estadísticas y observaciones, necesarias, a su vez, para definir el método de investigación para cada período. A lo largo de los años y métodos, a partir de tales análisis interdisciplinarios, se percibe que el crimen se convirtió no en el único objeto de estudio de la Criminología, ya que esta ciencia estableció otros objetos como alcance y de igual importancia para la realización de análisis: el delincuente entendido desde una perspectiva preventiva y represiva.

2.2 ESCUELAS CRIMINOLÓGICAS: MÉTODOS PARA ANALIZAR PERFILES DE CRIMINÓGENOS

En cuanto a los períodos históricos de la Criminología, desde la Antiguedad (período designado como precientífica), ya había textos escasos que revelaban preocupación por la delincuencia. El período se hace referencia en el Código de Hammurabi, fechado aproximadamente en 1772. C., basado en la Ley de Talion, con la máxima “ojo por ojo, diente por diente”, en la que predicaba la venganza, es decir, la pena retributiva. En este período, el crimen fue entendido desde perspectivas religiosas y sobrenaturales, siendo visto como un pecado, juzgado basado en los valores éticos y morales de la época. En cuanto al surgimiento de la Criminología, hay desacuerdo sobre su marco inaugural, y es cierto que la doctrina mayoritaria tiene la fecha de 1879 y fue inaugurada por el antropólogo francés Paul Topinard. La idea fue difundida y, en 1885, Raffaele Garófalo utilizó el término crimen en la obra “Criminología”.

De la Ilustración, en el siglo XVIII, aparece la Escuela Clásica, cuyos principales exponentes fueron Cesare Beccaria, Francesco Carrara y Giovanni Carmignani, caracterizados por la adopción del método lógico-abstracto y deductivo, basado en el silogismo y la base de la responsabilidad penal a libre alé alrán. En esta etapa, cabe mencionar el libro “Dos Delitos e das Penas”, escrito en 1764 por el Marqués de Beccaria. Se trata de una crítica al actual sistema penal, en el que denuncia la tortura, el castigo y el castigo desproporcionado, colaborando con la reforma del sistema (BECCARIA, 2001). Queda claro que esta Escuela no tenía teorías homogéneas, porque sus seguidores divergieron en muchos postulados, pero queda claro que la pena, la responsabilidad penal y el crimen fueron las ideas que la caracterizaron.

Así, las doctrinas jusnaturalistas y contractualistas, que al principio parecen opuestas, creían en normas jurídicas superiores al Estado, cuestionando así la legitimidad de su tiranía. En este sentido, Baratta enseña (1999, p. 33): “El contrato social es la base de la autoridad y las leyes estatales; su función, que deriva de la necesidad de defender la coexistencia de intereses individualizados en el Estado civil, es también el límite lógico de todo sacrificio legítimo de la libertad individual a través de la acción del Estado.” Destaca, en particular, el ejercicio del poder punitivo por parte del propio Estado. Debido a esto, los partidarios de la escuela defendieron la restauración de la dignidad humana y su derecho ante el Estado, lo que contribuyó sustancialmente al derecho penal.

A finales del siglo XIX, bajo la inspiración de fisionomía y frenología, comenzó un período llamado Scientific, que condujo al surgimiento del Positivismo Criminológico. La Italiana Positive Scuola tuvo como líderes Lombroso, Ferri y Garofalo, y Lombroso es el autor de la obra “El hombre delincuente”, publicada en 1876. Es considerado por los adoctrinadores como el padre de la Criminología, y también como el creador de la disciplina “Antropología Criminal”. Empleó el método empírico en sus investigaciones y abogó por el determinismo biológico en el campo criminal. El médico italiano creía, sobre la base de sus penitenciarías de investigación médica que utilizaban el método causal explicativo, que el criminal consistía en una variedad de la especie humana, afectada por anomalías anatómicas y fisipsicológicas.

Para él era cierto que los rasgos físicos identificarían al criminal por naturaleza. Para ello, propuso el establecimiento de un perfil capaz de verificar a las personas propensas a cometer delitos. Paula (2013 apud MOLINA, 2002, p. 24), afirma que “la principal contribución de Lombroso a la Criminología no reside tanto en su famosa tipología (donde destaca la categoría de “delincuente nato”) o en su teoría criminológica, sino en el método que utilizó en sus investigaciones: el método empírico”. En la fase sociológica de esta Escuela, según Paula (2013), en la que destacó Enrico Ferri, continuó el movimiento que popularizó fenómenos criminiógenos, antropológicos, físicos y sociales. Además de defender a los sustitutos criminales, el jurisconsulto hizo más hincapié en la prevención de los delitos, además de presentar la pena no como una forma de castigar al individuo, sino de reajustarla a la vida social.

Según Paula (2013) y Mansoldo (2018) aluden a que Ferrisured los “clásicos” afirmando que estos anularon la teoría sobre la génesis del crimen, que llevó a la constatación fáctica de esto, con su presencia. Propuso, como sustitución, la adhesión a una visión “etiológica” sobre este crimen, y así guió la investigación científica para verificar las causas del crimen (MOLINA, 2002). También subrayó que el criminal estaría destinado a cometer prácticas criminales debido a su contexto de vida, y por lo tanto apoyó la idea de que no hay libre alé alé. En la fase jurídica de la Escuela, hay especial énfasis en las aportaciones de Garófalo. Su investigación fue sobre el crimen en sí y defendió la relación entre el carácter criminal con una anomalía psíquica y moral, introduciendo la peligrosidad criminal como criterio de medida criminal.

Garófalo ocupó el cargo de jurista, y así propuso una sistematización legal a la Escuela Positiva. Destacó, sobre todo, principios como la peligrosidad, entendidos como la base de la responsabilidad del infractor y la prevención especial como el fin de la sentencia, basando el derecho a castigar en la teoría de la Defensa Social y formulando una definición sociológica de la delincuencia natural (BITENCOURT, 2000). Rodrigues (2019) alude que, para Garófalo, del uso del término “Castigo”, entendido como filosofía, se basaba en la premisa de que la pena debía deberse a las características de cada infractor, sin utilizar, por lo tanto, criterios convencionales, como la retribución o la expiación, corrección o prevención. Cada infractor es único y exige diferentes sanciones.

También llamada escuela antropológica, naturalista o realista, destaca por actuar de forma multidisciplinar, es decir, utiliza otras ciencias, como la Psiquiatría, Antropología, Sociología y Estadística para analizar el comportamiento humano. Para realizar un análisis más completo y detallado, se utilizan factores externos o internos, como la causa y el entorno en el que surge. En este contexto, la Escuela Positivista entiende que el criminal decide cometer el crimen. Esa elección es gratuita. También se supone que los factores que influyen en este criminal provienen de su contexto de vida, lo que lo sitúa en un estado de anormalidad, en el que la persona normal es capaz de vivir en la sociedad. Las Escuelas Clásicas y Positivas, a su vez, según Ribeiro (2017), eran las únicas corrientes criminales que, en ese momento, asumieron posiciones filosóficas distintas.

Posteriormente, llegó la Escuela Crítica, que entiende el crimen como un fenómeno social y busca explicar y justificar la forma en que los factores del entorno social actúan sobre la conducta individual, llevando al hombre a la práctica delitiva. Esta Escuela busca un paradigma de reacción social, rompiendo con el paradigma etiológico de las escuelas anteriores, y, por lo tanto, hay una serie de discursos que son los resultados del conjunto de conocimientos diversos de diversos campos del conocimiento. Se utilizan para ilustrar los fenómenos delictivos basados en el conocimiento de la cooperación homogénea en cada tiempo histórico. A través de estos discursos, surgieron varias corrientes que buscaban reconciliar sus ideas en busca de nuevos modelos de estudio para la criminología, y el pensamiento criminológico fue influenciado por dos puntos de vista principales de la Macrosociología.

Según Abreu (2018), la primera es la Teoría de la Integración (también conocida como Teoría del Consenso o Funcionalista). Esta corriente abarca las Escuelas Sociológicas de Chicago, la Teoría de la Asociación Diferencial, la Teoría de la Anomía y la Teoría de la Subcultura Delincuente. Por lo tanto, pretende reflexionar sobre las formas en que la sociedad funciona a la perfección, para que los sujetos puedan compartir objetivos comunes a la colectividad, obedeciendo, por lo tanto, las normas existentes. Hay entonces asociaciones voluntarias que crean sistemas sociales y comparten valores similares, haciendo que la cooperación mutua funcione. Presentan como elementos estabilidad, integración, coordinación funcional y consenso. Según esta teoría, el cambio social representa una disfunción.

La segunda fue la Teoría del Conflicto Social, en la que se inserta el Enfoque de Teoría del Etiquetado, la teoría interaccionista y la teoría crítica, que entienden el crimen como un fenómeno social y selectivo, directamente vinculado a la vida en la sociedad. Para bien (2011), la Teoría del Conflicto Social entiende y se basa en aspectos como el hecho y el orden y cómo estos se manifiestan en la sociedad. Estos elementos se basan en la forma de fuerza y coacción, y por lo tanto son posibles por la dominación de algunos individuos ante otros, lo que coloca a una parte de la sociedad como sujeta a estos otros. Hay, entonces, una relación dominante y dominada.

Esta teoría fue defendida por varios autores, y entre ellos, Karl Marx destaca, quien entiende, por sus escritos teórico-filosóficos, que cada elemento de una sociedad contribuiría a su desagregación y transformación. Paula (2013), en su estudio, destaca que el éxito de esta Escuela se produjo debido al hecho de que se basa en el uso efectivo de la información que proporciona con el fin de analizar los efectos políticos penales. Según Molina (2002), sólo estas teorías se basan en la hipótesis de que la delincuencia es un fenómeno selectivo, en primer lugar, social, y por lo tanto están vinculadas a ciertos procesos, estructuras y conflictos sociales, y por lo tanto, las variables deben ser aisladas.

CONSIDERACIONES FINALES

Esta reflexión trató de enfatizar y también discutir, desde el punto de vista histórico, los objetos de la Criminología. Estos son extremadamente complejos y deben ser analizados desde la interdisciplinariedad. Por lo tanto, cabe destacar que el alcance de la obra no es agotar los temas sobre el tema, porque sería demasiado agotador analizar las numerosas teorías desarrolladas por ella. El objetivo de este artículo era dilucidar los aspectos esenciales relacionados con el campo de la ciencia criminal. En primer lugar, analizamos las Escuelas Criminológicas, y también sus métodos analíticos para entender sus objetos, teniendo en cuenta los diversos núcleos sociales.

Se concluye que la criminología es crucial para entender el fenómeno criminal multifacético insertado en las sociedades. Después de la investigación de cada fase, Escuela o Teoría de carácter criminal, notamos la relevancia del pensamiento de cada época con respecto a los motivos del delito generado en el ámbito social, especialmente en lo que respecta a las leyes penales, en sus formaciones de tipos criminales y políticas criminales. En este sentido, se señaló la importancia del análisis interdisciplinario, como histórico, político y social en el estudio de los objetos de esta ciencia para la comprensión de las razones que determinan los factores que promueven la cartografía del perfil criminógeno de cada contexto.

REFERENCIAS

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[1] Licenciado en Derecho por la Universidad Federal fluminense en 2012.

Enviado: Abril, 2020.

Aprobado: Mayo, 2020.

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