Infecciones del tracto urinario en niños y sus repercusiones renales

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ARTÍCULO DE REVISIÓN

JUNIOR, Maurício Jorge Andrade [1], TORRES, Fernanda Rodrigues [2], RODRIGUES, Simone Alves Pereira [3], ARAÚJO, Diva Floriano Machado de [4]

JUNIOR, Maurício Jorge Andrade. Et al. Infecciones del tracto urinario en niños y sus repercusiones renales. Revista Científica Multidisciplinar Núcleo do Conhecimento. año 04, Ed. 08, Vol. 04, págs. 38-45. agosto de 2019. ISSN: 2448-0959. Enlace de acceso: https://www.nucleodoconhecimento.com.br/salud/tracto-urinario

RESUMEN

La infección del tracto urinario (ITU) es un problema clínico común e importante en la infancia. La UTI alta, es decir, la pielonefritis aguda puede conducir a la curación renal, hipertensión y enfermedad renal terminal. Aunque los niños con pielonefritis tienden a tener fiebre, a menudo es difícil, por razones clínicas, distinguir la cistitis de la pielonefritis, particularmente en niños menores de dos años. Las infecciones agudas del tracto urinario son relativamente comunes en los niños, con un 8% de las niñas y un 2% de los niños que tienen al menos un episodio a los siete años de edad. El patógeno más común es Escherichia coli, responsable de aproximadamente el 85% de las infecciones del tracto urinario en niños. Los defectos pareatomatosos renales están presentes en 3 a 15% de los niños dentro de uno a dos años después del primer diagnóstico de infección del tracto urinario. La relevancia del tema es abordar cómo se asienta la enfermedad, y la forma en que los riñones pueden verse comprometidos por la infección urinaria, sirviendo como una advertencia con respecto a la prevención, atención, tratamientos y medicamentos. Este artículo tenía como objetivo analizar la infección urinaria y sus resultados renales en niños. El método de revisión bibliográfica se utiliza a través de la investigación en artículos científicos de plataformas en línea, como SciElo, Bireme, MedLilacs relacionados con el tema en cuestión. Los resultados se mostraron después de que el análisis de artículos científicos y estudios académicos sobre el tema fueron revelados y publicados en el debate y los resultados.

Palabras clave: Enfermedad renal, infección, tracto urinario, infancia, pielonefritis.

INTRODUCCIÓN

La infección del tracto urinario (UTI) puede ser conceptualizada por presencia bacteriana en la orina, teniendo como límite mínimo definido la existencia de 100.000 unidades formando colonias bacterianas por mililitro de orina (cfu/ml) (RORIZ-FILHO et al, 2010).

Muchos casos nuevos que se centran en la etiología y la fisiopatología de las infecciones del tracto urinario (ITU) en niños han surgido desde la última década, según los autores estudiados. El papel de la virulencia bacteriana en la etiología de las infecciones del tracto urinario ha sido enfatizado por nuestros estudiosos en enfermedades infecciosas. Se han identificado varios factores de virulencia bacteriana genéticamente codificados que aumentan el potencial de los organismos uropatogénicos para causar enfermedades sintomáticas, como la capacidad de ciertas cepas de bacterias para adherirse o unirse al uroepitelio humano. La interacción con estos factores de virulencia es una multiplicidad de factores de defensa del huésped que operan en todos los niveles del tracto urinario, que van desde el perineo hasta el parénquima renal. Estas complejas interacciones parásito-huésped determinan la susceptibilidad de un individuo a la infección urinaria (LOPES E TAVARES, 2004).

Los signos y síntomas clínicos de una infección del tracto urinario dependen de la edad del niño, pero todos los niños febriles de entre dos meses y dos años sin causa obvia de infección deben evaluarse para el diagnóstico de infección urinaria (con la excepción de los niños circuncidados mayores de 12 años) (KOCH, ZUCCOLOTTO, 2002; BLANCO, 2011).

Según Roriz-filho et al, apud Lopes y Tavares (2004): Los signos y síntomas asociados con la infección urinaria incluyen polluria, urgencia de anulación, disuria, alteración del color y aspecto de la orina, con la aparición de orina borrosa acompañada de cambios en los sedimentos urinarios, hematuria y piuria (>10.000 leucocitos/ml). Es común la aparición de dolor abdominal más notablemente en la topografía del hipogastrio (proyección de la vejiga) y el dorso (proyección de los riñones) y puede surgir fiebre (RORIZ-FILHO ET AL, apud LOPES E TAVARES, p.124, 2004).

Los recién nacidos con infección urinaria pueden presentar ictericia, sepsis, insuficiencia de crecimiento, vómitos o fiebre. En bebés y niños pequeños, los signos y síntomas típicos incluyen fiebre, orina de olor fuerte, hematuria, dolor abdominal o lateral e incontinencia urinaria de aparición reciente. Los niños en edad escolar pueden tener síntomas similares a los de los adultos, como disuria, frecuencia o urgencia. Los niños tienen un mayor riesgo de padecer infección urinaria si tienen menos de seis meses de edad, o si tienen menos de 12 meses de edad y no están circuncidados. Las niñas suelen tener un mayor riesgo de infección urinaria, especialmente si tienen menos de un año de edad. Los hallazgos del examen físico pueden ser inespecíficos, pero pueden incluir sensibilidad suprapúbica o sensibilidad al ángulo costovertebral (HANSSON et al, 1999).

Puede ser sintomática o asintomática, la infección urinaria en ausencia de síntomas se denomina bacteriuria asintomática. En cuanto a la ubicación que se debe hacer, se puede clasificar como baja o alta. La infección urinaria sólo puede comprometer el tracto urinario bajo, caracterizando el diagnóstico de cistitis, o al mismo tiempo afectar el tracto urinario inferior y superior, configurando una infección urinaria alta, también llamada pielonefritis (RORIZ-FILHO et al, 2010).

La mayoría de los casos de infección urinaria sin complicaciones responden rápidamente al tratamiento antibiótica ambulatorio sin dejar secuelas. La hospitalización se sugiere para los síntomas en niños (menos de dos meses de edad) y todos los niños con evidencia clínica grave de pielonefritis aguda (fiebre alta, apariencia tóxica, dolor intenso en el flanco). La terapia antibiótica inicial debe basarse en la edad, la gravedad clínica, la posición de la infección, la presencia de anomalías estructurales y la alergia a ciertos antibióticos (LO, RAGAZZI, GILIO, MARTINEZ, 2010).

Machado y Fonseca (2016) explican que el tratamiento generalmente comienza con un amplio espectro de antibióticos, pero puede necesitar ser cambiado en función de los resultados de la prueba de cultivo y la sensibilidad a la orina. Los antibióticos parenterales se pueden utilizar diariamente con el seguimiento hasta que el paciente esté afebril durante 24 horas, completando entre 10-14 días de terapia con un antibiótico oral (que es activo contra las bacterias infectantes).

Métodos

Este examen se basa en publicaciones que abordan el presente tema, elegidas por una encuesta selectiva en las bases de datos pubmed, scopus, scielo, así como datos de los medios de comunicación, análisis de datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) en relación con el número de cesáreas en Brasil.

Resultados

La infección del tracto urinario (ITU) es la infección bacteriana grave más frecuente en niños pequeños. Hasta el 8,4% de las niñas y el 1,7% de los niños tendrán infección urinaria en los primeros 6 años de vida. Las infecciones urinarias causan morbilidad a corto plazo, como fiebre, disuria y dolor, y también pueden provocar cicatrices permanentes en los riñones.

Se cree que muchos factores, como la edad, el sexo, la raza y la circuncisión, aumentan el riesgo de recurrencia de la infección urinaria, pero en las últimas décadas, ningún factor ha recibido más atención que el reflujo vesicoureteral (VUR). En esta afección, que ocurre en el 30% al 40% de los niños que han tenido infección urinaria, 9 orina fluye hacia los riñones durante la contracción de la vejiga.

La VUR se asocia con un mayor riesgo de infección urinaria recurrente y cicatrices renales, pero no es necesario ni suficiente para ninguno de estos resultados.

En los últimos años, ha habido una creciente apreciación de que otros factores, disfunción vesical e intestinal (VID) y defectos en la inmunidad innata, también pueden ser contribuyentes importantes a la recurrencia de la infección urinaria.

DBC, también conocido como micción disfuncional y síndrome de eliminación disfuncional, se refiere a las anomalías en el llenado y/o vaciado de la vejiga, que se manifiestan como frecuencia, urgencia e incontinencia urinaria; maniobras de contención; disuria; intervalos de anulación prolongados; y patrones intestinales anormales, incluyendo estreñimiento y encopresis.

La DVI es relativamente común en la población pediátrica, a menudo está subdiagnosticada y subtratada por médicos de atención primaria, y es un factor de riesgo para la persistencia de VUR y cicatrices renales.

Discusión

La mayoría de los autores recomiendan un enfoque de sentido común para la prevención. Buena higiene (incluyendo limpieza “de adelante hacia atrás” después de orinar en las niñas), evitar el estreñimiento, la circuncisión y evitar los baños de espuma, productos de higiene con ingredientes químicos que pueden causar irritación y ropa ajustada.

La infección urinaria es un problema pediátrico común con el potencial de producir morbilidad a largo plazo. Los niños pequeños con fiebre sin signos de localización siempre deben ser evaluados para la infección urinaria (PAIVA, 2009; RORIZ FILHO, 2010).

La infección del tracto urinario (ITU) es una enfermedad bacteriana común en los niños. La pielonefritis aguda (APN) en niños puede conducir a la curación renal, que resulta de interacciones complejas entre el huésped y los factores bacterianos, lo que conduce a daño pareymyotic agudo y daño permanente posterior1). La curación extensiva puede progresar a lesión renal posterior con hipertensión posterior, disminución de la función renal, proteinuria y, a veces, enfermedad renal terminal (CRAIG, SIMPSON, WILLIAMS, 2009; LO, RAGAZZI, GILIO, MARTINEZ, 2010).

Se observó curación renal permanente después de la infección urinaria en 15 a 60% de los niños afectados. Estas grandes variaciones pueden deberse a diferentes tamaños de muestra y a la inclusión de poblaciones heterogéneas de pacientes con variaciones de edad, distribución de género, criterios diagnósticos para la infección urinaria, grado de reflujo, anomalías urológicas comorbilidades e historia genética. Recientemente, se ha notificado que el 17% de los lactantes con APN confirmados con centellografía renal con Acido Dimercaptossuccínico (DMSA) con tecnecio Tc 99m tenían cicatrices renales permanentes en la centellografía renal con DMSA que lo acompañaba, incidencia relativamente menor que la reportada anteriormente (JAKOBSSON, ESBJORNER , HANSSON, 1999, ARAP, TROSTER, 2003, MACHADO, FONSECA, 2016).

Factores de riesgo para la formación de cicatrices renales en niños después de la infección urinaria se han notificado para incluir: edad en la presentación; género; infección recurrente; pico de fiebre; retraso en el tratamiento; presencia de reflujo vesicoureteral (VUR); índices de inflamación de laboratorio, como el recuento total de leucocitos (CMB), la tasa de sedimentación de eritrocitos y el nivel de proteína C reactiva (PCR); virulencia bacteriana; factores de defensa del huésped; y la subesceptibilidad genética (SIMOES E SILVA, OLIVEIRA, 2015; MACHADO, FONSECA, 2016)

Estos factores han variado entre los estudios debido a las dificultades en el diagnóstico preciso de la infección urinaria en niños pequeños, especialmente en bebés, porque la recolección estéril de orina es difícil y los síntomas de la infección urinaria son inespecíficos. Por lo tanto, muchos estudios pueden tener pacientes inscritos sin INFECCIÓN urinaria. Además, aunque la centellografía renal con DMSA se considera precisa para el diagnóstico de la ANP debido a su alta sensibilidad y especificidad en la detección de inflamación renal, este método tiene una capacidad limitada para diferenciar entre inflamación aguda y cicatrices renales (CARVALHAL, ROCHA, MONTI, 2006; VASCONCELOS, LIMA, CAIAFA, 2006).

Muchos informes han investigado a niños en un amplio grupo de edad. Las cicatrices renales, que pueden haberse desarrollado en niños mayores después de infecciones urinarias no reconocidas, no pueden diferenciarse de los defectos agudos de los fotones en la centellografía renal con DMSA. Por último, la relación entre VUR y la formación de cicatrices renales no se puede determinar con precisión en niños mayores porque la VUR puede mejorar o resolverse con el tiempo. Por lo tanto, los niños mayores sin VUR en el momento de la investigación pueden haber tenido VUR anteriormente (CARVALHAL, ROCHA, MONTI, 2006, LIMA, 2007, ).

Conclusiones

La sugerencia de infección urinaria puede provenir de la historia clínica y el examen físico, sin embargo, la urcultura y que permite confirmar si hay o no infección. La recolección de orina debe realizarse antes de la administración del agente antimicrobiano de cualquier tipo. Para evitar resultados falsos positivos, se debe hacer una recolección adecuada de orina en la infancia. El diagnóstico y el tratamiento inmediato son fundamentales en el marco preventivo a largo plazo de la curación renal y vesical. Para neonatos y jóvenes neonatos se recomiendan agentes antibacterianos intravenosos. Se recomienda la exclusión de las uropatías obstructivas y el posterior reflujo vesico-ureteral. Profilaxis sólo en casos de alta susceptibilidad a la infección urinaria y alto riesgo de daño renal.

REFERENCIAS

ARAP, M.A., TROSTER, E.J. Infecção urinária em crianças: uma revisão sistemática dos aspectos diagnósticos e terapêuticos. Einstein. 2003;

CARVALHAL, G.F. ROCHA, L.C.A., MONTI, P.R. Urocultura e exame comum de urina: considerações sobre sua coleta e interpretação. Rev Ass Med RS. 2006.

CRAIG, J.C., SIMPSON, J.M., WILLIAMS, G.J., Antibiotic prophylaxis and recurrent urinary tract infection in children. N Engl J Med, 361, 2009

HANSSON, S. et al. Urinary tract infections in children below two years of age: a quality assurance project in Sweden. Swedish Pediatric Nephrology Association Acta Paediatr 1999.

JAKOBSSON B, ESBJORNER E, HANSSON S. Minimum incidence and diagnostic rate of first urinary tract infection. Pediatrics 1999.

KOCH, V. H.; ZUCCOLOTTO, S. M.C. Infecção do trato urinário: em busca das evidências. J. Pediatr. (Rio J.), Porto Alegre , v. 79, supl. 1, p. S97-S106, June 2003 . Available from <http://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0021-75572003000700011&lng=en&nrm=iso>. Acesso em 12 de setembro de 2018. http://dx.doi.org/10.1590/S0021-75572003000700011.

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PAIVA, A.S. Quais as dificuldades no diagnóstico e tratamento da infecção do trato urinário? Rev Sau Crian Adolesc. 2009.

RORIZ FILHO, J. S. et al. Infecção do trato urinário. In: SIMPÓSIO, Condutas em enfermaria de clínica médica de hospital de média complexidade, Ribeirão Preto. Ribeirão Preto, v. 4, n. 2, p. 118-25, 2010.

SIMOES E SILVA, A.C.; OLIVEIRA, E.A. Atualização da abordagem de infecção do trato urinário na infância. J. Pediatr. (Rio J.) [online]. 2015, vol.91, n.6, suppl.1, pp.S2-S10. ISSN 0021-7557. http://dx.doi.org/10.1016/j.jped.2015.05.003.

VASCONCELOS M, LIMA E, CAIAFA L, et al. Voiding Dysfunction in children: pelvicfloor exercises or biofeedback – a randomized study. Pediatr Nephrol. 2006

WHITE, B, Diagnosis and treatment of urinary tract infection in children, Am Fam Physician, 2011

[1] Graduado en Medicina.

[2] Máster en Biotecnología por la Universidad de Ribeiráo Preto – UNAERP; Especialista en Educación Profesional en el área de Salud – Enfermería por la Fundación Osvaldo Cruz – FIOCRUZ; Especialista en Centro Quirúrgico de la Universidad de Ribeiráo Preto – UNAERP; Graduación en Enfermería y Obstetricia por la Universidad Estatal de Minas Gerais – UEMG; Estudiante de Medicina en la Universidade Brasil.

[3] Especialista en Prótesis Dental en faculdade San Leopoldo Mandic; Graduación en Odontología por FOA- Escuela de Odontología de Araatuba – UNESP; Estudiante de Medicina en la Universidade Brasil.

[4] Residencia Médica en Pediatría en Santa Casa de Sao Paulo/SP. Título de Especialista en Pediatría por PAS.

Enviado: Julio, 2019.

Aprobado: Agosto, 2019.

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