El paradigma del pastorado femenino en la iglesia evangélica de hoy

DOI: 10.32749/nucleodoconhecimento.com.br/teologia-es/pastorado-femenino
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CONTEÚDO

ARTÍCULO ORIGINAL

SÁ, Danielle Mendonça de [1], GHEDINI, Robson Maurício [2]

SÁ, Danielle Mendonça de. GHEDINI, Robson Maurício. El paradigma del pastorado femenino en la iglesia evangélica de hoy. Revista Científica Multidisciplinar Núcleo do Conhecimento. Año 06, Ed. 12, Vol. 07, págs. 159-173. Diciembre 2021. ISSN: 2448-0959, Enlace de acceso: https://www.nucleodoconhecimento.com.br/teologia-es/pastorado-femenino, DOI: 10.32749/nucleodoconhecimento.com.br/teologia-es/pastorado-femenino

RESUMEN

Actualmente, hay iglesias que optan por limitar la contribución de las mujeres en el ejercicio de su ministerio en algunos sectores eclesiásticos, o incluso por silenciarla. Por lo tanto, esta investigación se basa en la siguiente pregunta: ¿cómo ayuda el análisis del papel de la mujer en el contexto bíblico a aceptar la legitimidad del pastorado femenino en la iglesia evangélica de hoy? Así, el objetivo de este estudio es proporcionar un nuevo horizonte en la comprensión del tema del liderazgo eclesiástico femenino, con el fin de contribuir a la resolución de este problema y a la ruptura de paradigmas, a la luz de la Santa Biblia, describiendo las principales dificultades que enfrentan las mujeres en el ejercicio ministerial, al tiempo que se busca comprender el pensamiento derivado de aspectos del contexto social, político, histórico, económico y religioso desde la época en que se escribieron los textos bíblicos. Para ello se utilizó la investigación bibliográfica y el enfoque cualitativo como presupuesto metodológico descriptivo, pues era necesario presentar elementos y hechos extraídos de la historia respecto a estos aspectos, ya que la combinación de todos permitió traducir la forma en que hombres y mujeres de la época se comportan, pensaban y sentían. También se entiende que este pensamiento impregnó la tradición de la Iglesia a lo largo de los siglos, sin embargo, se enfatiza que la tradición cultural de la época no tiene los mismos elementos socioculturales de hoy. En este sentido, se recopila información sobre las dificultades que enfrentan las mujeres en el campo social y religioso, la función femenina en el judaísmo, su participación en el cristianismo, desde la forma en que Jesús las trató; a su participación en la Iglesia Primitiva, además de ofrecer espacio para el análisis de textos bíblicos que arrojan luz sobre la visión bíblica de los ministerios femeninos, un relato de la historia de Débora, pastora en la práctica, aunque no lleva el título, así como, discursos sobre el ministerio pastoral como un don dado por Dios. Se concluye que hoy se llama a mujeres más valientes, valientes, fieles a Dios, piadosas, obedientes, leales, pastoras de almas, como Débora, María, Hulda, entre otras. Después de todo, para los hombres y las mujeres hay un Dios, una misión (la suya), una visión y un objetivo, Jesús.

Palabras clave: Biblia, iglesia, liderazgo, mujeres, tradición.

1. INTRODUCCIÓN

Sobre el tema del liderazgo femenino en la sociedad actual, si la siguiente pregunta estuviera dirigida a personas de diferentes géneros: “¿Aceptarías de buena gana ser dirigido por un capitán militar si fuera tu oficial subordinado? ¿Estarías de acuerdo en ser el copiloto de un avión consciente de que ha sido volado por una mujer? ¿Estaría de acuerdo en someterse a las pautas de un gerente de la empresa?” posiblemente la respuesta de muchos, tanto hombres como mujeres, sería: “Sí, siempre y cuando esté completamente calificada para el papel”. Sin embargo, en el entorno eclesiástico, la ordenación de mujeres a puestos de liderazgo ha sido objeto de muchas discusiones en los últimos tiempos.

La tradición eclesiástica a menudo prohíbe a las mujeres predecir o enseñar. La base teológica de esta teoría se basa en instrucciones, como las paulinas, que ocurren dentro de un contexto en el que las mujeres generalmente no eran instruidas, en una sociedad apegada a valores y costumbres surgidas de la tradición judía, y también gentil, donde había una necesidad de que el apóstol rescatara y mantuviera el orden en la Iglesia, para no escandalizar a los hermanos recién convertidos al cristianismo. La tradición judía prohibía a las mujeres enseñar en la sinagoga. La tradición griega les impedía, casi por completo, tener vida social, porque estaban lejos de lugares y eventos públicos, incluidos los religiosos.

A lo largo de los siglos, la figura femenina ha sufrido una represión intelectual, aunque silenciosa, y a veces humillaciones, lo que ha desencadenado la lucha femenina por su espacio en un mundo dominado, por generaciones enteras, por la figura masculina. Factores como la desigualdad salarial, los obstáculos invisibles en los ascensos, la falta de respeto y el abuso de la autoridad masculina, todavía han sido la realidad de muchas mujeres en la actualidad. Frente a esta dificultad de comprensión, esta investigación se justifica reuniendo conceptos bíblicos y fundamentos que abordan el tema del liderazgo eclesiástico femenino, después de todo, Dios no depende de los juicios humanos para llevar a cabo su obra redentora. En la historia de la Iglesia, Jesús confía en hombres y mujeres como colaboradores de su Misión dada a la Iglesia (BÍBLIA, 2011, 1 Coríntios 3.9).

Con el creciente número de denominaciones cristianas que aceptan la legitimidad del pastorado femenino y la multiplicación de iglesias plantadas por mujeres, muchos enfrentamientos han tenido lugar entre diferentes grupos en el entorno evangélico. De los que defienden y creen que las mujeres pueden ocupar puestos de liderazgo pastoral eclesiástico, y de los que defienden y creen que sólo los hombres tienen autorización divina para ocupar tales cargos. Hay un contrapunto a considerar que es de fundamental importancia, saber lo que dice la Biblia sobre este tema. Por lo tanto, buscamos recopilar información de la literatura bíblica y judeocristiana sobre el tema, con el fin de aclarar la siguiente pregunta: ¿cómo ayuda el análisis del papel de la mujer en el contexto bíblico a aceptar la legitimidad del pastorado femenino en la iglesia evangélica de hoy?

La Biblia es la Palabra de Dios inerrante e infalible (BÍBLIA, 2011, 2 Timóteo 3.16). Considerando que los hombres inspirados por Dios vivían dentro de un contexto social, político, histórico, económico y religioso, para extraer las verdades bíblicas contenidas en ellos, es esencial conocer la cultura y la propuesta original de los textos bíblicos antes de realizar su correcta interpretación y, cuando se trata de la cultura judía, es necesario ser aún más cauteloso debido a sus particularidades literarias y poéticas, porque si en la contextualización de los textos se conservaran elementos estrictamente ligados a la cultura del pueblo judío, se experimentarían actualmente situaciones como el uso de velos por parte de las mujeres como requisito previo en la adoración de Dios, como escribió el apóstol Pablo en la Bíblia Sagrada (2011) en 1 Corintios 11:1-16.

Por lo tanto, esta investigación tiene como objetivo contribuir a la clarificación de lo que la Biblia enseña sobre el papel de la mujer en la Iglesia de Cristo y cómo Él la hace partícipe de su Misión, con elementos y hechos extraídos de la historia, con el fin de proporcionar un nuevo horizonte en la comprensión del tema del liderazgo eclesiástico femenino. Además, también pretende contribuir a la solución de este problema a la luz de la visión bíblica sobre el tema y, para ello, se utilizó como presupuesto metodológico la investigación bibliográfica y el enfoque cualitativo de forma descriptiva. En la recolección de información para la recolección de datos y hechos, además de la Santa Biblia, este estudio contó con los siguientes autores: Curtis Allen, Branca Moreira Alves, Jacqueline Pitanguy, Simone Beauvoir, Russell Champlin, Arthur Cundall, Kathy Keller, Sandra Kochmann, Lucado, John MacArthur, Eugene Merril, Flávio Josefo, Charles Pfeiffer; Everett Harrison, Fani Averbuh Tesseler, Nicholas Thomas Wright, entre otros.

Este artículo se aplica a las mujeres que, como la autora, han sufrido la falta de aceptación y el prejuicio de líderes que no reconocen la autoridad divina en el ejercicio del ministerio pastoral femenino, y también a todas aquellas que son cooperadoras y amantes de la Misión. de Dios y Su Santa Palabra. En su estructura, inicialmente, se aborda el tema denominado “una voz reprimida en la sociedad”, dando cuenta de las principales dificultades que enfrentan las mujeres para acceder a la educación y la forma en que son vistas por la sociedad en el ámbito social y religioso. En el tercer tema, se recopila información sobre “la función de la mujer en el judaísmo”, considerando, principalmente, el pensamiento de la rabina Sandra Kochmann sobre el tema.

En el cuarto tema se aborda “participación femenina en el cristianismo”, subdividido en: “Jesús rompió paradigmas humanos”, el cual presenta información sobre la forma en que Jesús trató a las autoridades religiosas de su tiempo, quienes invalidaban la Ley de Dios en perjuicio de las tradiciones humanas; “Jesús valoraba a las mujeres”, a partir de este tema, explica la forma en que Jesús se comportó con las mujeres de ese tiempo, valorándolas e incluyéndolas, sin sentido, incluso contradiciendo las tradiciones rabínicas, como la que le prohibía dirigirlas públicamente; “Mujeres sin poder de palabra en la iglesia”, que analiza y ofrece una adecuada interpretación de textos bíblicos controvertidos, como 1 Timoteo 2.11,12 y 1 Corintios 14.34,35, para una correcta comprensión del mensaje propuesto; y el último subtema, que recoge algunos datos relacionados con la “la participación de la mujer en la iglesia primitiva”, en el contexto bíblico.

En el quinto tema se relata la historia de “Débora, un pastor en la práctica”, quien, a pesar de no ostentar el título, poseía todos los atributos que le confieren, principalmente, el llamado de Dios, que la capacitó para conducir a su nación. , sin que ello eclipsara su papel de buena esposa y madre, verdadero ejemplo a seguir por todos. Finalmente, el último tema de discusión presenta “el ministerio pastoral como un don dado por Dios” y que, por tanto, Él lo da a quien y cómo Él quiere, sin distinción alguna, únicamente para la edificación de Su Iglesia; terminando con las observaciones finales.

2. UNA VOZ REPRIMIDA EN LA SOCIEDAD

El liderazgo religioso durante muchas generaciones perteneció a la figura masculina. Para el rabino Kochmann[3] (2005), a lo largo de la historia, la preferencia en el estudio de la Biblia era del hombre, porque las mujeres no tenían acceso a tanta información como lo hacen hoy. Sobre la figura femenina en el siglo IV a.C, en la antigua Grecia, Jenofonte declara: “[…] vive bajo estrecha vigilancia, de la menor cantidad de cosas posible, escucha la menor cantidad de cosas posible, haz la menor cantidad de preguntas posible” (ALVES; PITANGUY, 1985, p. 12). Tales declaraciones reflejaban el pensamiento de la época sobre el tema y la forma en que las mujeres fueron reprimidas por la sociedad de dominación principalmente masculina. En Brasil, solo desde finales del siglo XIX, las mujeres comenzaron a asistir a las escuelas, e incluso entonces, tímidamente, porque, inicialmente, sólo las escuelas privadas estaban destinadas a las mujeres (TESSELER, 2009).

En el camino que se la ve en la sociedad, Beauvoir (1970, p. 72) afirma en un texto escrito en la década de 1970 que “el hombre se define como un ser humano y una mujer se define como mujer. Cuando se comporta como un ser humano se le acusa de imitar al varón”. En un texto más reciente, que contiene el testimonio de Kathy Keller, esposa de uno de los pastores más prominentes de la actualidad, Tim Keller, con quien se casó y lo acompañó en el liderazgo de la West Hopewell Presbyterian Church en Virginia durante nueve años, ella afirma:

Em todos os lugares nos quais tenho ministrado desde então, sinto-me como uma mulher sem país. Em alguns deles, sou vista com suspeição, como uma ‘louca feminista’, porque encorajo mulheres a ensinar e a liderar, e eu mesma faço. Certa vez, no norte da Escócia, durante uma sessão de perguntas e respostas conduzidas pelo Tim após o culto de uma congregação da Free Church of Scotland (Igreja Livre da Escócia), eu entrei na conversa. Como normalmente fazíamos a sessão de perguntas e respostas juntos todo domingo em nossa casa, após o culto da noite, nunca liguei sobre expressar minha opinião. No entanto, todas as cabeças viraram para me olhar com incredulidade estampada em face, masculina e feminina. Foi como se o cachorro de repente tivesse falado (KELLER, 2019, p. 8).

El problema experimentado por Keller en su testimonio, desafortunadamente, ha sido la triste realidad de muchas mujeres, ya sea en el entorno social o religioso. Según Perrot (1992, p. 185), “de la historia, a menudo, las mujeres son excluidas”. Según datos del Ministerio de Economía, el 43,8% de las mujeres ocupan puestos directivos en Brasil, es decir, todavía representan la minoría en puestos de mayor rango y, a pesar de ocupar puestos de liderazgo, su remuneración promedio sigue siendo inferior a la de los hombres, del 69,8%, para los mismos puestos de junta directiva, liderazgo, supervisión, gestión, coordinación y gestión (BRASIL, 2019).

3. LA FUNCIÓN DE LA MUJER EN EL JUDAÍSMO

El papel de la mujer en el judaísmo, según Kochmann (2005), se diversifica según su contexto socio-histórico y sufrió influencias extranjeras, especialmente la griega, que le impidieron, casi totalmente, tener una vida social, porque la alejaba de lugares y eventos públicos, incluidos los religiosos. Según ella,

Na época bíblica, as mulheres dos Patriarcas eram as Matriarcas, mulheres ouvidas, respeitadas e admiradas. Havia mulheres profetisas e juízas. As mulheres estavam presentes no Monte Sinai no momento em que Deus firmou o Seu Pacto com o povo de Israel. Participavam ativamente das celebrações religiosas e sociais, dos atos políticos. Atuavam no plano econômico. Tinham voz, tanto no campo privado como no público. Com o decorrer do tempo e por força das influências estrangeiras, especialmente a grega, foram excluídas de toda atividade pública e passaram a ficar relegadas ao lar. Essa situação das práticas cotidianas daquela época foi expressa nas leis judaicas então estabelecidas e permanece a mesma até hoje (KOCHMANN, 2005, p. 35-36).

De acuerdo, MacArthur (2019) afirma en su relato de la posición femenina en la época de los Patriarcas de la Biblia, que

Os relatos bíblicos dos patriarcas sempre dão o destaque devido às suas mulheres. […] Miriã, irmã de Moisés e de Arão, era tanto profetisa quanto compositora – e em Mq 6:4, o próprio Deus a honra, ao lado de seus irmãos, como uma das líderes da nação durante o Êxodo. Débora, também uma profetisa, era juíza em Israel antes da monarquia (Jz 4:4). […] Em Provérbios, a sabedoria é personificada como uma mulher. A Igreja do Novo Testamento é igualmente representada por uma mulher, a noiva de Cristo (MACARTHUR, 2019, p. 16-17).

Sin embargo, la religión pagana tendía a devaluar a las mujeres. La mitología griega y romana tenía sus dioses, como Diana y Afrodita, servidos por prostitutas sagradas, una práctica supuestamente humillante para las mujeres (MACARTHUR, 2019). Con el tiempo, algunos elementos se incorporaron a la tradición judía y se reunieron en Talmud, una colección de libros sagrados judíos. Para Kochmann (2005, p. 37), “en el período taludico”, entre los siglos 3 y 6 d.C., “un tiempo en el que se establecieron las reglas del día a día judío, basadas en la interpretación y el análisis de los textos bíblicos por parte de rabinos (exclusivamente hombres)”, la mujer encuentra barreras para asistir a la escena pública, porque esta concepción “recibe influencia directa de la antigua sociedad griega en la que se insertó. En él, la mujer prácticamente no tenía vida social, ya que estaba lejos de lugares y eventos públicos, incluidos los religiosos”. Según Judith Baskin,

Carol Meyers argumenta que, quando o trabalho agrícola e a gravidez, duas esferas nas quais as mulheres desempenhavam um papel ativo, eram centrais na sociedade bíblica, a vida social e religiosa no Israel antigo era relativamente igualitária. Quando o estado político e a monarquia emergiram, e a vida religiosa foi institucionalizada no culto ao templo e na burocracia sacerdotal (a partir do século X a.C), no entanto, as mulheres foram cada vez mais excluídas da arena pública e perderam o acesso à autoridade comunitária (BASKIN, 2020, s.p.).

En la cultura judía se insertaron ciertas costumbres y hábitos considerados tan degradantes y humillantes para las mujeres, que Sandra Kochmann afirma:

Começar cada dia escutando os homens dizerem ‘Bendito sejas Tu, Eterno, nosso Deus, Rei do Universo que não me fizeste mulher’ não é agradável para mulher alguma que, por sua vez, deve proferir com ‘resignação’ as palavras ‘Bendito sejas Tu, Eterno, nosso Deus, Rei do Universo, que me fizeste segundo Tua vontade’. Essas bênçãos fazem parte da liturgia tradicional judaica dentro do conjunto de ‘agradecimentos a Deus’ conhecido como ‘Bênçãos matinais’ e que são recitadas toda manhã ao despertar. […] Segundo o rabino contemporâneo Joel H. Kahan, essa bênção se originou do dito helênico popular, citado por Platão e Sócrates […]. ‘Ser homem e não mulher’ era central em ambas as culturas, onde a mulher ocupava um lugar secundário, especialmente na vida pública (KOCHMANN, 2005, p. 36-37).

El citado rito se incorporó a la tradición judía y la figura femenina fue inferior en relación a la masculina, catalogada como “ser humano de segunda”. Incluso en la sociedad judía, las mujeres y los niños no se contaban en los censos y esto hace que sea difícil determinar su suma de población. Vaux (2004) afirma que incluso el total más bajo de 2 Samuel 24.1-9 (BÍBLIA, 2011) es muy exagerado, porque faltan documentos estadísticos, es decir, aunque, en la Biblia, hay algunas indicaciones numéricas, no ayudan mucho.

Leer la Torá de manera pública es parte del aspecto de la liturgia de adoración de la sinagoga, de la cual las mujeres estarían exentas. Si una mujer se pusiera de pie en el lugar de un hombre para realizar la lectura de la Torá, porque estaba incluida entre los lectores de la ceremonia, en las siete, esto implicaría que ninguno de los hombres presentes sería capaz de cumplir con tal obligación, una situación vergonzosa, para muchos judíos (KOCHMANN, 2005). Otros interpretan que la actitud se consideraría deshonrosa sólo en los casos en que la lectura fue hecha enteramente por una mujer (SHPERBER, 2003).

Kochmann (2005) argumenta que, considerando el hecho de que, en la actualidad, a las mujeres judías ya se les permite asumir atribuciones religiosas de las que antes estarían exentas, como también es el caso en otros niveles de la sociedad, muchas de ellas han reclamado el derecho a estudiar para formar rabinos y líderes comunitarios. Para ella, el conocimiento de los antecedentes y mutaciones de la ley judía ayudaría a comprender cuán dinámica es y, en consecuencia, permitiría una mayor aceptación de esta nueva realidad.

4. PARTICIPACIÓN FEMENINA EN EL CRISTIANISMO

Toda la Sagrada Escritura apunta a Jesús, porque Él es el sujeto, el objetivo y el cumplimiento de las Profecías del Antiguo Testamento (BÍBLIA, 2011, Mateus 1.22; 2.6,15,17-18,23; 3.3; 4.14-16). Según Keller (2019, p. 10), “Jesús confió en la inspiración del Antiguo Testamento y prometió la inspiración del Nuevo Testamento”, a través del Espíritu Santo (BÍBLIA, 2011, João 14.26). Sobre la correcta interpretación de los textos bíblicos, Allen (2012) afirma que es necesario interpretarlos respetando el contexto en el que se insertan y a la luz de Cristo, el cumplidor de la Biblia en su totalidad, asumiendo que Él es el modelo de conducta para todo cristiano (BÍBLIA, 2011, 1 João 2.6), como diría Sheldon (2007) en su libro titulado Em seus passos o que faria Jesus? Por lo tanto, es necesario analizar lo que Él enseña sobre el papel de la mujer en su Iglesia y cómo también la hace partícipe de su misión de salvación y rescate de la humanidad. Esta información se recopila de manera concisa.

4.1 JESÚS ROMPIÓ PARADIGMAS HUMANOS

Durante el ministerio terrenal de Jesús, entre las autoridades religiosas de la época, se destacó un grupo llamado “fariseos”, hombres respetados por los judíos como profundos conocedores de las leyes judías (JOSEFO, 2004). Sin embargo, habían construido su propio sistema de interpretación, que se convirtió en un conjunto de tradiciones y reglas, a menudo colocadas por encima de las Sagradas Escrituras cuando había desacuerdo entre ellas, lo que se volvió peligroso porque valoraban las tradiciones humanas más que la Palabra de Dios, como Jesús les advirtió en Marcos 7:13. Josefo (2004, p. 819) los clasifica como “[…] una secta de hombres que quieren que los juzguemos más educados que otros en la religión, que son tan queridos por Dios, que Él se comunica con ellos y les da conocimiento de las cosas por venir”.

Según Allen (2012, p. 54), en su comentario sobre Mateo 12:1-8, “Jesús habla directamente de la arrogancia de la interpretación farisea”. Los acusó de no practicar la Ley de Dios, a pesar de que estaban bien informados al respecto (BÍBLIA, 2011, Mateus 23,23-28). Para Merril (1987, p. 412), “Jesús, de hecho, afirmó que el juicio impuesto a los fariseos sería mayor que el que cayó sobre Nínive. […] los fariseos no se arrepintieron con la predicación de aquel que era más grande que Jonás (Lc 11:32)”. Jesús rechazó el conjunto de instrucciones impuestas por la tradición judía, que eran contrarias al verdadero propósito divino, de salvar al hombre pecador (BÍBLIA, 2011, Mateus 18.11), entre ellas aquellos que trataron de impedirle realizar milagros en el sábado, el día del descanso de los judíos, de acuerdo con la Ley de Dios (BÍBLIA, 2011, Êxodo 34.21).

Poco después de sanar a un hombre que tenía una de sus manos deformadas dentro de la sinagoga local (BÍBLIA, 2011, Mateus 12.9-10), Jesús responde a los fariseos que lo cuestionaron sobre la legalidad de su acción, diciendo: “[…] El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante? Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo.” (BÍBLIA, 2011, Mateus 12.11-12), lo que significa que la práctica del bien debe ser diaria, independientemente del día de la semana. Jesús es el Señor, “incluso del sábado” (BÍBLIA, 2011, Mateus 12.8). Rompió los paradigmas humanos y estableció el Reino de Dios (BÍBLIA, 2011, João 14.6), de acuerdo con su buena, perfecta y agradable voluntad (BÍBLIA, 2011, Romanos 12.2).

4.2 JESÚS VALORABA A LAS MUJERES

Como se mencionó anteriormente, durante el ministerio terrenal de Jesús, la figura femenina fue infravalorada por la sociedad de la época. Sin embargo, el Maestro no hizo distinción. Aunque seleccionó doce apóstoles para sí mismo, la colegiata apostólica no estaba compuesta solo por ellos. También tuvo muchos otros discípulos, entre los cuales también había mujeres, “una práctica desconocida entre los rabinos de su tiempo” (BÍBLIA, 2011, p. 1639), y algunos de ellos lo ayudaron con la donación de sus propios recursos financieros (BÍBLIA, 2011, Lucas 8.1-3). Desempeñaron un apoyo y un papel fundamentales en el ministerio de Jesús. El Maestro los alentó al discipulado, incluso elevando su importancia al servicio doméstico (BÍBLIA, 2011, Lucas 10.38-42). En los relatos de los discípulos de Jesús, la Biblia cita más acerca de María Magdalena, Marta, María, madre de Santiago, y Salomé, que acerca de Natanael o Matías. Además, Jesús también tuvo muchos discípulos anónimos y compañeros de trabajo amados (BÍBLIA, 2011, Lucas 10:1) y hoy la Iglesia del Señor Jesús está dispersa por todo el mundo en innumerables discípulos (BÍBLIA, 2011, Mateus 28.18-20; Romanos 12.4-5).

Jesús rompió paradigmas humanos al referirse a la mujer samaritana en el pozo de Jacob (BÍBLIA, 2011, João 4.9), contrariamente a las críticas de la sociedad e incluso a la incomprensión de sus propios discípulos (BÍBLIA, 2011, João 4.27) y también la transformó en misionera de su pueblo (BÍBLIA, 2011, João 4.28-30). Según A Bíblia da Mulher: “Culturalmente, los judíos y los samaritanos no se asociaban entre sí. Además, se consideraba inapropiado que un rabino habla con una mujer en público. La consideración de Cristo de esta mujer fue, por lo tanto, revolucionaria”. (BÍBLIA, 2011, p. 1639). Trató con dignidad a las mujeres que fueron marginadas por la sociedad de la época (BÍBLIA, 2011, Mateus 9.20-22; Lucas 7.37-50; João 4.7-27). Durante el ministerio de Jesús, las mujeres no solo fueron valoradas, sino también comisionadas, junto con los hombres, para ser “luz del mundo” (BÍBLIA, 2011, Mateus 5.14-16) y empoderadas por el Espíritu Santo para dar testimonio de la salvación de Dios hasta los confines de la tierra (BÍBLIA, 2011, Atos 1.8).

MacArthur (2019, p. 190) afirma que “Cristo alentó a hombres y mujeres a tomar sobre ellos su yugo y aprender de Él. Esta es también otra prueba de cómo las mujeres son honradas en las Escrituras”. También fueron los primeros en dar testimonio de su resurrección y en recibir la orden de compartir con otros la noticia de que Él está vivo (BÍBLIA, 2011, Marcos 16.7; João 20.15-18). Es posible afirmar que el giro cultural de su tiempo, en Pedro y en los otros discípulos de Jesús, fue preponderante para que dudaran del relato de las mujeres que habían presenciado la resurrección de Jesús (BÍBLIA, 2011, Marcos 16.9-11; Lucas 24.9-12), porque, como se mencionó anteriormente, según la antigua tradición judía, su testimonio público no era confiable.

También afirma que María Magdalena, discípula de Jesús, “emerge como una de las mujeres más importantes del Nuevo Testamento” (MACARTHUR, 2019, 183). Con respecto a su pasado, los evangelios la describen como una mujer que había sido liberada de la posesión demoníaca (BÍBLIA, 2011, Lucas 8.2; Marcos 16.9). Argumenta que “sin revelar ningún detalle degradante del pasado de esta mujer, registran su esclavitud a los demonios para exaltar el generoso poder de Cristo” (MACARTHUR, 2019, p. 190), es decir, de esclava de demonios a fiel seguidora de Jesucristo, “se convirtió en parte del círculo interno de discípulos que viajaron con Jesús en sus largos viajes” (MACARTHUR, 2019, p. 189). Según él, ella también fue una de las mujeres que ayudó a Jesús y a sus discípulos con donaciones financieras. Según Lucado (2018, p. 213): “Después de que el Señor Jesús sanó a María, ella también se convirtió en una seguidora devota. Hipólito de Roma, un teólogo del siglo 3, más tarde lo llamaría “el Apóstol de los Apóstoles”. Su devoción incluso la hizo permanecer en Jerusalén durante la crucifixión de Jesús (BÍBLIA, 2011, João 19.25).

En Juan 20:1-17, la actitud de María llama la atención. Después de ver a Jesús resucitado, su reacción posiblemente fue abrazarlo fuertemente para que no lo soltará, hasta el punto de que declaró en el versículo 17: “No me detengas”. Sobre esta expresión, Champlin (1982, p.  636) argumenta que “el griego original es “aptomai”, […] esta palabra puede tener el significado de manipular o disuadir, indicando algo más que el mero toque de algún objeto. […] María Magdalena probablemente se arrojó a los pies del Señor Jesús y se aferró a ellos”. En consecuencia, MacArthur (2019, p. 196) afirma que “María de una manera muy diferente no quería dejar a Jesús. Es por eso que Jesús le otorgó un honor sin igual, permitiéndole ser la primera en verlo y escucharlo después de su resurrección”, tal fue su devoción a Él. Ella realmente lo reconoció como el Hijo de Dios.

4.3 MUJERES SIN PODER DE PALABRA EN LA IGLESIA

En 1 Timoteo 2:11,12 el apóstol Pablo escribió: “Una mujer aprende en silencio con toda sumisión. No permito que una mujer enseñe, o tenga autoridad sobre el hombre. Pero guarda silencio”. Sin embargo, está claro que, según la Bíblia (2011), Dios no prohíbe a las mujeres hablar en público. Según Kathy Keller,

[…] há vários exemplos no Novo Testamento de mulheres sendo elogiadas, e não condenadas, por falarem em público. Mulheres profetizam em 1Coríntios 11:5 (observe que, em 1Coríntios 12:28, o dom de profecia é considerado superior ao dom de ensino); Priscila e Áquila explicam o evangelho a um homem (Apolo) em Atos 18:26 e, em Romanos 16:3, Paulo se refere à Priscila como uma ‘colaboradora’ (synergos), designação também aplicada à Evódia e Síntique em Filipenses 4:3, mulheres que participaram do trabalho de evangelismo ao lado de Paulo. Também há no Antigo Testamento exemplos de mulheres líderes e profetas, como Miriã, Débora e Hulda […] (KELLER, 2019, p. 25-26).

Por lo tanto, para Keller (2019), en el texto mencionado anteriormente, y también en el texto de 1 Corintios 14:34,35, que dice: “Las mujeres guarden silencio en las iglesias, porque no se les permite hablar; pero están sujetos, como también manda la ley. Y si quieres aprender algo, pregúntale a tus propios esposos en casa; porque es indecente que las mujeres hablen en la iglesia”, Pablo se refiere al orden en la adoración, en continuidad con lo que había estado abordando desde el capítulo 11, al enseñar que los hombres y las mujeres deben guardar sus roles según lo ordenado por Dios, y el acto de cubrirse la cabeza al adorarlo en 1 Corintios 11: 1-16, un signo cultural relacionado con las mujeres. Afirma que “a la Iglesia primitiva se le enseñó a guiar su adoración de acuerdo con el modelo de adoración de la sinagoga judía” (KELLER, 2019, p. 28), sin embargo, para ella, a las mujeres no se les prohibió ejercer sus dones públicamente, ya que el apóstol no estaría condenando esta conducta, sino más bien regulando.

Sin embargo, Champlin (1982) afirma que el apóstol Pablo reconoció la prohibición absoluta de las mujeres de participar de cualquier manera, activa y oralmente, en los servicios públicos, pero a pesar de esto, tales prohibiciones simplemente reflejan la actitud de la época, la práctica de una antigua costumbre judía empleada en las sinagogas, porque el Nuevo Testamento no fue escrito en el vacío. Por lo tanto, es natural que se hayan incluido algunas enseñanzas de naturaleza estrictamente “local y cultural”, pero pueden no ser obligatorias para todos los lugares y épocas.

Casos notáveis de mulheres crentes, que foram mestras, profetisas e elementos de autoridade, são chamados de ‘atos extraordinários de Deus’, por Calvino, o que não perturbaria a ordem normal da Igreja. Mas essa ordem ‘normal’, conforme ensinado neste texto, na realidade só se aplica bem ao antigo judaísmo, e não à igreja moderna, onde os preconceitos contra as mulheres tem desaparecido grandemente, e onde uma atitude mais realista é mantida (CHAMPLIN, 1982, p. 304).

Por lo tanto, la prohibición expresada en el texto bíblico no implica que a las mujeres se les nieguen puestos administrativos en la Iglesia evangélica de hoy. Champlin (1982) considera que tanto en el texto de 1 Timoteo 2 como en 1 Corintios 14,34,35, es posible que el orden dado a las mujeres se dirigiera a la iglesia local, teniendo en cuenta situaciones específicas que involucran a mujeres que deshonraron a la iglesia y al liderazgo, por lo que no es normativa para todas las mujeres de la Iglesia del Señor Jesús. También considera que, en la tradición judía, una mujer decente nunca debe ser vista en público, excepto en algunos días festivos especiales, lo que no es conveniente en la iglesia evangélica de hoy. Por lo tanto, dentro de estas condiciones sociales, qué tan fuera de lugar sería permitir que las mujeres participen oralmente en los servicios públicos. En las sinagogas judías este procedimiento sería considerado un escándalo. Sin embargo, tal instrucción es clasificada por él como un signo cultural, así como la antes mencionada, refiriéndose al uso del velo de las mujeres en el culto público, en 1 Corintios 11.1-16 (BIBLIA, 2011). Por lo tanto, tal tradición no se aplica a la actual Iglesia Evangélica.

Sobre la instrucción dada a una mujer de que ella no enseña al hombre, basada en el orden de la creación, expresado en el texto de Génesis 3: 1-6, Russell Champlin argumenta que

[…] Aquela primeira ocasião em que a mulher resolveu ‘ensinar’ ao homem, ou exercer influência sobre ele, foi horrivelmente fatal. […] Por meio desse exemplo tornar-se-ia óbvio que a mulher não é digna de gozar de igualdade com o homem. Antes, a ordem natural das coisas é que a mulher sempre se ponha sob a autoridade masculina, pois isso evitará maiores desastres. Esse é o raciocínio por detrás desse versículo, o qual concorda perfeitamente com a atitude judaica acerca das mulheres. […] Dessas maneiras é que vários intérpretes têm procurado subestimar o papel de Adão em toda a questão, fazendo Eva parecer muito pior do que realmente ela foi, o que é típico da mentalidade judaica. Os judeus chamavam Eva de ‘mãe de toda a iniquidade e pecado’ (Talmude Hieros. Sabbat. fol 5:2; Sohar em Gênesis, fol. 27:3) […] (CHAMPLIN, 1982, p. 305).

En relación con el texto de 1 Timoteo 2.11,12, la Bibliatodo (2020) considera el hecho de que la iglesia de Éfeso tendría problemas con los falsos maestros y, como a las mujeres judías se les negara el derecho a aprender de una manera similar a lo que se ofrecía a los hombres, no estarían preparadas para lidiar con estos problemas, convirtiéndose en blancos fáciles de estos maestros engañadores, porque son incapaces de discernir la verdad. Y también comenta que

[…] Assim como Eva tinha sido enganada no jardim do Éden, assim as mulheres na igreja estavam sendo enganadas por falsos professores. E assim como Adão foi o primeiro ser humano criado Por Deus, assim os homens na igreja de Éfeso seriam os primeiros em falar e ensinar, porque tinham mais experiência. […] Outros eruditos, entretanto, sustentam que os róis que Paulo destaca são os intuitos de Deus para sua ordem criada (BIBLIATODO, 2020, s.p.).

Sin embargo, así como Adán y Eva encontraron la justicia de Dios, ambos también experimentaron su gracia (BIBLE, 2011, Romanos 5:18-19). Para Russell Champlin,

O autor procura justificar suas regras severas e restringidoras acerca das mulheres à base do fato que é a ordem da criação […]. Para o autor sagrado, a inferioridade de Eva, o fato que ela veio à existência depois de Adão, significa que todas as mulheres devem ocupar posição de inferioridade. Mas esse conceito foi abolido em Gl 3.28, pois Cristo é o fim de tudo isso (CHAMPLIN, 1982, p. 305).

Por otro lado, Wright (2020) afirma que, en ningún momento Pablo condena la ordenación de mujeres al ministerio pastoral. Para él, el enfoque es justo el contrario, que no se les debe impedir estudiar y aprender, ya que esto no implicaría que se volverían mandonas, como las mujeres sacerdotisas del templo de Arstanis en Éfeso (porque, según él, hay indicios de que Timoteo estaba en esta ciudad cuando recibió esta carta, dirigida a él. Él afirma que en el versículo 12, esto es lo que Pablo niega al usar la frase “ni ejercer la autoridad del hombre”). Por lo tanto, para el apóstol, las mujeres deben ser alentadas a estudiar y aprender a tomar posiciones de liderazgo, porque Adán pecó deliberadamente a sabiendas, había recibido la orden directamente de Dios. Sin embargo, Eva fue engañada. Por lo tanto, se debe alentar a las mujeres a estudiar para no confundirse.

Argumenta que la maternidad, para el apóstol, no fue vista como una maldición, como un signo del desprecio de Dios, como muchos judíos vieron en ese momento, sino como una contribución a la creación de Dios. Según él, el autor del texto bíblico pretendía contribuir a la edificación de la Iglesia de Cristo, para que, en unidad, pudieran servir a Dios.

En la interpretación de los textos analizados anteriormente, esta investigación defiende la teoría de que el apóstol Pablo, aunque partidario del ministerio femenino, será expuesto en el siguiente tema, debido al modelo de culto proporcionado similar al de las sinagogas judías y al hecho de que las iglesias locales a las que se dirigió en sus cartas poseen, en su miembro, muchos judíos y también griegos convertidos al cristianismo, todavía muy arraigados, en sus tradiciones culturales, tuvo que ser enérgico y cauteloso en sus acciones relacionadas con el papel desempeñado por las mujeres, con el objetivo de promover el orden en el culto y, especialmente, la unidad de la Iglesia, ya que el liderazgo femenino sería un tema que escandalizaría a los hermanos recién convertidos a la fe cristiana, lo que justificaría tales prohibiciones, como lo apoyó anteriormente Champlin (1982). Sin embargo, debido a que provienen de una costumbre cultural, no se aplican a la iglesia evangélica actual.

Entre los que se oponen a la ordenación pastoral femenina, algunos dicen que las mujeres ordenadas al pastorado darán cuenta a Dios por realizar sus funciones ministeriales, que creen que son “no autorizadas por Dios”. Pero, ¿no es contrario a Dios mismo quien reprende, humilla e incluso sofoca el ministerio de una mujer elegida por Él para el ejercicio del ministerio pastoral, con atributos que la califican, lo que incluye un personaje inevitablemente fuera de lugar ante Dios y los hombres? (BÍBLIA, 2011, 1 Timóteo 2.15). En otras palabras, es como si Dios eligiera y empodera a la mujer para el pastorado y esto, basado en elementos de la tradición cultural, como se mencionó anteriormente, dijera: “No puedo aceptar, porque es una situación que contradice la tradición socioeconómica y religiosa de la época en que se escribieron los textos bíblicos”.

Es como si, una vez más, la Iglesia experimentara una situación similar a la del apóstol Pedro en Hechos 10, cuando Dios le dijo “No os hagáis común a lo que Dios ha purificado” (BÍBLIA, 2011, Atos 10.15), refiriéndose a la evangelización de los gentiles, pero presentando, en la visión, animales considerados impuros a los judíos, según la Ley de Dios, en Levítico 11. Aunque en diferentes contextos, la comprensión también se aplica al tema, porque el apóstol, en varias ocasiones, insiste en su convicción basada en las tradiciones humanas, oponiéndose a la voluntad de Dios de llegar también al pueblo gentil, pero a través de La Revelación de Dios, reconoce que Jesucristo murió por todos, sin distinción alguna (BÍBLIA, 2011, Gálatas 3.28), y luego declara: “[…] Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas,“. (BÍBLIA, 2011, Atos 10.34). Del mismo modo, uno no debe tratar de limitar la acción de Dios imponiéndose elementos específicos de las tradiciones humanas.

Como en los tiempos bíblicos, Dios ha elegido mujeres vestidas por el Espíritu Santo, capaces de llevar y pastorear vidas para su Reino, que, a pesar de ir en contra del contexto sociocultural de la época en que se escribieron los textos bíblicos, no tiene aspectos similares hoy. Para Dios, lo importante es que sus hijos le sirvan en obediencia, fe y amor, prestando atención al llamado ministerial que les ha otorgado. Al igual que los fariseos mencionados anteriormente, la voluntad y la elección divina son puestas en jaque debido a la cosmovisión de aquellos que, insistentemente, deciden aplicar a la realidad cristiana elementos específicos de la cultura local. Contrariamente a la tradición de la época, Jesús valoraba a las mujeres, les permitía aprender y constituirse cooperadoras de la Misión de Dios, como lo hacían los hombres.

4.4 LA PARTICIPACIÓN DE LA MUJER EN LA IGLESIA PRIMITIVA

Las mujeres tenían una participación activa en el contexto bíblico. El establecimiento de la iglesia de Filipos involucró a mujeres (como Lidia, en Hechos 16:11-15, 40 (BÍBLIA, 2011)) y también participaron en la proclamación del Evangelio en Berea (BÍBLIA, 2011, Atos 17.12), y junto con los hombres fueron comisionadas para proclamar las buenas nuevas de la salvación de Dios (BÍBLIA, 2011, Mateus 28.18-20) para servir a Dios y enseñar a la humanidad su mensaje (BÍBLIA, 2011, Atos 18.24-26; Romanos 16.1-7). La Iglesia primitiva se reunía en hogares (BÍBLIA, 2011, Romanos 16.3-5; 1 Coríntios 16.19; Colossenses 4.15; Filemon 1.2), y las mujeres cooperaron activamente con el discipulado. ¿Era la iglesia que se reunía en los hogares “menos iglesia”? Tupan Júnior (2017, p. 18), afirma que “la Iglesia no es estructura, no es un templo, no es una institución, sino que es gente convertida al Señor Jesús”. Para Champlin (1982, p. 160) “la mayoría de las comunidades cristianas de la era apostólica se reunían en casas, probablemente por razones financieras”.

Como se mencionó anteriormente, Pablo saluda a la ninfa y a la iglesia en su casa (BÍBLIA, 2011, Colossenses 4.15). En ningún momento cita, por ejemplo, “al sacerdote” o “al apóstol” que está en la casa de la ninfa, sino que se refiere directamente a ella, de modo que es posible que ella misma fuera la líder de la iglesia que se reunió en su casa. En su saludo a los romanos, cita:

Recomendo-lhes nossa irmã Febe, serva da igreja em Cencréia. Peço que a recebam no Senhor, de maneira digna dos santos, […] pois tem sido de grande auxílio para muita gente, inclusive para mim. Saúdem Priscila e Áquila, meus colaboradores em Cristo Jesus.  […] Saúdem também a igreja que se reúne na casa deles. […] Saúdem Maria, que trabalhou arduamente por vocês (BÍBLIA, 2011, Rm 16.1-7).

Es posible notar que en varias ocasiones el apóstol dirige palabras complementarias al ejercicio del ministerio femenino. En otros, como 1 Timoteus 2, analizado anteriormente, según Champlin (1982), el apóstol tuvo que ser duro, para preservar el orden en el culto, sin escandalizar a los hermanos judíos y gentiles convertidos al cristianismo, muchos aún arraigados en sus tradiciones culturales. Entonces, ¿en qué momento las Escrituras afirman que las mujeres no deben ejercer el ministerio pastoral y recibir la ordenación, es decir, el “reconocimiento del don”? Ninguna. Aunque el apóstol Pablo, inspirado por Dios, compara el amor del marido a su esposa con el de Cristo a su Iglesia (BÍBLIA, 2011, Efésios 5.25-26) y hacer lo mismo en relación con la sujeción: “Vosotros, mujeres, sometidas a vuestro marido, como al Señor; porque el marido es la cabeza de la mujer, como Cristo es también la cabeza de la Iglesia, siendo él mismo el salvador del cuerpo” (BÍBLIA, 2011, Efésios 5.22-23), el liderazgo eclesiástico de una mujer no ofusca, ni cambia, su papel como madre y esposa y la sumisión a su marido. La dominación del marido sobre la esposa es bíblica (BÍBLIA, 2011, Génesis 3:16), pero la dominación de toda la clase masculina sobre la clase femenina, es decir, de todos los hombres en una sociedad a todas las mujeres, es un signo cultural, como se mencionó anteriormente.

La Biblia cita a una mujer que fue llamada por Dios para pastorear a toda una nación. Ella era líder, pero era la esposa de Lapidot, juzgaba la causa del pueblo, pero era la esposa de Lapidot, era ministra de la Palabra, pero era la esposa de Lapidot, era la esposa de Lapidot, pero era la esposa de Lapidot. En ningún momento la Biblia presenta a Lapidot como un líder o con alguna atribución que pueda poseer. Ella sólo menciona que esta mujer llamada, elegida por Dios mismo para ser líder, era la esposa de Lapidot. Según Cundall (1986, p. 81), “Nada se sabe de Lapidot, el esposo de Débora, excepto la mera mención de su nombre, que no fue el único en ser borrado, ya que el propio Baraque jugó un papel secundario en la pelea. Recibió coraje e inspiración para la presencia de esta gran y talentosa mujer”. Débora era la líder gubernamental, militar y espiritual de su nación (BÍBLIA, 2011, Juízes 4.4,5), pero era una referencia de buena madre y buena esposa al “desconocido” Lapidot.

Cuando Dios elige para el ministerio, Él también da poder. Cuando lo hace, también enseña. Fue Él quien le enseñó a Débora a tener todas estas asignaciones de liderazgo y gobierno y continuar siendo una buena esposa y una buena madre, hasta el punto de ser una referencia para toda una nación (BÍBLIA, 2011, Juízes 5.7). Dios mismo puso las palabras correctas en el momento correcto y en la medida correcta en los labios de Débora, y todo lo que ella necesita hacer es obedecerlo y continuar siendo la líder de Israel y la esposa del Lapidot (BÍBLIA, 2011, Juízes 4-5).

5. DÉBORA, UN PASTOR EN LA PRÁCTICA

Débora era una líder del pueblo de Israel que vivía en una época en que los hombres descuidaban a Dios. Calvino reconoció el liderazgo y el gobierno de Débora y lo atribuyó a lo que llamó “actos extraordinarios hechos por Dios” (CHAMPLIN, 1982, p. 304). Los gobernantes de esa época eran los jueces (MERRIL, 1987). Estos jueces, bajo la acción y gobierno del mismo Dios, realizaron actos heroicos en favor de la nación. Dios estableció jueces para gobernar a su pueblo, porque “bajo el liderazgo de Josué tuvo lugar la fase inicial de la conquista de la tierra. La tierra fue dividida entre las tribus, pero fue necesario que los israelitas ocuparan el territorio que les había sido asignado” (PFEIFFER; HARRISON, 1985, p. 42). Los reyes solo llegaron a existir años después, el primero fue Saúl (BÍBLIA, 2011, 1 Samuel 8).

En el tiempo de los jueces no había un Rey sobre el pueblo, sino que Dios los constituyó, para que los guiarán, juzgaran la causa de Israel y los guiaran, siguiendo el liderazgo de Moisés y Josué. Por lo tanto, Débora, siendo jueza en Israel, también fue gobernante de esa nación, tanto civil (juzgó la causa del pueblo, Juízes 4.4 (BÍBLIA, 2011)), como militar (dio estrategias de guerra, Juízes 4.6-7 (BÍBLIA, 2011)), y espiritual (recibió la dirección de Dios y delegó sus órdenes al pueblo de Israel, Juízes 4.4-7 (BÍBLIA, 2011)). Había un propósito divino en nombrar a Débora para dirigir a su pueblo, una función de extrema responsabilidad y autoridad, mientras sufría la opresión de Jabim, rey de Canaán. “Estas condiciones caóticas existían porque Israel había adoptado nuevos dioses y, por lo tanto, estaba experimentando el juicio divino. Entonces Dios resucitó a Débora, que reunió a hombres de todas las tribus, y logró una poderosa victoria en Quisom y Zaananim” (MERRIL, 1987, pág. 170).

También había otro aspecto decisivo y primordial, estaba disponible y, con fe en Dios y coraje, obedeció su llamado (BÍBLIA, 2011, Juízes 5.7). Merril (1987, p. 170) afirma que “después del triunfo de Débora, la tierra descansó durante cuarenta años”. Inspirada por Dios, presentó a Los Baraque las estrategias de guerra y los animó a combatir: “Baraque y el resto de los israelitas, asombrados por la multitud de enemigos, trataron de retirarse y alejarse […]. Pero Débora los detuvo y les ordenó que lucharan ese mismo día sin temor, porque la victoria dependía de Dios, y debían confiar en su ayuda” (JOSEFO, 2004, p. 227).

La cobardía inicial de Baraque al dirigir al ejército en la difícil situación de la nación y la audacia y valentía de Débora al dirigir a toda una nación muestran que Dios actúa en la vida de ese siervo o siervo que se pone a su entera disposición, independientemente de su género (más tarde, Débora cantaría esta canción profética: “Entonces […] el Señor me dominó sobre los valientes” (BÍBLIA, 2011, Juízes 5.13), refiriéndose a los valientes de la guerra, en notoria participación como líder, junto con Baraque). Cundall (1986, p. 23) afirma que compartían el liderazgo de la nación: “[…] Débora, con Baraque, como apoyo (Jz 4:5), […]”. Sin embargo, en Hebreos 11:35 (BÍBLIA, 2011), ella no es mencionada, sólo a Baraque, la figura masculina, a pesar del liderazgo comprobado ejercido con autoridad civil y espiritual otorgada por Dios, honor, prominencia y coraje. La posible explicación se basa en la cultura predominante de la época, que descalificaron a la mujer para el ejercicio de tales cargos, como se mencionó anteriormente.

Además, es totalmente comprensible que, aunque Débora tenía todas las atribuciones de una “pastora”, el texto no la presenta explícitamente como tal, sino más bien como jueza y profetiza, por lo tanto, la idea de “pastora” vinculada a la conducta de las personas, solo se mencionó, más tarde, en los Libros de Ezequiel y Jeremías (BÍBLIA, 2011, Ezequiel 34; Jeremias 3.15-17). Anteriormente, se asociaba únicamente con Dios (BÍBLIA, 2011, Gênesis 49.24; Salmo 23.1). Así, se descarta la posibilidad del escritor del Libro de los Jueces, refiriéndose a él como tal, aunque presenta todas las características de una pastora ordenada por Dios. Lo más cercano a esta palabra en el Antiguo Testamento, considerando sus atribuciones, era el término “sacerdote”.

Según Cundall (1986, p. 18), “el sumo sacerdote, en virtud de su posición en el santuario central, podría ser considerado un juez ya que el santuario era el lugar tradicional para el derecho a resolver disputas, y también era el lugar buscado para obtener la bendición de Dios antes de una campaña militar”. Sin embargo, esta ocupación estaba en descrédito en ese momento debido a la falta de preparación y falta de seriedad de los sacerdotes de ese momento (BÍBLIA, 2011, Juízes 17-18). Pero en medio del pecado y la idolatría, Débora permaneció fiel a Dios y a la Torá. Una mujer sabia y con cuentas de Dios, muchos se agolparon a su alrededor para aconsejar la y pedirle ayuda. Luego juzgó bajo una palmera, al aire libre, es decir, donde todos podían escucharla y observar la, y les advirtió que se arrepintieron de los pecados (BÍBLIA, 2011, Juízes 4.5).

Según Cundall (1986), el propio Baraque reconoció el prominente gobierno y liderazgo en Débora. Por lo tanto, aunque fue calificada como “jueza” y “profética”, su actitud era de una verdadera “pastora” del rebaño de Dios, y esto es evidente en la forma en que transmitió el Mensaje divino de salvación al pueblo de Israel, en el carácter profético de su ministerio, en el discernimiento espiritual, en la sensibilidad a la voz de Dios, en su postura de liderazgo e integridad que eran tan nobles e inspiradoras, hasta el punto de ser considerada “madre de todo Israel” (BÍBLIA, 2011, Juízes 4,5), con una conducta indudablemente ejemplar.

6. EL MINISTERIO PASTORAL COMO UN DON DADO POR DIOS

El apóstol Pedro, en 1 Pedro 4:10-11, inspirado por Dios, escribió a la Iglesia de Cristo la guía para que cada uno administre el don que recibió, como buenos pensadores de la Gracia multiforme de Dios. Menciona los siguientes dones espirituales: los “dones de habla (“si alguien habla”)”, que incluyen “apostolado, profecía, discernimiento de espíritus, enseñanza, evangelismo y exhortación” y “dones de servicio (“si uno administra”)”, que consisten en “liderazgo, fe, administración, ayuda y celibato” (BÍBLIA, 2011, p. 1979-1980). En el texto bíblico proporcionado anteriormente, se instruye que cada cristiano debe aplicar sus dones espirituales al servicio a los demás, a la edificación de la iglesia y a glorificar a Dios. En su declaración, no hay distinción en cuanto a género, hombre y mujer, raza y clase social, ya que reconoce que Dios no tiene sentido en la distribución de sus dones espirituales. MacArthur (2019, p. 15) afirma que “desde el primer capítulo de la Biblia, se nos ha enseñado que las mujeres, como el hombre, llevan el sello de la propia imagen de Dios (Gen 1:27; 5:1-2)”, es decir, Dios quiere relacionarse por igual con todos.

En 1 Corintios 12:7, el apóstol Pablo dice que “la manifestación del Espíritu se da por lo que es útil”. Esto significa que es Dios quien elige, designa y califica a un cristiano para el ejercicio ministerial dentro del Cuerpo de Cristo, sin distinción alguna, para la edificación de la Iglesia, el crecimiento, la madurez y la unidad de Cristo, porque una iglesia madura no es impulsada por cada “viento” de doctrina (BÍBLIA, 2011, Efésios 4.12-13). Sobre el término “pastor”, del griego “poimén“, según A Bíblia da Mulher,

Davi é apresentado como um pastor cuidando do rebanho de seu pai. No mundo antigo o termo “pastor” costumava ser usado como metáfora para governante. Tanto no Antigo Testamento quanto no Novo Testamento, o povo de Deus é descrito, por analogia, como um rebanho, enquanto os representantes de Deus são chamados de pastores (2Sm 5.2; 7.7-8; Sl 23.1; 78.71-72; Ez 34.1-31; Jo 10.1-18). […] A imagem de pastor/rebanho é associada repetidamente a Davi e a Jesus (Sl 23, 1Sm 17.15, 20, 28, 34, 40; 2Sm 5.2; 7.8; Ez 34.23) (BÍBLIA, 2011, p. 488).

Aunque el texto bíblico menciona la responsabilidad de los pastores terrenales en el cuidado de las “ovejas” (BÍBLIA, 2011, Hebreus 13.17), es importante señalar que no son, y nunca serán, de él, sino de Jesús, como Él mismo declaró a Pedro, al convocar lo a pastorear a sus “ovejas” (BÍBLIA, 2011, João 21.16-17), por lo tanto, el gobierno, la supremacía y la autoridad pertenecen solo a Dios. Él los designa como colaboradores de su Misión (BÍBLIA, 2011, 1 Coríntios 3.9, Mateus 16.18), después de todo, Cristo es la cabeza de la Iglesia (BÍBLIA, 2011, Efésios 4.15) y usa a aquellos que quieren, como hombre o mujer (BÍBLIA, 2011, 1 Coríntios 12.6-14).

Como se mencionó anteriormente, siguiendo el concepto claro del término “ordenar”, “reconocer el don”, negar este reconocimiento del don conferido a alguien por Dios mismo, significa resistir la voluntad de Dios (BÍBLIA, 2011, Atos 11.17-18). Dado que el ministerio pastoral también se entiende como un don dado por el Espíritu Santo a la Iglesia de Cristo, es posible mostrar que Dios, a través del Espíritu Santo, puede conceder lo tanto a hombres como a mujeres por lo que le es útil (BÍBLIA, 2011, 1 Coríntios 12.7). También en 1 Pedro 4:11, “la palabra ‘realiza’ proviene del verbo griego energeo, que significa trabajar, trabajar, producir, efectuar” (CHAMPLIN, 1982, p. 193), es decir, Dios es soberano y omnisciente y no significa personas, sino que atrae a todos, salva a todos los que creen en Él, por su gracia y amor (BÍBLIA, 2011, João 3.16-18), y empodera a los que quiere, para producir lo que le plazca.

El apóstol Pablo dice, al describir a los cristianos como colaboradores de Cristo: “¿Qué poseemos que no hemos recibido de Dios? “¿Porque quién te hace salir? Y que tienes que no lo recibiste, y si lo recibiste, ¿por qué te jactas, como si no lo hubieras recibido?” (BÍBLIA, 2011, 1 Corintios 4.7), porque había algunos que se jactaban como si fueran poseedores de La Gloria, que es de Dios. En este sentido, Champlin (1982, p. 157) afirma que, aún hoy, “algunos actúan como si lo que han producido ellos”. Después de vivir una intensa experiencia con Dios, Job dijo: “Sé que puedes hacer todo y que ninguno de tus planes puede ser detenido” (BÍBLIA, 2011, Jó 42.2). Por lo tanto, si todo pertenece a Dios y es para la alabanza de su Gloria, Él mismo distribuye sus dones para el beneficio de su obra salvadora. Según A Bíblia da Mulher, “los dones espirituales se […] otorgan divinamente, no para exaltar al individuo que los tiene, sino para aumentar sus esfuerzos en el ministerio. Los dones se derraman sobre mujeres y hombres, pero sin un requisito de que todos los dones sean de un sexo u otro” (BÍBLIA, 2011, p. 1802), lo que reafirma que Dios no hace distinción en la distribución de sus dones.

Lima y Mello (2016) muestran en sus investigaciones que hay casos en los que hay reconocimiento del don de Dios otorgado a las mujeres, pero negándole el título, lo cual es, como mínimo, incoherente. Hay quienes prefieren referirse a ellos como “misioneros”, o incluso “doctores”, pero no como “pastores”, aunque tienen todas las calificaciones para el ejercicio del ministerio pastoral, incluyendo, lo más importante, el llamado de Dios. Por otro lado, también hay muchos hombres que llevan el título sin haber sido dados al pastorado, muchos de ellos, desafortunadamente, sirven como una burla del Evangelio. En una entrevista con la revista Seara (que sucedió a “A Seara”), Nascimento (1998, p. 17), afirma: “[…] aunque ha habido un gran avance en la iglesia con respecto al trabajo de las mujeres, los prejuicios todavía existen, especialmente en la esfera jerárquica. La mujer, incluso una líder, no tiene la importancia que tiene un sacerdote”. En cualquier caso, es importante señalar que todo cristiano es un siervo de Cristo y un “pensador de los misterios de Dios” (BÍBLIA, 2011, 1 Coríntios 4.1), por lo que la gloria, la autoridad y el dominio son, y siempre serán, exclusivamente de Dios.

7. CONSIDERACIONES FINALES

De acuerdo con los elementos y hechos evidenciados en la investigación, es posible concluir que, principalmente debido a la influencia de la cultura y las tradiciones judías, y de otros pueblos, desde el momento en que se escribieron los textos bíblicos, la preponderancia del liderazgo en la Biblia fue masculina. Sin embargo, a las mujeres vestidas por el Espíritu Santo, consagradas y elegidas por Dios, nunca se les ha impedido desempeñar funciones ministeriales y de liderazgo, ni en el ejercicio de los dones espirituales que él otorgó. Es posible ver que la dominación del marido sobre la esposa es bíblica (BÍBLIA, 2011, Gênesis 3.16), pero la de toda la clase masculina sobre la clase femenina, es decir, de todos los hombres en una sociedad a todas las mujeres, es un signo cultural. Así, sobre la cuestión fundamental en relación con el liderazgo eclesiástico por parte de las mujeres, este artículo muestra que el análisis del papel de la mujer en el contexto bíblico, de hecho, ayuda en la aceptación de la legitimidad del pastorado femenino en la iglesia evangélica de hoy, ya que sería inapropiado deber estas numerosas evidencias bíblicas, en nombre de las tradiciones eclesiásticas, negar a las mujeres su debida y bíblica libertad de expresión en el ejercicio de sus deberes ministeriales otorgados por Dios mismo.

Sin embargo, hoy todavía son muchos los que, con sus ideas preformadas, son incapaces de concebir o asimilar lo que les parece contrario, y con ello, en lo que respecta a las mujeres, tratan de silenciar sus voces, impidiéndoles ocupar cargos eclesiásticos. puestos de autoridad. Liderazgo, aunque con celo, autoridad, audacia, fe y amor, otorgadas por Dios. Muchas mujeres temerosas de Dios, virtuosas, piadosas, obedientes, siervas del Altísimo, llenas del Espíritu Santo, comprometidas con el estudio de las Sagradas Escrituras, con la oración y el pastoreo de almas y que, también, tienen la convicción de que su llamado ministerial es de parte de Dios, han sido rechazadas, e incluso humilladas, en su ejercicio ministerial, porque muchos se oponen a la presencia femenina en el púlpito de las iglesias en el papel de predicadores del Evangelio o pastores del rebaño de Cristo, porque consideran antibíblica e inadmisible la idea de someterse a la autoridad de una líder femenina, incluso con la ausencia de una autoridad bíblica para el establecimiento de estas reglas, como se menciona en la investigación.

Sin embargo, es importante ser conscientes de que los discípulos de Cristo son sólo colaboradores de la Misión de Dios (BÍBLIA, 2011, 1 Coríntios 3.9) y que es Él quien tiene toda autoridad (BÍBLIA, 2011, Efésios 4.15), para usar a aquellos que quieren, como él quiere, de acuerdo con su voluntad (BÍBLIA, 2011, 1 Coríntios 12.11), para la edificación de su Iglesia. La investigación muestra que Dios empoderó y aprobó el liderazgo de Débora sobre su pueblo, no para dar una “lección” en los hombres que se ensuciaron y descuidaron su llamado en ese momento, sino más bien para probar, una vez más, que Él es soberano y que distribuye sus dones espirituales a aquellos que quieren, ya sea hombre o mujer (BÍBLIA, 2011, Efésios 4.12-15; 1 Coríntios 12.6-14). Por lo tanto, en lugar de aferrarse a elementos del contexto sociocultural en el que vivía la Iglesia en el momento en que se escribieron los textos bíblicos, cada cristiano puede crecer y fortalecerse en Dios como parte integral de la Iglesia del Altísimo.

Así, hoy, más hombres de fe, guerreros, valientes, piadosos, pastores de almas y obedientes a Dios, como Pablo, Pedro y tantos otros, están llamados para hoy. Para pastores de almas más valientes, valientes, fieles a Dios, piadosos, obedientes, leales, como Débora, María, Hulda y tantos otros hasta el día de hoy. Para que el propósito de Dios al criar colaboradores para su misión a la Iglesia (BÍBLIA, 2011, Efésios 4.11-12) se cumpla y su Iglesia sea edificada, vivida y fortalecida para su Gloria, después de todo, fue para este propósito que la humanidad fue creada por Él, hombre y mujer, ambos para el mismo propósito, o Alabanza de Su Gloria (BÍBLIA, 2011, Efésios 1.11-12). De modo que juntos los cristianos forman un cuerpo en Cristo y son miembros individuales unos de otros (BÍBLIA, 2011, Romanos 12.5), en otras palabras, es Cristo para todos y todos por Cristo, después de todo hay un Dios, una misión (la suya), una visión y un objetivo, Jesús. ¡A él todo honor y gloria, por siglos, Amén!

REFERENCIAS

ALLEN, Curtis. Como interpretar a Bíblia: princípios práticos para entender e aplicar a palavra de Deus. Tradução: Carlos Lopes. São Paulo: Vida Nova, 2012.

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APÉNDICE – REFERENCIA DE LA NOTA A PIE DE PÁGINA

  1. “La rabina Sandra Kochmann, es egresada del Seminario Rabínico Latinoamericano ‘Marshall T. Meyer del Movimiento Conservador en Argentina, y en Organización y Dirección de Instituciones sin Fines de Lucro, por la Universidad Hebrea-Argentina Bar-Ilán. Participó en el Programa ‘Melton’ para la formación de profesores judíos de la diáspora en la Universidad Hebrea de Jerusalén; desde septiembre de 2003, es rabina de la Asociación Religiosa Israelí de Río de Janeiro (ARI), siendo la primera mujer en realizar esta tarea en Brasil” (KOCHMANN, 2005, p. 35).

[1] Tiene una Maestría en Teología en curso en la línea de investigación Relectura de Textos y Contextos Bíblicos por FABAPAR, postgrado en Estudios Analíticos del Pentateuco de FABAPAR, postgrado en Teología e Interpretación Bíblica de FABAPAR, licenciatura en informática de UNESA y licenciatura en teología de UNICESUMAR, en fase de conclusión. ORCID: https://orcid.org/0000-0003-0150-6313.

[2] Tutor. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6862-8799

Enviado: Noviembre de 2021.

Aprobado: Diciembre de 2021.

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